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Suki y sus armaduras íntimas

Revista FUCSIA

Suki y sus armaduras íntimas Suki y sus armaduras íntimas

Desde hace tres años, la diseñadora colombiana Sara Cohen viene determinando los senderos hacia los que camina el universo de la ropa interior, con una apuesta por prendas que se hacen de cintas, tensiones y juego de ataduras.

Sara Cohen no solo hace bodies que enmarcan la espalda en un entramado de cintas y argollas que contienen la piel. No solo calzones llenos de líneas que se trepan hasta la cintura o tops cuya pechera es un juego complejo de ataduras que enmarcan la desnudez.

Sara viste a la mujeres sobre todo con una sensualidad libre, que aprendió desde niña en su casa, en medio de una familia que le habló abiertamente sobre sexo, vio con naturalidad sus exploraciones en la juventud y que, en voz de su padre, le enseñó a mantener la cabeza abierta, inquieta. Así que, cuando se habla de su marca, Suki no hace referencia solo a ropa interior, sino a una manera de erigir la sensualidad femenina con una rebelde libertad.

Suki nació con la intención genuina de ser parte de un sex shop. Ella, diseñadora ávida de cambios, había observado siempre con inquietud que a pesar de que en Colombia solía hacerse alarde de una alegría y una sensualidad exacerbada, a la hora de hablar de sexo siempre primaba un pudor, una censura, una ternura que resultaba paradójica. Ella quería vestir su propia sensualidad, una que no encontraba cómo arroparse entre brasieres que empujaban sus senos para arriba o calzones que le domaban el abdomen. Ella quería que su silueta, siendo tan respetada y natural como es, pudiera a la vez alardear de esa potencia sexual que albergaba, sin pena, de frente, con elegancia e, incluso, con arrogancia.

Sus indagaciones partieron de esas armaduras y joyas que usaban las guerreras para adornarse, seducir, defenderse y legitimarse en el campo de batalla. A la final ella quería vestir mujeres empoderadas, que estuvieran dispuestas a usar prendas que las hicieran centros de atención. Empezó entonces a ver imágenes de valquirias, vikingas, amazonas, cheyenes, y trazó sobre el papel lo que podrían ser unas piezas de lencería. Hizo primero cincuenta diseños que vendió en dos días entre sus amigas. Entonces supo que había encontrado una ruta.

En sus múltiples cuadernos de bocetos había trazadas una clase de cartografía de la ropa interior, prendas que desafiaban la idea misma de la tela y que en un rompecabezas de lazos, tensiones y nudos delimitaban las redondeces del busto y las caderas. Afuera de su taller, las mujeres empezaron a mostrar con cierta insolencia, al desabotonar el cuello de su camisa o usar una sutil transparencia, esas líneas indiscretas que trazaban sus brasieres. El interior empezó a coquetear con el exterior, y esas molestas tiras de brasier, siempre insinuantes a través de un top, ahora fueron llevadas a su límite e hicieron ver como si las mujeres tuvieran una armadura de sensualidad bajo la ropa.

Desde hace tres años, Sara Cohen viene así determinando una senda en el prolífero mundo de la ropa interior colombiana, un sector en crecimiento y, tal vez, el de mayor representatividad en términos de moda en el exterior. Hoy vende casi en todo el mundo, con el orgullo de saber que todos sus productos se elaboran con insumos ciento por ciento nacionales.

En realidad, esa condición que parecía al principio una limitante, terminó por convertirse en una especie de impulso para la creación. “Yo había participado en la fundación de la marca Brinca Brinca, luego había trabajado con mi marca de lingerie, Loba, y desde esos comienzos sabía que importar insumos era muy complejo en Colombia, así que al momento de crear Suki quise ver qué tenía a la mano y me reté a hacer lo mejor que pudiera con eso”, explica la diseñadora quien no puede sustraerse a la evidencia de que muchas marcas de ropa interior hayan copiado eso tan exitoso que ella creó.

“Es muy lamentable que grandes marcas fusilen sin ningún pudor tus diseños. Yo hubiera esperado que al ver la forma impresionante como las mujeres sofisticadas respondieron a mis diseños, esas compañías me hubieran llamado para hacer colaboraciones interesantes, así es como funciona en el mundo. Pero, de repente el mercado estaba inundando de copias baratas y no tan bien logradas de Suki”.

La queja obedece a que la industria no reconozca y esté a la altura de las interminables horas que pasa Sara en su taller trabajando sobre los patrones para que las espaldas se vean perfectas, para que cada diseño se ajuste de manera tan fiel al cuerpo de la mujer y sea una infinita fuente de seguridad y empoderamiento. “Soy diseñadora, pero mi especialidad es el patrón, así que trabajo minuciosamente con 15 personas maravillosas en mi taller haciendo ajustes interminables hasta que la prenda queda perfecta. A veces, la labor es tan dispendiosa que a penas logramos crear unas cuantas referencias por día”, comenta la diseñadora. Al final, a ella lo único que le interesa en realidad es experimentar, crear, llevar sus ideas cada vez más lejos. Por eso cada una de sus colecciones ha incluido elementos nuevos, como el juego de argollas que le permitieron crear otros ángulos entre las cintas de su ropa, o su incursión en el swimwear, en el print digital y, más recientemente, en un juego con el neopreno, los volúmenes en las espaldas y la creación de textiles cosiendo cintas sobre mayas.

Así Suki ha ido convirtiéndose en un universo completo, que incluye cenas secretas en donde refinadas clientas de todo el mundo se reúnen a ver los diseños, a comprar arte un poco kinky y a conversar libremente. Detrás de todo también ha habido una astuta estrategia de mercadeo y una cuidada asesoría empresarial que han convertido a Suki en una de esas pocas marcas jóvenes que tienen una estructura comercial sólida. Ella, que es la encarnación de la mujer que viste su ropa, siempre con su espalda descubierta y sutiles vuelos en su ropaje negro, asegura que cada uno de sus diseños, de sus movimientos en el mundo de la moda, son parte de una minuciosa estrategia. Tal como lo aprendió de niña, cuando le enseñaron las tácticas del ajedrez y encontró siempre la manera de poner en jaque al rey. Eso hace su ropa: que la reina, vestida de Suki, ya sea de negro o de blanco, siempre haga su mejor jugada, una letal.

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