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Narco estética Made in Colombia

Revista FUCSIA

Narco estética Made in Colombia Narco estética Made in Colombia

“Virginia Vallejo fue la última diva exponente de la belleza clásica colombiana. Después de ella se impuso la diva producida de la estética narco."

Algunos dicen que Virginia Vallejo se enamoró de Pablo Escobar cuando su carrera de periodista estaba en declive. Ella, una jovencita acomodada, egresada del colegio Anglo Colombiano de Bogotá, e imagen de las medias veladas Ritchie. Él, un hombre de origen humilde convertido en el líder del Cartel de Medellín. Un romance de cinco años de una trama que partió en dos la historia del país y dejó unas secuelas que hoy en día hacen parte de nuestra cotidianidad y nuestro paisaje.

En la primera temporada de la serie que acaba de estrenar Netflix, Narcos, Virginia Vallejo es interpretada por la mexicana Stephanie Sigman pero la llaman Valeria Vélez. Allí, dista de ser “la señorita” de la televisión colombiana, complicada, impecable, con la firme idea de envejecer lejos de la cámara para que el público la recordara bella, y es más bien una mujer ingenua.

La historia está basada en el libro Killing Pablo, del periodista estadounidense Mark Bowden, centrada en el agente de la DEA, Steve Murphy, quien fue líder de la operación en la que finalmente cayó Pablo Escobar en 1993. Como tal, no deja de ser otra versión que “los gringos” tienen sobre el flagelo que siempre ha afectado a los países del sur del continente. Y es que de esa imagen dada por el narcotráfico ha sido difícil desprenderse desde los años setenta, especialmente para Colombia, donde lo narco tuvo su origen.

“Yo creo que Virginia Vallejo fue la transición entre una belleza y otra, de un gusto a otro. Le damos tanto valor a Pablo Escobar que hasta en eso tuvo poder. Virginia Vallejo era el ícono de la belleza clásica colombiana, típica, recatada, bonita. No era flaca sino redonda. Una chica bella pero que no se veía como una ‘mujersota’. Una chica a la que le iba muy bien en la farándula, a quien todo el mundo admiraba y que Pablo Escobar quería conquistar. El narco de hoy, si Pablo Escobar estuviera vivo, no la escogería a ella sino a Sofía Vergara. Virginia Vallejo fue la última diva y después de ella entramos en el concepto de la diva producida”, comenta el crítico de cine y televisión, Omar Rincón.

Con el narcotráfico, Colombia entró en una narco estética que, como dice Héctor Ábad Faciolince, caló hasta en la arquitectura. Se pasó de una era minimalista a la etapa de la exageración en la que se tenían que hacer evidentes las posesiones: carros, casas, joyas, ropa, incluso cómo lucía el cuerpo. Acostumbrados a la represión y a guiarnos por los códigos extranjeros, la abundancia del dinero producto de las drogas, era suficiente para colmar el deseo de ostentar y exhibir todos los lujos. En esa ecuación, la mujer también sufrió los cambios, pues su cuerpo fue cosificado, construído y producido para cumplir los caprichos de los narcos.

“La historia de Vallejo encarna el melodrama clásico que se puede ver en muchos lugares de la literatura y el poder. Así como Jackie Kennedy, reafirma el dogma narrativo de que poder y belleza van de la mano. Por desafortunado que sea el destino de Vallejo, encarnó lo que sucedió en el país: la nueva clase social y de poder entrando en las esferas endémicas de las clases tradicionalmente dominantes. Quizá lo que más resiente la gente sobre la historia de los narcos, más allá de lo obvio, es cómo estos ‘mágicos’ lograron corromper formas de gusto legítimo que operaban aristocráticamente en nuestras sociedades.

"Mucho del universo narco traía consigo la eterna lucha de clases”, explica Juan Sebastián Corcione, docente universitario especializado en estudios sobre la imagen, y autor del blog de cultura popular Es una trampa. Aunque los capos hayan disminuido su fuerza dentro del país, la narco estética está igual de presente y se vincula, más que todo, al concepto de nuevo rico. Sobre Virginia Vallejo han dicho que Pablo Escobar le regaló las primeras cirugías de los años ochenta, impensables para las mujeres de ese entonces pero comunes para las mujeres, adolescentes y niñas colombianas de ahora que quieren moldear su cuerpo de acuerdo a esos cánones ahora naturalizados. Si bien la silicona se volvió el aliado de las mujeres para aumentar sus senos y sus glúteos, la narco estética no se reduce exclusivamente a las cirugías, es la expresión de un gusto.

Según Rincón, en este momento la narco estética es un concepto globalizado, el capitalismo nos ha llevado a todos a querer tener plata fácil, a mostrar con exuberancia nuestros viajes y adquisiciones de moda, a andar con los logos expuestos, a alardear de lo que podemos hacer porque tenemos plata.

“Es el nuevo rico no oculto, que trata de educarse, viajar e ir a museos. Asume más la estética de hombre play, de mujer con silicona pero delgadita y no exuberante en su vestuario. El nuevo rico sin educación es el que está abundando en todo el mundo. Es Berlusconi, o El Tino Asprilla, que nos parece un tipo folclórico pero refleja una estética narco. Colombia fue el país fundador en eso, construimos un estilo propio en ese sentido.Ahora la mujer tipo silicona abunda en Brasil, Argentina, México”, explica el crítico quien añade: “Otra conexión que hace de esto algo muy nuestro es que está conectado con el Reinado Nacional de Belleza, aunque no venga propiamente del narco.

Eso ya existía pero el narco lo llevó a lugares alucinantes, a las grandes ligas. Lo volvieron el evento mediático más importante de Colombia cuando era un evento de cachaco play”. Lo cierto es que lo narco se traduce hoy a frases que escuchamos diariamente como: “Usted no sabe quién soy yo”, o filosofías tan propias como la del “Todo vale”. Los esfuerzos sobre el cuerpo permanecen, pero también se han trasladado a otras dimensiones.

La televisión, que hizo 17 producciones sobre el narcotráfico en Colombia entre 2003 y 2013, ha sido el vehículo de transmisión y ha creado un vínculo entre ese gusto instaurado en los años ochenta y los televidentes actuales.

“Alguna vez discutiendo ‘Sin tetas no hay paraíso’, y hablando sobre el narcotráfico en la televisión con Paulo Laserna, él me decía que era un programa educativo para que las chicas no se operaran. Yo le dije que si era educativo, debía sacar del canal todas las presentadoras, a los periodistas, quitarle la silicona a la televisión… El narco en Colombia no se acabó, existe y cada vez es más colectivo y socializado. Aunque la gente se ofende mucho, todos los colombianos llevamos un narco en el corazón”.

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