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Cómo volver a salir después del divorcio y no morir en el intento

Cómo  volver  a salir después del divorcio y no morir en el intento Cómo volver a salir después del divorcio y no morir en el intento

Pensar en tener una cita después de un divorcio les pone a muchos los pelos de punta. Estos son los consejos de algunos expertos para que el regreso al ruedo sea un éxito.

La escena puede sonarle familiar: “¿qué ropa me pongo?”, “¿cómo me peino?”, “¿será que voy a tener sexo en esta primera cita?”, “¿quién paga la cuenta?”. Pero probablemente la única diferencia es que la última vez que se hizo estas preguntas estaba en sus veintitantos y ya han pasado varios años, quizá muchos.

Las cosas han cambiado desde entonces y puede parecerle que está pisando terreno extranjero: en aquella época no había problema en conocer a prospectos de pareja en un bar o en una fiesta; hoy se habla de la comodidad de las páginas web especializadas en conectar almas gemelas hechas a la medida; se coquetea por chat y hasta existen eventos exclusivos para solteros amantes de la música clásica o del vino, o solo para judíos o cristianos. Antes, seguramente se daba licencia para cometer una que otra locura en la búsqueda de la persona ideal. Ahora quizá piensa que esta no existe: acaba de superar un divorcio, tal vez tenga nuevas y enormes responsabilidades –entiéndase hijos–, y no le parezca tan excitante como antes volver a empezar.  

Quienes se separan, tarde o temprano se cuestionan acerca de cuándo salir nuevamente.
Muchos perciben que en cuestión de técnicas de “cacería” han perdido la práctica y se sienten inseguros.  No faltan los que, por el contrario, inician una especie de carrera con la idea de que “un clavo saca otro clavo”. Con el paso del tiempo todo puede parecer más forzado: “tener una cita cuando eres algo mayor significa que inmediatamente harás juicios sobre si crees que tu acompañante es una opción para convertirse en tu compañero y eso no se siente tan natural como lo que uno hacía cuando tenía 20”, fue el testimonio de una británica de 34 años en el diario The Guardian, en la sección dedicada a relaciones. Según el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan, cerca del 50 por ciento de los jóvenes de 18 años sale al menos una vez a la semana, mientras que la cifra para los mayores de 32 no supera el 25 por ciento. Lo que en el pasado parecía espontáneo y divertido, puede ser en esta situación un factor de estrés.

Se supone que el fin de un vínculo trae consigo la sabiduría de la experiencia, que de los errores se aprende y sin embargo las cifras no apoyan del todo la teoría: “mientras que la mayoría de separados sigue creyendo en la institución del matrimonio (un estudio señaló que el 75 por ciento de mujeres vuelve a casarse dentro del lapso de los diez años), la tasa de divorcio para primeras uniones es mayor del 40 por ciento, y asciende al 60 y 70 por ciento para segundas y terceras nupcias respectivamente”, expuso el periódico The Washington Post. La razón de este fracaso en serie radicaría en no tomarse un espacio necesario para superar la relación anterior y conectarse con uno mismo. Para el gurú en temas de autoayuda Walter Riso, es necesario vivir las etapas del duelo: “entender que se va a pasar un mal rato, rodearse de gente querida y renovarse interiormente”, comentó a FUCSIA. Su recomendación es buscar ayuda profesional si a los seis meses no hay mejoría.

La personal coach Natalia Arias Zuluaga les advierte a sus clientes que se trata de un proceso individual: “Unos quieren volver a salir a los tres meses; otros, porque vivieron una ruptura muy tormentosa, pueden necesitar un año para sentirse listos. Hay que hacer lo que el cuerpo pida. Si te dan ganas de ir de rumba, hazlo, si quieres arruncharte en la cama, también es válido. A veces uno necesita tocar fondo”. En su experiencia de divorciada advierte que “toca hacer mucho de lo que a uno le guste para adquirir capacidad de ser feliz individualmente y que la satisfacción no dependa de llenar vacíos emocionales con otro. Porque de lo contrario es fácil caer en brazos de un personaje muy parecido al anterior, el borracho, el mujeriego, y uno se pregunta: ‘¿será que a ella le gustan así?’”.  
 

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