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¡Se esfumó! ¡Se esfumó!

“¿Qué tal si tuvo un accidente?”. “Le robaron el celular”, “está en un sitio sin señal”, “mi teléfono debe estar fallando”... Estas son algunas de las ideas que la mente inventa cuando una nueva conquista desaparece sin dar explicaciones. Pero quizá esa persona solo recurrió al ghosting, la forma más fácil de escapar a una relación sin dejar rastro.

Lo primero es la deprimente espera al mirar constantemente el celular a ver si suena. Nada. Luego se recorren mentalmente una y otra vez los pasos de lo que parecía ser el inicio de un romance: las risas, el coqueteo, las salidas. Pero aparentemente no hay pistas que resuelvan la repentina desaparición de aquel proyecto de novio. Por último, surge la gran pregunta: “Si cuando nos despedimos dijo que me llamaría, ¿qué pasó?”. Quien no haya obtenido respuesta a ese interrogante, quizá nunca la encuentre. Y finalmente entenderá que el silencio lo explica todo: ha sido víctima del ghosting, término que deriva de la palabra ghost, fantasma en inglés. Un fantasma poco amigable, porque el nuevo “ex” simplemente se desvaneció. Recientemente, la prensa rosa le puso una cara famosa a la tendencia: dicen que Charlize Theron castigó a Sean Penn con el látigo de la indiferencia y que habría dejado de responderle sus mensajes, aunque ante el mundo parecían una pareja feliz.


Foto: Pinterest


Tal manera de terminar no es nueva, después de todo, ¿quién no se ha negado a contestar una llamada? Sin embargo, la cultura digital le ha dado nombre propio. Hoy se puede escoger con un único dedo la opción indicada para bloquear personas en las redes sociales y cambiar el estatus de “en una relación”, a “soltero” sin mediar palabra. En esta era, además, la confirmación de lo que ya se intuye es más contundente. Basta mirar Facebook para descubrir que ese otro sigue con vida, y sí le habla a los demás.

Sin duda, las nuevas tecnologías han permitido que los seres humanos vivan conectados. “Han facilitado una experiencia mucho más intensa. Una pareja puede nunca estar en off, están texteando, o en FaceTime, o usan cualquier otra opción que permite estar en contacto casi constantemente. Es cierto que antes podías pasar horas hablando por teléfono, pero ahora el aparato va contigo siempre”, comentó a FUCSIA Michele Ybarra, del Center for Innovative Public Health Research. Así mismo, Internet da la oportunidad de decir adiós sin necesidad de estar cara a cara: “Para esto también teníamos el teléfono, solo que ya ni siquiera toca oír al otro, ni responder al tono de su voz. Se pueden acabar relaciones de una manera menos personal si se desea”. Una encuesta realizada por YouGov y el Huffington Post entre mil adultos mostró que el 11 por ciento de los norteamericanos se le había esfumado a alguien. Los más dados a probar el ghosting fueron los jóvenes entre 18 y 29 años.

Para la sicóloga Emma Kenny, el nivel de conexión actual es natural, “debido a que somos criaturas sociales y buscamos a quienes son similares a nosotros”. El aspecto negativo, según explicó a esta publicación, “es que también se destruye la forma de entender lo que significa formar una relación gracias a la cultura del desechar. Aceptamos como amigos a gente que no conocemos, de manera que la generación ‘conectada’ está redefiniendo el concepto de amistad y le es confuso diferenciar la ciber-versión de la física”. Tiempo atrás la experta popularizó la expresión “síndrome de Tinderella” para referirse al fenómeno impulsado por aplicaciones como Tinder y páginas de citas online que, en su criterio, forjan individuos poco comprometidos que no se esfuerzan por conocer en profundidad a los demás: ¿Si hay muchos pretendientes virtuales, para qué invertirle tiempo a uno real?


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De la misma forma en que en la era digital surgieron casi que naturalmente sitios para juntar medias naranjas con hacer un clic, podrían aparecer métodos similares que logren el efecto contrario. Fantaseando con esa idea mientras trabajaban en una campaña publicitaria, y un poco en broma, unos jóvenes inventaron el app Binder, un juego de palabras entre Tinder y el verbo “bin” que traduce botar. Basta anotar el nombre de la víctima, su número de contacto y escoger una razón cliché de una lista: “Prefiero estar solo”, “estoy viviendo una pesadilla”, son algunas de las opciones para escapar de una unión. Como si no fuera suficiente enviar un mensaje de texto con corazoncitos rotos, el combo completo incluye una llamada que confirme al destinatario la mala noticia. Un día después del lanzamiento, más de 6.000 personas usaron el servicio: “Espero que nadie lo esté haciendo en serio”, expresó a The New Yorker Ian Greenhill, uno de sus creadores. Jordan Laird, su compañero en esta aventura agregó: “Supongo que diez años atrás la idea de ser echado tecnológicamente parecía horrible. Hoy pensamos que tal vez será el próximo paso. Y en diez años, la gente dirá que lo raro es que nosotros pensáramos que era raro”.

“Las personas son más desinhibidas en los medios electrónicos”, opina Martin Graff, director de investigaciones en sicología de la University of South Wales. En Internet es más fácil para los tímidos ser valientes a la hora de coquetear con desconocidos en busca del amor. Lo paradójico es que también empodera a los cobardes a ponerle fin a un romance más eficiente y rápidamente que nunca, al evitar una conversación difícil. Al respecto, la terapeuta Emma Kenny concluye que las nuevas tecnologías deterioran las relaciones sociales de muchas maneras, entre ellas, perpetúan la mentalidad de vivir citas adolescentes: “Permiten que nos escondamos detrás de una pantalla, enviamos nuestras palabras y sentimientos al ciber-espacio sin ser responsables de su impacto. Hay un mensaje poderoso en el hecho de terminar digitalmente: sugiere que el individuo ‘informado’ de que todo acabó, o el que es ignorado y solo se entera del fin cuando ya es demasiado obvio, no merece ninguna consideración. Así evitamos ser testigos del dolor que causamos a otros”.   

Los más chapados a la antigua, y lógicamente los abandonados, defenderán el derecho a una explicación como señal de respeto y la mejor manera de no estancarse en suposiciones del tipo “lo que pudo ser y no fue”. Pero quienes hacen las veces de fantasmas preservarán los mandatos de Simplemente no te quiere, el best seller adaptado al cine (foto), según el cual siempre hay indicios que anticipan que un vínculo carece de futuro: “Si una persona no da pie para conocerte más allá del chat, si eres tú quien inicia todas las conversaciones y si no contesta tus mensajes, simplemente no le interesas”. 
 

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El ghosting es un síntoma de lo que el sociólogo Zygmunt Bauman denominó “amor líquido”. Así lo afirma el profesor de Cultura y Medios, Dominic Pettman: “Lo que fácil llega, fácil se va. Es importante recordar que siempre hemos usado la tecnología para encontrar y descartar amores y que cada nuevo medio aparece con su propia forma de placer y dolor. Como no soy tan joven, todavía me rijo por códigos de honor. Aun así puedo entender cómo el hábito de dejar de ser amigo de un personaje, bloquearlo o no seguirlo más en las redes sociales, ha hecho que las nuevas generaciones estén convencidas de que puede hacerse lo mismo en la vida real”. Pero afortunadamente no todo está perdido, como analiza el especialista con ironía: “Esa misma tecnología que posibilitó que a alguien le rompieran el corazón temporalmente, también, de modo conveniente, ayudará a que se recupere más rápido y encuentre otro amor”.

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