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¿Cómo se cose la paz?

Revista FUCSIA

¿Cómo se cose la paz?

Pablo Restrepo es un bogotano que creó hace más de dos años Paloma y Angostura, especializada en camisetas básicas creadas por mujeres desmovilizadas, que buscan una manera digna de reinsertarse en la sociedad.

En un pequeño taller de confección en Bosa, al sur de Bogotá, suena una canción de Luis Mateus. Es un vallenato romántico que relata la historia de un hombre que sufre la pérdida de su amor.

Confundido
, se llama la canción que tararea Cielo, una de las costureras del taller, desmovilizada de las AUC y madre de cuatro hijos. Cielo llegó hace cuatro años a Bogotá como costurera del taller que montó Ederlidia, su antigua compañera de las autodefensas.

Se conocieron en la selva mientras cosían y remendaban los uniformes del grupo armado. Dejaron las armas al mismo tiempo y se perdieron el rastro.
Un par de años después, Ederlidia logró contactar a su compañera y le prometió un trabajo fijo y con mejores condiciones de vida en la capital. Sin meditarlo mucho, Cielo tomó sus cosas y viajó junto a otras cuatro mujeres con historias similares, con la ilusión de poder hacer de su talento una fuente de ingresos.
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Confeccionan ropa exterior para diferentes empresas que encargan al taller sus uniformes, bolsas de tela, pantalones
y diferentes prendas de vestir, excepto vestidos de baño y ropa interior, pues admiten que tienen mayor dificultad a la hora de confeccionarlas y por eso aún no las tienen dentro de sus servicios.


Una de las personas que ha confiado en ellas y que además busca generarles una fuente de ingreso mensual con la que puedan contar siempre y no deban depender de proyectos y encargos esporádicos, es Pablo Restrepo, un politólogo que tras un tiempo trabajando en la ACR (Agencia Colombiana para la Reintegración), y descubriendo las realidades de este grupo social, decidió crear una marca en la que estas mujeres pudieran trabajar haciendo lo que aprendieron desde niñas antes de que la guerra se las llevara: coser.
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Paloma y Angostura
es el nombre que dio a su marca. Paloma, por el símbolo internacional de la paz; Angostura, por los retos inmensos que se tienen que afrontar cuando el objetivo es la paz. El propósito de Pablo no es solo tener una empresa que confeccione camisetas básicas para hombres y mujeres (y muy pronto sacos y pantalones).

La idea de responsabilidad atraviesa todo el trabajo de este bogotano, por eso sus prendas se hacen con algodón Pima peruano orgánico. "Son prendas simples pero de buena calidad. Si estamos pensando en la paz no podemos pelear con el planeta. La idea es que nuestra producción sea amigable con el medio ambiente y que las condiciones de trabajo de quienes hacen parte de Paloma y Angostura, sean dignas", cuenta Pablo.


Junto a las tallas de cada camiseta reposa una frase que puede resumir la misión de su empresa: "Hecho por manos que quieren un cambio en Colombia". No se pretende ocultar a las mujeres detrás de la prenda, todo lo contrario, quiere visibilizarlas a través de su trabajo, antes que de su pasado.
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Su naciente empresa tiene por ahora solo cinco productos. Vender camisetas con diseños básicos pero de buena calidad puede sonar difícil, aún más cuando el mercado está invadido de marcas de pronta moda en la que se consigue infinidad de ropa a precios muy bajos. Pero Pablo le apunta a los colombianos consecuentes que se cuestionan por la procedencia de sus prendas de vestir y la huella ecológica detrás de los accesorios que usan.


Este emprendendor confiesa que enfrentarse a las historias detrás de las mujeres que trabajan junto a él no ha sido fácil. “Me interesa muchísimo poder contribuir al cambio que se pueda generar en sus hijos a través de proyectos como este. Sé que a una de las hijas de ellas, por ejemplo, la molestan en el colegio porque su mamá es desmovilizada. La niña, que se ha hecho fuerte, no deja que los comentarios la afecten y siempre se defiende sacando buenas notas y preocupándose por cumplir los sueños que empieza a tener. Ese tipo de personas y situaciones son las que más me inspiran”, afirma.

Pablo Restrepo cree en el poder del trabajo digno como agente reparador de una sociedad que desconoce, desde la historia detrás de su guerra, hasta la forma de hacerse partícipe de una transformación pacífica. Por el contrario, no cree en el activismo de likes en redes sociales, de posts y posturas digitales caritativas. "Podemos apoyar a los desmovilizados desde nuestro trabajo, con un aporte real y cuantificable".


El esfuerzo de montar una empresa de moda, sin ser diseñador o tener más que buen gusto para vestirse, empieza a dar resultados. Desde las trabajadoras del taller, que reconocen que la suavidad y la calidad de la tela con la que trabaja Pablo es diferente a las demás, hasta el comprador final que está dispuesto a pagar los 65.000 pesos que cuesta cada prenda, solo por la intención de ayudar con un proyecto que construye patria y que no está a la espera de que alguien más empiece a ser lo que todos, tarde o temprano, estaremos llamados a hacer: coser la paz juntos.

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