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Un pequeño detalle llamado ‘edad’

Por: Odette chahín

Un pequeño detalle llamado ‘edad’ Ilustración: @Ivette Salow 11

Dicen que el amor no tiene edad, pero, ¿por qué juzgamos tan duro a las parejas que se llevan algunos añitos? Odette Chahín, columnista de Revista Fucsia, nos cuenta qué hay de bueno y de malo en este tipo de relaciones tan controversiales.

Hace poco estuve en una reunión que por poco termina convirtiéndose en un episodio de Laura en América. Una de las invitadas llegó con un señor bastante mayor, que todos pensábamos que era su papá, hasta que se dieron un apasionado beso francés. El señor le llevaba a ella unos 20 años de edad, pero se veían locamente enamorados. “¿Qué tiene ese vejete que no tenga yo ”, me preguntó uno de mis amigos que estaba verde de la envidia. “Canas, muchas canas,” le contesté.

Cuando se sale con alguien sustancialmente mayor o menor que uno, cada salida en público es una probadita de lo que deben sentir Shakira y Piqué, la gente se queda mirándolos, se escuchan murmullos a su paso, cada persona se forma una opinión de por qué están juntos y hasta apuestan cuánto tiempo de relación les auguran, en conclusión, nadie da un peso por esa relación, y todo por la diferencia de edad.

Los prejuicios están a la orden del día, si la pareja está compuesta por un madurito y una jovencita, dicen que él es un pervertido y a ella no la bajan de trepadora con complejo de Elektra. Igualmente, cuando ven a una cucha con un ‘pelaíto’, aducen que ella lo hace por vanidad y él por interés, y no siempre es así, también pueden estar juntos por una extraña causa llamada amor, pero esto resulta inconcebible para los demás espectadores. Muchas de estas relaciones tienen los ingredientes de un culebrón mexicano en el que todo se antepone a su amor desde el punto de vista de la sociedad, la familia, los amigos y hasta ellos mismos, con dudas como, “¿será que Camilo Augusto vivirá lo suficiente para ver crecer a sus hijos”.

Dicen que la edad no juega ningún papel, salvo en los quesos, pero todos sabemos que eso es una mentira. Apenas le presentan a uno a alguien nuevo, uno inconscientemente empieza a hacer preguntas indirectas para adivinar su edad, como: ¿hace cuánto te graduaste del colegio, o ¿cuánto tiempo llevas trabajando? Algunas personas pierden el interés cuando se dan cuenta de que no están dentro de su rango cronológico, pero hay otros que no miran la edad, sino que ven más allá, como le pasó a la Duquesa de Alba y a su más reciente esposo, 25 años menor que ella.

Y es que, ¿para qué es importante la edad? Para votar, para tomar, para procrear, para entrar a ciertos espectáculos, para reclamar una herencia; pero, ¿es importante para amar? Todos tenemos dos edades, la que está registrada en la cédula y nuestra edad mental, es decir, de cuánto se siente uno, y en este sentido hay personas que son viejitas desde que tienen 3 años, y hay otras que nunca dejan de ser niñas, y cada quien busca a alguien de su nivel. Alguna vez tuve un jefe al que le decían ‘Polio’, porque solo atacaba a las chiquis, siempre salía con mujeres con un margen de 15 años menores que él, sus contemporáneas ni lo volteaban a mirar porque les parecía inmaduro, pero las púberes lo veían como un tipo “interesante”.

Según algunos estudios, la mujer elige a su compañero de acuerdo con sus necesidades materiales y afectivas, pues para nosotras es importante encontrar estabilidad. Entre tanto, los hombres buscan dinamismo sexual, por eso existen tantas parejas con una gran diferencia de edad, porque se complementan a la perfección. Me temo que muchas personas no entienden este tipo de amor hasta que les pasa en carne propia, es como el Carnaval de Barranquilla, no es lo mismo que se lo cuenten, pues como se dice, “quien lo vive es quien lo goza”.

La edad es solo un número, y eso no define una relación, cuando la edad nos pese tanto recordemos lo que decía muy sabiamente El Principito: “A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿qué tono tiene su voz?, ¿qué juegos prefiere?, ¿le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan: ¿qué edad tiene? ¿cuántos hermanos? ¿cuánto pesa? ¿cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerlo”.

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