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Grace Kelly, una princesa en depresión

Fucsia.co

Grace Kelly, una princesa en depresión Grace Kelly

De ella se ha dicho que fue la diva más hermosa de Hollywood y que tuvo una colección de amantes. Una nueva cinta protagonizada por Nicole Kidman la muestra como una depresiva que se sentía prisionera en Mónaco.

Cuento de hadas que se respete termina en un “vivieron felices por siempre”, con letras mayúsculas. Pero aunque el matrimonio del príncipe Rainiero con la actriz Grace Kelly, en 1956, generó tal ilusión, una nueva película insinúa que dicha versión no es más que eso..., puro cuento. Grace of Monaco, del director Oliver Dahan, ha generado polémica:  la diva de los años cincuenta aparece como una mujer frustrada debido a la prohibición que le hizo su esposo de volver al cine.

Al parecer, sus cambios de humor, el insomnio y la depresión eran producto de la insatisfacción que le causaba sentirse atrapada en una jaula de oro, en un Estado que no supera el tamaño del Central Park de Nueva York, ciudad donde inició su carrera. Alberto II, soberano del principado, ha salido a defender la memoria de sus padres expresando mediante un comunicado que la casa real Grimaldi considera una serie de escenas “mera ficción”. Agrega que su petición para corregir algunos detalles no fue atendida y que su intención es que de ninguna manera el filme sea presentado como “una biografía”.

Al respecto, Nicole Kidman, quien encarna a la princesa caída en desgracia, asegura que no se trata de un documental, “solo es la recreación de una parte de su vida que revela su gran humanidad, sus miedos y debilidades”, en el salto de la gran pantalla a la realeza. La intérprete confiesa que se metió en la piel de su personaje revisando cientos de entrevistas que han realizado los historiadores a fuentes cercanas del palacio. “Ella renunció a muchas cosas. Decidió seguir el rumbo del que consideraba era su destino y dejó una gran huella. Trató de hacer un buen trabajo, pero amaba la actuación y se retiró de Hollywood a los 25 años, cuando estaba en la cima”, comentó la protagonista en Vanity Fair.

El fragmento al que Kidman se refiere trascurre en 1962. Para entonces, Grace estaba dedicada a criar a sus dos hijos, Carolina y Alberto, de 5 y 4 años, y no se sentía realmente plena pues, entre otras cosas, había sufrido dos abortos. Lo que la animaba eran sus planes de regreso triunfal al cine de la mano de Alfred Hitchcock, quien la había lanzado a la fama mundial con Dial M for Murder, Rear Window y To Catch a Thief. El director esperaba que su musa aceptara el papel principal en Marnie, “el mejor de su vida”, como le prometió. Pese a que aparentemente Rainiero le habría dado permiso para grabar, luego la obligó a rechazar la oferta de casi un millón de dólares, pues no le parecía apropiado que “su alteza serenísima” la princesa Grace, personificara a una cleptómana frígida, perturbada mentalmente, junto a Sean Connery.

Además, le exigió hacer el anuncio de que abandonaría definitivamente su profesión, que le había dado cinco años de gloria con once películas y un Óscar por su actuación en The Country Girl. A esto se suma que la monarquía pasaba por un momento complicado: los oficiales de aduana franceses habían establecido un bloqueo a las principales vías de entrada y salida de Mónaco debido a que el presidente Charles de Gaulle no veía con buenos ojos que esa región se hubiera convertido en un paraíso fiscal para los galos. En la película, Rainiero acusa a su esposa de frívola y se mofa de su corte de pelo. Ella, por su parte, lo tilda de “políticamente inepto”. Según la trama, la princesa finalmente apoyó a su marido durante la tensión diplomática que condujo a una nueva constitución para el país.


Grace Kelly en 'The country girl'

No era la primera vez que el devenir de la estrella se enlazaba al de aquella diminuta región. De hecho, llegó para salvarla. En la década del cincuenta, la sociedad que manejaba las reservas del Estado cayó en bancarrota. La leyenda cuenta que, para mejorar su imagen, el magnate griego Aristóteles Onassis, quien administraba allí varios negocios, motivó a Rainiero a casarse con una celebridad extranjera. La número uno en la lista habría sido Marilyn Monroe, quien declinó la propuesta porque le parecía que le estaban hablando de África.

Sin embargo, no quiso que quedaran dudas sobre sus capacidades: “Denme dos días a solas con él y verán que querrá casarse conmigo”. En esa época Grace Kelly, considerada la mujer más hermosa del planeta, visitó el principado para una sesión de fotos, aprovechando su participación en el Festival de Cannes. A los pocos días el regente le envió un mensaje a la actriz agradeciéndole por la buena impresión “que una chica católica americana” le había dejado. Lejos estaba de ser una santa y, como afirmó el diseñador Oleg Cassini, uno de sus amantes, ella aceptó el matrimonio porque “era el mejor libreto que había recibido”.

Por su parte, Rainiero necesitaba una mujer que le diera un heredero, pues de lo contrario Mónaco corría el riesgo de convertirse en un protectorado francés. Por eso, Grace se habría sometido a un examen de fertilidad. Por si fuera poco, su padre, el empresario Jack Kelly, tuvo que pagar, aunque de mala gana, una dote de dos millones de dólares, entre otros usos, para sufragar los gastos de la boda que fue todo un show mediático patrocinado por MGM, estudio con el que la joven había firmado un contrato de siete años.

Las malas lenguas han rumorado que el príncipe no resultó tan encantador sino que era un hombre controlador, que llegando de la luna de miel con su esposa embarazada repartió su tiempo entre tres amantes. Que no la dejaba opinar, no permitía que sus cintas fueran emitidas e incluso en un ataque de ira le tiró una bola de tenis a la cara. Que los cónyuges dormían en camas separadas y que él le contrató una dama de compañía para que le informara sobre cada uno de sus pasos. Ella habría contemplado el divorcio, pero dicen que desistió por miedo a perder a sus hijos. “Para ver un actor sin dirección basta ir a Mónaco”, son las palabras que el filme pone en boca de Hitchcock.


El día del matrimonio con Rainiero

Grace tampoco sale bien librada. Algunas biografías la han calificado de ninfómana, una especie de coleccionista de hombres que habría seducido en la realidad a sus parejas en la ficción. “Ha tenido más conquistas en un mes que yo en toda mi vida”, manifestó Zsa Zsa Gabor. Hasta con el Sha de Irán, Frank Sinatra y Marlon Brando la han vinculado, y un libro revela que le robó el marido a una de las damas de honor de su matrimonio. Una anécdota relata que Rainiero le preguntó al actor David Niven quién había sido su mejor amante: “Grace”, respondió sin pensarlo y dándose cuenta de la metida de pata se apresuró a corregir “Gracie Fields”, otra colega. Sus defensores solo apuestan a romances confirmados con William Holden y Ray Milland. Algunos se aventuran a extender la lista a Clark Gable, su compañero en Mogambo, y Bing Crosby, con quien protagonizó su última cinta High Society.

Tal voracidad sería una especie de rebelión contra su padre, un mujeriego que pensaba que la tercera de sus cuatro hijos no tenía ningún talento. Contra sus pronósticos, la insegura Grace se convirtió en modelo, probó suerte en el teatro hasta que descubrió que la cámara la adoraba. “No daba la impresión de ser una poderosa seductora como Ava Gardner, no tenía la potencia emocional de Joan Crawford, ni era una bomba sexual tipo Marilyn Monroe. Con su encanto y accesibilidad hubiera sido el epítome de la chica normal, si no fuera tan perfecta”, expresó a FUCSIA el crítico de cine Bill Nichols. Como “un volcán cubierto de nieve”, la describió Hitchcock para referirse a la pasión que la actriz exudaba tras su halo de ingenuidad.

Si con esa fórmula esperaba que todos la adoraran lo logró. Hace más de treinta años perdió la vida cuando estrelló su auto al sufrir un infarto. Otra versión dice que era su hija menor, Estefanía, quien conducía. Lo cierto es que desde entonces la leyenda de la actriz que se volvió princesa se hizo más fuerte y la nueva película es prueba de ello: Grace sigue siendo sinónimo de estilo y la cartera Kelly que Hermès bautizó en su honor es todavía la más codiciada. Su nombre es mencionado en docenas de canciones y es casi imposible llevar la cuenta de cuántos libros se han escrito sobre ella. Porque las buenas leyendas no se agotan con el tiempo.

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