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Yo amo la manipulación

Revista Fucsia

Yo amo la manipulación Yo amo la manipulación

Ama y haz lo que quieras profesa la fe, pero en el amor las cosas no son tan fáciles.

 
Por: Revista Fucsia.com
 
El equilibrio, el respeto y la libertad son clave para que, en pro del sentimiento, nadie se sacrifique. Una mirada a los amores que manipulan.
 
Amar en libertad es lo que se espera de toda relación de pareja, pero también es la tarea más difícil. Sin saber muy claramente en qué momento ocurre, lo que entre dos era puro coqueteo, juego de seducción y vida en rosa, termina convirtiéndose en algo parecido al infierno, o por lo menos, en un mal rato, que a veces dura años, en el que nadie obtiene finalmente lo que espera, pero condiciona al otro a su voluntad logrando que ninguno disfrute de la alegría renovadora del amor.

Pero, ¿qué ocurre? Entre los hilos más fuertes que tejen las relaciones amorosas, están aquellos que anudan la vida compartida en función de las manipulaciones. Amar poniendo condiciones, dar a cambio de que el otro haga lo que yo le impongo, reclamar indirectamente la atención, o el cariño o la protección y hasta la sexualidad, son síntomas de que algo no anda bien entre dos.

La escritora Susan Forward en su libro Chantaje emocional: viejas batallas, nuevas víctimas, afirma que éste se produce cuando alguien con quien se tiene una relación afectiva nos manipula para obtener lo que desea y nos castiga si lo contrariamos. Así, los manipuladores son personas que saben cuánto valora usted su relación con ellos y conocen sus puntos débiles y aspectos vulnerables.

Amores sin libreto

El amor es una decisión y no una condición, dice la sicóloga Rosa Guerava. Se ama porque libremente se elige no porque sea una imposición, ni mucho menos el amor puede ser un premio que se recibe como resultado de un comportamiento que el otro exige de uno, es decir, como una respuesta condicionada. Así que expresiones como “si haces tal cosa, te amaré”, están cargadas de egoísmo y en últimas buscan condicionar la libertad de la pareja.

Amar es una fiesta, pero tiene sus límites. Allí no todo puede estar permitido, hay fronteras inquebrantables, en especial la autonomía de cada una de las personas involucradas en la relación debe ser respetada a pesar de las tormentas. El amor trastoca el orden cotidiano, nos saca del mundo propio y nos lleva a compartirlo con otro, y en esa lógica hay cosas que se ceden, hay otras que gratamente se descubren y unas más que nos encontramos y que aunque no compartamos, hacen parte del mundo de cada quien, por eso, cuando se ama a alguien se le quiere con aquello que nos gusta y con lo que no nos convence, obligar a cambiar al otro, a que deje su espontaneidad como muestra de amor, es uno de los mayores atropellos.

Frases como “hazlo por mí…” o “si me amas cambia esto…”, van en contravía de un sentimiento que reconoce la diferencia y que además es liberador.

Muchos, en aras del amor, dejan su antigua vida para hacer feliz a su pareja, renuncian a su manera de vestir, a su forma de actuar, rompen con sus actividades cotidianas y acceden a todas las exigencias del ser que aman como prueba de hasta dónde puede llegar su sentimiento, pero en estos amores sacrificados, quien termina finalmente derrotado es el corazón, porque un afecto que no parta del amor propio empieza mal.
Especialistas dicen que hombres y mujeres amamos de maneras distintas, sobre todo, que es la cultura la que nos ha ‘impuesto’ estilos de amar. Así, las mujeres, a pesar de todas las liberaciones por las que han pasado y, sobre todo, más allá de la sexual, alcanzada en la década de los 60 con la píldora, ganaron en el terreno de los derechos: ya pueden decidir sobre su sexualidad, sobre cuándo y cuántos hijos tener, etc., pero aún su discurso afectivo responde en muchos casos a viejos parámetros.

El amor protección, el llamado complejo de Cenicienta, en el que las mujeres se reflejan bajo la idea de que siempre habrá alguien que responderá por ellas, sigue operando. La sicóloga Luisa Pinzón indica que encuentra muchas parejas con dependencia afectiva por el miedo de las mujeres a manejar la libertad. “A consulta llegan mujeres con todas las capacidades y posibilidades de ser completamente autónomas, pero afectivamente son muy dependientes”.

Manipulaciones peligrosas

A la hora de revisar cómo operan las manipulaciones en hombres y mujeres, sicólogos coinciden en que la mujer manipula mucho más con la debilidad y la fragilidad propia de su género, por ejemplo, con enfermedades, con un trasfondo de lástima, con el reproche, el reclamo y con el llanto. Asimismo, limita la sexualidad, a lo que el hombre responde con un bloqueo en lo económico.

En la misma dirección, los hijos y la maternidad también hacen parte del discurso manipulador en el sentido de que esto se convierte en premio o castigo para obtener del otro beneficios que por una vía distinta piensan que no los obtendrán. Florence Thomas reconoce que las mujeres han aprendido que son sujetos de derechos y entonces ahora también se ve que comienzan a condicionar al otro con denuncias jurídicas.

Concluyen los especialistas que el manipulador genera en la víctima y en la persona que manipula, una respuesta de control y de dominio, llevando a que la relación sea patológica y en muchos casos casi interminable porque lo que toca es el inconsciente. Lo grave de esto, es que quien es manipulado entra en un proceso de depresión, angustia y ansiedad que, si no lo hace consciente, significará la muerte del amor. Sólo relaciones equilibradas, donde nadie se sienta dueño del otro, en las que se viva la libertad, y el amor se convierta en una aceptación de la diferencia, garantizarán que este sentimiento sea lo que finalmente debe ser: una locura curativa y civilizadora del mundo, como dice Florence Thomas.
 

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