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¿Qué tipos de matrimonio funcionan?

¿Qué tipos de matrimonio funcionan? ¿Qué tipos de matrimonio funcionan?

Cuando se habla de que el 50 por ciento de las uniones no terminan con un “fueron felices por siempre”, nuevos estudios muestran a cuáles se les puede anticipar un mejor futuro. Algunos resultados son sorprendentes.

Parejas online

Pronóstico: 25% menos probabilidad de divorcio

Más de una de cada tres parejas de las que se casaron entre 2005 y 2012 se conocieron a través de Internet. Y a los que se burlan de quienes llenan formularios en sitios online que prometen unir almas gemelas, más les valdría mirarlos con seriedad: recientes investigaciones pronostican que las relaciones que comienzan en el ciberespacio tienen 25 por ciento menos riesgo de fracasar que las que se iniciaron por amistades en común, en el trabajo, una fiesta o un bar. 

Después de encuestar a 20.000 personas, especialistas de la Universidad de Chicago concluyeron que aquellas que habían conocido a sus esposos a través de páginas de citas virtuales o redes sociales evidenciaban mayor satisfacción con su vida conyugal. “El grupo de 30 a 39 años es el más propenso a buscar romances en la web. Además, tienen más altos niveles de educación y de ingresos y menos tiempo para socializar”, comentó a FUCSIA el líder de la investigación, el doctor John T. Cacioppo, del Center for Cognitive and Social Neuroscience. Entre las hipótesis que explican tales resultados está una mayor motivación para casarse por parte de quienes acuden a la red, y esta también facilita la posibilidad para seleccionar entre más candidatos potenciales con un afinado criterio. 
El experto agrega que una de las claves del éxito de estas uniones radica en que “los desconocidos son más desinhibidos y abiertos a la hora de compartir información sobre sí mismos cuando su primer encuentro es online que cuando es cara a cara”.


Parejas que se casan a los 30

Pronóstico: un alentador 8% de riesgo

Según un estudio publicado por la National Fatherhood Initiative de Estados Unidos, la peor edad para una boda es cualquiera previa a los 20. Casarse antes de los 23 acarrea un riesgo de divorcio del 34 por ciento, frente al 20 por ciento para los que se comprometen entre los 27 y 29; y esa cifra baja a 8 por ciento para los que esperan hasta llegar a los 30. 

Después de esa edad no habría cambios significativos. En el Reino Unido la única población en la que se ha incrementado el número de rupturas en la última década es la de quienes superan los 60 años, quizá por la juventud de las uniones en su época. La tasa de divorcio en Estados Unidos también tiende al descenso y el hecho de que las mujeres se conviertan en esposas más tardíamente sería responsable del 60 por ciento de este declive en las estadísticas. “A esa edad las personas tienen más recursos, no solo económicos sino también emocionales, así como mejores habilidades para negociar”, afirmó para esta publicación la historiadora Stephanie Coontz, directora de investigación en el Council on Contemporary Families. “Los matrimonios de hoy requieren mayor madurez. 

Anteriormente, la unión de un hombre proveedor con una mujer ama de casa no ameritaba mucha capacidad negociadora. Pero ahora que hay más igualdad y menos roles de género definidos, es indispensable saber cómo negociar y desarrollar una amistad sólida antes de dar el sí. En estos tiempos, tener estudios universitarios y un buen salario disminuye las probabilidades de separación, cuando lo usual en muchos países era lo contrario”.


Parejas con distintas personalidades

Pronóstico: reservado

Suele decirse que los polos opuestos se atraen, pero que juntos son la receta para un desastre. Sin embargo, el doctor Robert Levenson, director del departamento de Psicología de la Universidad de California, explicó a FUCSIA que aunque tener similitudes es de cierta importancia en una etapa inicial de las relaciones, en cuanto se produce mayor sensación de intimidad, no pasa lo mismo en los años venideros cuando las situaciones conflictivas tienden a aumentar y se hace necesario un buen complemento: “En nuestro estudio encontramos que las diferencias en cuanto a la personalidad son buenas para el matrimonio en el largo plazo porque cada esposo tiene sus propias fortalezas y eso les permite manejar distintos tipos de retos”. 

Su trabajo se basó en analizar la combinación de los factores del modelo conocido como “Los 5 grandes”: inestabilidad emocional, amabilidad, apertura a nuevas experiencias, responsabilidad y extroversión. Mientras el primer rasgo ha sido asociado con bajos niveles de satisfacción marital, el especialista considera que si marido y mujer difieren en los dos últimos, se genera la mezcla más exitosa: una trabajadora empedernida y un compañero amante de lo sociable se repartirán mejor las tareas del hogar sin pelear porque ambos quieran imponer su manera de hacer las cosas. 

Aun así, la investigación realizada por el psicólogo Frederick L. Coolidge, de la Universidad de Colorado, determinó que las similitudes y diferencias de personalidad poco tienen que ver con la satisfacción matrimonial: “Los valores compartidos son los mejores predictores. ¿Están los dos de acuerdo con la frecuencia de su vida sexual?, ¿ambos se conforman con poco dinero o ambicionan tenerlo en abundancia?, ¿cuánto desean compartir con sus familias políticas?”, expresó el especialista a esta revista.

Pero después de todo, ¿cuál es la mejor personalidad para lograr una relación duradera? Según el profesor Ty Tashiro, la ciencia para vivir felices por siempre no tiene mayor misterio: está en encontrar a un miembro del club de los amables.


Parejas que conviven antes de casarse

Pronóstico: 33% más cerca de la ruptura

El número de personas que conviven antes de formalizar su unión ha aumentado en aproximadamente 900 por ciento en los últimos 50 años. Pese a la popularidad de probar la vida marital antes de dar el sí definitivo, abundan reportes científicos que han acusado a esta tendencia de ser “tóxica” para el matrimonio. Un estudio publicado en el Journal of Family Psychology encontró que cerca del 19 por ciento de los que habían vivido juntos antes de anunciar su compromiso manifestaron posteriormente su deseo de divorcio, en comparación con el 12 por ciento de los que decidieron convivir con planes previos de boda. La cifra disminuyó a 10 por ciento entre los participantes que simplemente se saltaron este paso y fueron directamente al altar. “En promedio, los investigadores han concluido que este tipo de enlaces tiene una tasa de divorcio 33 por ciento más alta que los que empiezan la convivencia casándose”, señala un artículo de la revista The Atlantic. 

Para los expertos, las razones de este fracaso están relacionadas con que muchas veces los novios no sienten una verdadera intención de comprometerse, sino que se unen en busca de facilidades económicas y luego se ven presionados a casarse por considerar que es el orden “lógico”. Creen que quizás el matrimonio resolverá sus crisis y lo prefieren ante el miedo que les da una dispendiosa separación de bienes. Y una vez casados, crecen sus expectativas y no toleran esos hábitos que antes pasaban por alto. Una nueva investigación del Council on Contemporary Families ha determinado que la culpa no la tiene la convivencia en sí, sino la edad a la que esta se empieza: si es antes de los 23, se prenden las alarmas.

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