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Óscar de la Renta, el devoto de las mujeres

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Devoción, solo así se puede llamar esa magia particular que alentó al diseñador dominicano a crear un emporio que parecía traducir en vestidos el alma de las mujeres.

La conmovedora imagen que han reproducido los tabloides internacionales de Óscar de la Renta, vestido impecablemente de corbata, parado tras bambalinas a pesar de su mal estado de salud, cuidando de los últimos detalles de la colección que alcanzó a presentar en la reciente semana de la moda de Nueva York, contiene todo el misterio de su vida y resume quizás todo lo que fue como hombre y diseñador.

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Está allí, parado con su saco de botones impecables, camisa blanca de cuello firme y corbata. Es de resaltar que no dejó descansar la elegancia de su traje, ni siquiera cuando la muerte se le asomaba por los hombros. Es como si con su estilo lograra derrotar eso inevitable que es la muerte, o al menos ganarle una última partida. No importaba que fueran sus últimos días, Oscar de la Renta caminaría hacia la pasarela con ese atuendo que siempre lo hizo parecer como el último de los caballeros sobrevivientes.

Óscar Aristides de la Renta nació en Santo Domingo el 22 de julio de 1932. Fue el último entre siete hermanos, y su llegada trajo una felicidad particular a su familia: por fin nacía un hijo varón después de haber dado a la vida seis mujeres seguidas. Es quizás desde su nacimiento, desde esa imperancia radical de mujeres en su vida donde se puede explicar su devoción por ellas. Era tal su compromiso por engalanar y exaltar su belleza que incluso en sus últimos días, sin importar cuán menguado lo tenía el cáncer, contra el que batallaba desde 2006, tuvo la inventiva para hacer vestidos que las hicieran ver bellas. Ese era su compromiso más real.

Él sabía que como hombre se acercaba al cuerpo de las mujeres con menos complejos y rechazos y con una convicción idealizada de que era maravilloso. Esa mirada particular y comprensión profunda que había tenido del misterio de lo femenino desde su infancia, fue lo que lo terminó direccionando primero a estudiar artes en Madrid –a pesar de que su padre quería que fuera un hombre de negocios–, y luego al corazón mismo de las grandes casas de moda de su época.

Óscar de la Renta entró a los talleres de Balenciaga, en los que se ocupó de pintar los sketches que se les enviaban a los clientes, y en donde además conoció a uno de sus más importantes mentores. Luego de que el modisto le dijera que aún no estaba listo para ser trasladado al estudio central de la marca en París, el joven dominicano logró trabajar con Antonio del Castillo, el diseñador para entonces de Lanvin y con quien aprendió los secretos del negocio entre 1961 y 1963. Partió hacia Estados Unidos, donde probó suerte y encontró a Elizabeth Arden con quien convino que le pagaran 700 dólares a la semana. Después, en 1965 decidió aventurarse a crear su propia marca.

Su cercanía con las mujeres del poder norteamericano fue rápidamente labrando las sendas que consolidarían su impronta: las primeras damas y la alfombra roja. En noviembre de 1992, Oscar de la Renta asumió el cargo de director artístico de la Casa Balmain, convirtiéndose en el primer creador de origen latinoamericano en llegar a una prestigiosa firma de alta costura francesa.

Durante diez años, el dominicano estuvo al frente de la misma, y muchos opinan que fue el encargado de rescatarla. “Cuando entré a la Casa de Balmain, pocos compraban alta costura y cuando me fui, Balmain vendía más ropa que cualquier otra de su clase en París. Nunca lo pensé en términos de que yo era el primer americano que diseñaba para una casa de esta categoría. No me di cuenta. Para mí se trataba más que nada de mi amor por este trabajo. Es un gran privilegio trabajar en una firma como esta, pero interfería mucho en mi vida profesional y de familia. Además, la demanda que me representaba mi propio negocio en Nueva York era mucha, así que me retiré. Todas las cosas buenas se acaban. Fue una gran experiencia”, le confesó Oscar de la Renta a esta publicación.


Su cercanía con Colombia

Desde el inicio de su trabajo como diseñador de su propia marca, Oscar de la Renta tuvo claro que quería sacudirse de cualquier idea de hacer moda latinoamericana, no porque no reconociera la forma como sus orígenes habían esculpido sus ideas del gusto, sino porque estaba convencido de que la moda era global y que más que atender a nacionalidades, las mujeres tomaban las decisiones de vestirse más apegadas a elementos como su ánimo o el clima. Él no quería ser exitoso en un mercado pequeño, tampoco un diseñador menor; por el contrario, quería demostrar que su concepción de la mujer era universal.

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Esa convicción particular de elaborar excelsos vestidos que hicieran bellas a las mujeres de todo el mundo, la pudieron ver de cerca los colombianos que tuvieron el privilegio de presenciar de primera mano tres de las colecciones de este modisto: dos veces en Colombiamoda y una vez en el Cali Exposhow.

“Todo fue idea de Alicia Mejía. Ella estaba empeñada en tener un diseñador internacional en Colombiamoda y creía que el gentil Oscar de la Renta podía ser receptivo con su idea. Así, armó un viaje que demandaba mucho valor, pues Colombia para entonces estaba muy fuera del mapa de la moda mundial y De la Renta, en cambio, se encontraba en la cúspide. Pensando que quizás la vehemencia y pasión de tres mujeres pudieran tener más efecto ante el modisto que el de solo una, las fundadoras de la agencia Informa Models, Margarita Gómez y Chacha Posada, hicieron maletas y se fueron junto a la entonces directora de Colombiamoda para cambiar la ruta de la moda nacional”, recuerda Lila Ochoa directora de esta publicación.

“La venida a Colombia de Óscar de la Renta en el año 1999, con todo el despliegue de la colección de su marca, no solo significó volcar los ojos del mundo a lo que estaba pasando a este lado del océano, sino que tuvo un impacto radical en las formas como se entendía la moda acá en el país y cómo se producía en términos de evento. Trabajar de cerca con Oscar de la Renta nos dio lecciones a todos de cómo se debía hacer un desfile, de los detalles que había que cuidar, de cómo se editaba una colección antes de ponerla en pasarela”, agrega Margarita Gómez.

Al final de esa reunión nadie sabía muy bien cómo habían conseguido, en ese lujoso apartamento de Nueva York, que el hombre que vestía a Nancy Regan y a las más afamadas estrellas de Hollywood hubiera dicho que sí. El desfile se realizó en Poblado Country Club, de Medellín, con 28 modelos colombianas: 11 paisas, 15 bogotanas y 2 caleñas. Pero esos pantalones de bota ancha en negros, naranjas y berenjenas, y esa amplia gama de vestidos con faldas amplias y voluminosas fueron realmente la antesala de una colaboración más estrecha que haría que Oscar de la Renta volviera a Colombia, al año siguiente como director creativo de Balmain, para mostrar por primera vez una colección de alta costura en estas latitudes. Sesenta vestidos originales, de los cuales se hicieron solo tres en el mundo –uno para la modelo, otro para los archivos y el de la clienta–, aterrizaron en Medellín para mostrar un despliegue de pedrería y formas que parecían más cercanas al arte que a la moda.

Años después, en 2009, gracias a las gestiones de Rosita Haluf, directora del Cali Exposhow, el dominicano volvería a Colombia para mostrar su resort collection. Un fuerte twist francés se tomó Cali, su desfile fue un viaje en un crucero en donde el chic parisino se fusionó con el patriotismo americano con una paleta de color que oscilaba entre el rojo, el blanco y el azul, y que hizo alarde de sus tradicionales volúmenes y sus vuelos maravillosos. Oscar de la Renta sentó así las bases para que las plataformas de moda colombianas se convirtieran en lugares legítimos para otros diseñadores que aruñaban la fama mundial.

Por eso su partida, a los 82 años, sacude no solo a las fervorosas de la elegancia que habitaban los círculos más altos de la moda en Nueva York o París, sino que deja a las mujeres de todo el mundo algo desprovistas de su defensa de la sutileza y de su celebración incansable de la feminidad. Y es justamente por ese compromiso de defender un rol protagónico de las mujeres en la sociedad, por esa amplitud de corazón que demostró con su actitud de compartir su talento con Colombia, que retumban esas palabras que una vez le confesó a esta revista: “Siempre me preguntan hasta cuándo voy a hacer esto, y mi respuesta es muy sencilla: cada día para mí hay un reto, cada día hay algo que tengo que aprender, el día que diga: ‘lo sé todo sobre mi trabajo’, entonces tendré que parar y despedirme”.

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