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Por la buena reputación de las bacterias

Revista FUCSIA

Por la buena reputación de las bacterias Por la buena reputación de las bacterias

Aunque a los microbios se les acuse de enfermarnos, no todos son como los pintan.

La mayoría de los huéspedes del cuerpo funcionan como un ejército bien engranado que nos defiende de problemas de salud e incluso podrían ayudarnos a mantener la línea. ¿Cómo proteger a esa tropa?

En la cartera no pueden faltar el jabón y los pañitos desinfectantes que prometen “eliminar el 99% de virus y bacterias”.  Razones para estar prevenidos no faltan, el enemigo está al acecho pues las enfermedades infecciosas, como la diarrea, siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en el mundo.



Imagen: Ingimage.

Sin embargo, en cuanto a los microbios, es como dice el dicho: “Pagan justos por pecadores”. El cuerpo alberga unas 100 billones de bacterias, “y solo alrededor de 100 son patógenas, es decir, producen enfermedades”, explicó a FUCSIA el doctor Rafael Riveros, director científico de Méderi y profesor emérito de la facultad de Medicina del Rosario. 

La boca, la nariz, la piel, los genitales y en especial el intestino tienen tantos microorganismos que estos superan las células humanas en una proporción de 10 a 1. De juntarse, alcanzarían el tamaño de una pelota de fútbol. “Tanto los vecinos buenos como los malos conviven en armonía, como si se tratara del ecosistema de una selva en el que existe un equilibrio entre todos los seres vivos. Pero cuando uno interviene en la ecología digestiva altera el balance entre sus bacterias, virus, amibas y hongos. Tomar antibióticos indiscriminadamente por cualquier gripita es como poner en peligro de extinción a una especie de animal”, concluye.

La postura defensiva en contra de estos incomprendidos huéspedes parece no reconocer la importancia que tienen para el bienestar: “Las bacterias buenas mantienen a raya a las que causan enfermedades, ayudan a estimular el sistema inmunológico, a que el cuerpo absorba mejor el calcio para los huesos, además de minerales y vitaminas”, agrega la nutricionista Janet Brill, autora de varias publicaciones sobre vida sana.

Romper ‘la paz interna’ de la flora microbiana podría causar desde colitis hasta cáncer y diabetes, y existen investigaciones que apuntan a que el autismo tiene relación con la actividad bacteriana del intestino grueso.

La joven científica alemana Giulia Enders sostiene en su bestseller, Gut (intestino), que incluso algunas bacterias nocivas pueden ayudar al sistema inmune a entrenarse. De manera que, según ella, un poquito de salmonella en la cocina no le hace daño a nadie. Los humanos empiezan a formar su colección de microbios durante el nacimiento al emerger por el canal vaginal mediante un parto natural, y luego la amplían gracias a la leche materna. Este proceso se ha visto interrumpido por el incremento en las cesáreas, que se asocia con el riesgo de obesidad y otras enfermedades.

De la misma manera, la obsesión por la limpieza aumenta la susceptibilidad a alergias, pues, como decían las abuelas: los niños necesitan estar expuestos a algo de mugre.    

“Tradicionalmente los microbios han tenido muy mala prensa y es necesario educar al público al respecto”, comentó a esta revista el profesor de epidemiología genética del King’s College London, Tim Spector, quien para lograrlo lidera un programa que busca entender el rol de la microbiota en la salud. Quizá el hecho de que hoy la honra de estos microorganismos haya despertado interés se debe, en parte, a que se ha descubierto que tendrían un papel crucial en un tema tan popular como el del peso.

“Hemos encontrado que unos nos ayudan a ganar kilos y otros, como la familia denominada Christensenellaceae, a mantenernos delgados. Al parecer, su acción se debe a los químicos que producen y la forma como afectan el sistema inmune, pero aún no conocemos el mecanismo preciso”. Experimentos demostraron que cuando se le transferían bacterias de un humano obeso a un ratón, este engordaba, lo que indica que los cambios en la comunidad microbiana pueden ser responsables de la epidemia de sobrepeso. 



“Cada individuo tiene un set único de bacterias como una huella digital que depende de la genética, aunque además está influenciado por la dieta y el estilo de vida. Con los años, la biodiversidad intestinal se ha visto diezmada, entre otras razones, por el consumo de comida chatarra. Nuestros ancestros incluían 150 ingredientes distintos a la semana, mientras que en la actualidad la variedad se reduce a 20 tipos de alimentos que en su mayoría son procesados. Lo cierto es que algunas poblaciones, como los indígenas del Amazonas, tienen 40 por ciento mayor microdiversidad que los occidentales”.

El experto advierte que las dietas que se imponen cada temporada con sus excesos de restricciones, o bien de carbohidratos, grasas, o sea cual sea el “villano” del momento, son también culpables de tal aridez.

Los bichos tampoco han escapado al entusiasmo que genera toda novedad. Debido al auge de su publicidad positiva, hoy puede entenderse el crecimiento de la industria global de probióticos y prebióticos que mueve más de 30 mil millones de dólares. Los primeros son también llamados bacterias amigables, en tanto los segundos son nutrientes para ellas. Y ambos se venden como suplementos mágicos en forma de pastillas o ‘aderezos’ de yogures. Pero para Spector no hay mejor fórmula que “la comida de verdad”, el menú que nunca pasa de moda.



De la barriga a la cabeza

Los científicos han encontrado cómo la flora intestinal juega un papel esencial en el bienestar de las personas.

El bando de los microbios buenos funciona como un escudo contra los virus, y produce ácido láctico y ácidos grasos, los cuales bajan el PH del colon y así evitan la proliferación de los que pertenecen al bando indeseado.

Algunos estudios han vinculado la inestabilidad en el microbioma con la obesidad, diabetes, colitis ulcerativa, síndrome del colon irritable, cáncer, artritis reumatoidea, enfermedad de Crohn y Parkinson.  

La salud mental no se escapa de este vínculo. Se ha encontrado que más de un tercio de los pacientes que sufren de depresión presenta también una mucosa del colon permeable, de manera que los microorganismos pasan al torrente sanguíneo.

Hay indicios de que la esquizofrenia podría guardar relación con el ecosistema del tracto digestivo. El consumo de bacterias amigables tendría efectos ansiolíticos.

Hay que darle de comer a los microbios

Las bacterias buenas se mueren de hambre si su hospedero no consume fibra. La clave es una dieta rica en frutas y verduras.

Según el epidemiólogo Tim Spector, excluir las grasas y azúcares no tiene tanto impacto en la salud como comer de la manera más diversa y natural posible. Señala que el aceite de oliva, las semillas y frutos secos, el café y el chocolate negro (más de 70 por ciento de cacao) también tienen un efecto positivo.

El especialista realizó un experimento en el que durante 10 días su hijo solo se alimentó con comidas rápidas (hamburguesas, nuggets, papas fritas y gaseosas). Al finalizar, el joven de 23 años había perdido 1.300 especies de bacterias, de las 3.500 que habitaban su intestino originalmente.

Lo ideal es incluir en el menú a los prebióticos, que son los encargados de estimular la proliferación de los microorganismos amigables. Pero no en forma de suplementos, sino de puerro, cebolla, ajo, alcachofa, aguacate y granos enteros.

Los productos fermentados como el yogur y los quesos, también le apetecen a los microbios. “Se sabe que Gengis Kan le daba kumis a los hombres del ejército mongol para que permanecieran activos y fuertes”, cuenta el doctor Rafael Riveros.

Si se recetan antibióticos, es aconsejable tomar probióticos para mantener el equilibrio de la flora intestinal.

La actividad física favorece la riqueza del ecosistema del tracto digestivo.

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