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Tradiciones ancestrales

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Mallarino Bijoux es una marca de joyería de lujo hecha en filigrana y metales preciosos, y elaborada en complicidad con artesanos colombianos. El encuentro de dos mundos plasmado en sus creaciones ha sido el secreto de su éxito internacional.

En octubre de 2013 el British Museum de Londres abrió sus puertas para presentar a sus visitantes la exposición Beyond El Dorado, una muestra de arte precolombino desarrollada en cooperación con el Museo de Oro de Bogotá a la que fueron invitadas a participar las colombianas Isabella y Lucía Bueno, de la marca Mallarino, como representantes de la artesanía contemporánea hecha en el país. “Con la exhibición queríamos mostrar la continuidad de técnicas orfebres tradicionales y el legado artístico colonial colombiano. Uno de los procedimientos más representativos es la filigrana mompoxina, y esta marca la trabaja de manera excepcional con artesanos de esa región”, explicó a FUCSIA Elisenda Vila Llonch, curadora de Beyond El Dorado. Las hermanas Bueno, nacidas y criadas en Cali, pero con dos décadas de vida construida en París, se han propuesto crear delicadas joyas de oro y piedras preciosas retomando esta técnica, lo que les ha valido el reconocimiento en afamadas publicaciones como Vogue, Elle, Gala y Madame Figaro, junto a exclusivas marcas como Yves Saint Laurent, Christian Dior y Gucci.

La exposición, que tendrá sus puertas abiertas hasta marzo de este año, busca estudiar las sofisticadas usanzas de orfebrería con las que los indígenas moldearon algunas de las más impresionantes obras de arte precolombino, evidenciando de antemano un creciente interés global por el rescate y conocimiento de las tradiciones ancestrales. “Hemos elegido entre esta selecta muestra algunas piezas de Mallarino, justamente porque representan la continuidad del legado colonial, que mezcla las tradiciones prehispánicas con aportes europeos y africanos, toda una amalgama que es parte de la riqueza cultural de Colombia y de su gente hoy en día. Pero Mallarino lo hace de forma moderna y contemporánea, internacionalizando la imagen de Colombia y presentando diseños únicos y originales”, añade Vila Llonch. Lucía Bueno es magíster en artes plásticas y años atrás se destacó como directora artística del portal e-luxury.com, que lidera exclusivas marcas como Givenchy, Louis Vuitton y Bulgari. Isabella, por su parte, es abogada con una maestría en la Sorbona y un doctorado en su haber, pero en la actualidad está dedicada de lleno a Mallarino, junto a su hermana. Fue precisamente ella quien emprendió la exploración de los orígenes de la filigrana. Al regresar temporalmente a Colombia, en 2006, decidió ir hasta el lugar donde había sido confeccionada un pieza de herencia familiar, hecha con esta técnica que siempre causaba mucho revuelo entre la gente cuando ella la lucía. En esa pequeña población, al sur de Bolívar, se instaló durante una larga temporada en las casas y los talleres de los artesanos mompoxinos, para aprender la sabiduría orfebre detrás de una técnica hecha con la paciencia y la religiosa dedicación que implica el tejido a mano. “Me enamoró el cariño y la delicadeza con la que los artesanos crean estas joyas. Son meticulosos y supremamente ágiles para hacer realidad joyas de formas mágicas, diseños elegantes y excepcionales que jamás poseen las hechas en serie, con moldes o troqueles”, explica Isabella.

Por tratarse de un arte hecho completamente a mano, el tiempo que toma supone un dispendioso proceso artesanal logrado con herramientas creadas por ellos mismos para fundir el oro y la plata, y luego adelgazarlos hasta obtener finos hilos del grosor de un cabello, o del que la pieza exija. Estos hilos se tejen después sobre los moldes que dan forma a las joyas y, gracias a las manos diestras de los artesanos, se enrollan en forma de espirales ascendentes o planas, hasta dar vida a las más hermosas y apetecidas figuras. “Es como tejer en crochet”, asegura Isabella.

Durante su paso por los talleres rústicos de aquellos artesanos, con quienes ahora trabaja fielmente en la producción de las piezas de Mallarino, esta joyera notó la uniformidad de los modelos que ellos creaban inicialmente. Fue ahí cuando descubrió que revivir la fascinación que causa la filigrana era solo cuestión de reinventar sus diseños y conjugarlos con la elegancia y el estilo clásico francés. “Creería que una de las razones por las cuales las técnicas artesanales no se exportan más, es porque son diseños muy uniformes. La mano de obra y el trabajo artesanal son impresionantes en Colombia. Quizás con nuevos enfoques e indagando un poco más en las posibilidades de las técnicas, nuestras artesanías podrían llegar muy lejos”.

Por eso, aunque sus productos llevan evidentemente el ADN colombiano, es imposible negar el refinado toque europeo que habita en cada una de sus creaciones. “Le debemos nuestro éxito a la fusión de las riquezas de ambos mundos: la sofisticación europea con el misticismo y el encanto natural colombiano. Esa mezcla entre lo salvaje y lo extremadamente delicado es un contraste inspirador, y nuestras piezas tratan de reflejar esa armonía”, explica Lucía.

Y cómo negarlo. La mayoría de sus creaciones en filigrana están inspiradas en universos naturales típicos de Colombia como orquídeas, hojas de palma, enredaderas, loros, ranas y hasta plumas de pavo real, puestos sobre innovadoras piezas como brazaletes. Cuentan incluso con una línea bautizada Animal Kingdom, protagonizada por pulseras con broches en forma de animales como leones y elefantes, inspirados en los accesorios que solían llevar los griegos y romanos en épocas antiguas, pero hechos por artesanos tailandeses. Mallarino también se asocia con estos últimos, debido a la calidad de su trabajo, una labor que admiran como joyeros y que si bien les garantiza diseños más modernos, por ser hechos con moldes, no se comparan con la delicadeza y el tiempo de trabajo que toma una pieza hecha en filigrana. Las piedras preciosas y semipreciosas también tienen cabida en diseños que trabajan con técnicas de alta joyería francesa y baño de oro, así como otras más clásicas, de aire vintage, con formas geométricas, volúmenes más pesados y acabados lisos.

“Nada de lo que nosotras hacemos está a la moda. Son accesorios atemporales que pueden ser usados por mujeres de todos los gustos y generaciones”, aclara Lucía. Y aunque dentro de su lista de clientes se encuentran personalidades como Michelle Obama, Drew Barrymore, Iman Bowie y Gwyneth Paltrow, y admiran el sentido de elegancia de Cate Blanchett, Alexa Chung y Charlotte Gainsbourg, su inspiración sigue residiendo en la persona a la que le deben precisamente el nombre de su línea de joyas: Elizabeth Mallarino, su madre, además de todas las mujeres que llevan el apellido materno.

Próximamente, a finales de febrero, Lucía e Isabella estarán presentando una nueva colección inspirada en el arte precolombino, gracias a la experiencia vivida como participantes de Beyond El Dorado. También abrirán un servicio de joyas personalizadas, permitiéndoles a sus clientes participar en el proceso de creación.=

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