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Dulce compañía

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Al tarot, el horóscopo y la lectura de manos se han unido la terapia de ángeles. Cada vez más personas acuden a mediadores, quienes aseguran tener el don de comunicarles el mensaje de su ángel guardián

“Ángel de la guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…”. Para algunos es una simple oración antes de acostarse, una forma de buscar paz al dormir que se puede decir con fe o recitar de memoria. Para otros es una realidad: el ángel de la guarda existe.

“Cada persona tiene su ángel guardián, a veces varios. Ellos están para ayudarnos a encontrar cualquier cosa que estemos buscando y para ser bendecidos con amor y abundancia”, así lo explica el libro Angel Whisperer, escrito por Kyle Gray, un joven escocés de 24 años que afirma tener el don de ver a estos seres y a espíritus de personas que han fallecido. “Ellos se comunican conmigo, como yo hablo con los humanos. A veces es traumático. Me siento agobiado cuando veo a una madre llorar mientras le explico que su hija está segura en los brazos de sus ángeles.

A veces es divertido, pues tienen humor y me pasan mensajes curiosos. Pero siempre brindan bienestar y esperanza”. Gray, quien dice que su ángel tiene un parecido a Obama, ha ganado muchos admiradores. Su página en Facebook supera los 5.700 admiradores y cuenta con cerca de 2.400 seguidores en Twitter, además de que sus conferencias son ampliamente concurridas. Se trata de números altos si se tiene en cuenta que según cifras del Pew Research Center, entidad que investiga y analiza datos en distintas áreas, alrededor del mundo ha aumentado el número de personas que no creen en Dios, pues lo consideran inaccesible al entendimiento de los hombres.

Para los más escépticos bien puede tratarse de personas que sacan provecho económico de la desesperación de quienes no han podido resolver sus crisis por las vías más convencionales o incluso de problemas cerebrales que generan estas “visiones”. En su libro Alucinaciones, Oliver Sacks, profesor de neurología de la Universidad de Nueva York, explica que la percepción de estos fenómenos paranormales puede ser producto de episodios epilépticos. Sin embargo, advierte que no todos los pacientes que sufren estos ataques tienen este tipo de vivencias, por lo cual no descarta que se trate de personas “especiales”.

De acuerdo con el doctor, aunque las culturas occidentales modernas tiendan a etiquetar estas experiencias como signos de locura, otras las consideran estados privilegiados de conciencia, relacionados con prácticas espirituales. Gray asevera que uno de los casos más asombrosos en su trabajo ha sido la ocasión en la que los ángeles le advirtieron a una de sus clientes que “su mamá estaba en algún lugar cálido pero con un fuerte dolor en el pecho”. Ella le dijo que ese mensaje era raro porque su mamá estaba en una isla y solo le había comentado que por comer mucho tenía indigestión.

“La mujer le pidió a la mamá que fuera al doctor para un chequeo y al día siguiente estaba en el hospital recuperándose, no de indigestión, sino de un infarto. Por alguna razón los ángeles salvaron a su mamá”. 

Por historias como esta y a pesar de su corta edad, Gray asegura que encontró su misión en la vida. Así también lo señalan Hans Zeller y Eliana Sánchez, dos colombianos que afirman compartir ese don, como otros tantos que ofrecen este tipo de terapia en el país.

Una presencia deífica
En respuesta a la pregunta de qué son los ángeles, Hans Zeller responde que “son manifestaciones de alguna cualidad de Dios”. Él es uno de los directores de la fundación Neshamah (que en la cábala es un nivel superior de ascenso espiritual), encargada de practicar la sanación, y desde su experiencia explica: “Por ejemplo, el arcángel Gabriel en hebreo significa ‘la voz de Dios’, es decir, ‘personifica’ la comunicación.

Miguel representa ‘la fuerza de Dios’ y Rafael quiere decir ‘Dios sana’. Pero cada religión los ha representado de manera distinta”. Para Eliana Sánchez, una economista que decidió hacerle caso al llamado de los ángeles hace ocho años, “se trata de mensajeros divinos, seres que nunca han sido humanos y cuyo nivel de conciencia es puro e inocente. Esta idea se basa en la ‘teoría del huevo evolutivo’, según la cual todos venimos de Dios, pero los seres humanos decidieron dejar su estado angelical y evolucionar a través de la experiencia en los diferentes reinos, mineral, vegetal, animal y humano, lo que tiene que ver con la reencarnación. Este último tiene siete niveles de conciencia. De esta manera, la misión de los ángeles es recordarnos el camino para regresar a casa”.

Zeller coincide con esta opinión: “Estos seres son guías que nos llevan de vuelta a nuestro origen, que es ser presencia de Dios en acción. No tenemos conciencia de lo que somos y por eso es neceasario un trabajo espiritual para abrirle la llave a Dios y que fluya en nosotros, que la persona entre en contacto con su potencial sagrado y entienda qué es lo que realmente vino a hacer, una tarea de autodescubrimiento, porque todos tenemos algo que expresar de Dios en este mundo”.

 Su mensaje es sencillo y sin duda taquillero: “Hay que ser feliz, y cada persona lo logra cuando encuentra su misión”. Hablar de este tema lleva a la eterna pregunta sobre Dios y quién o qué es. “Definirlo es presuntuoso, es tratar de limitarlo. Para mí Dios es todo lo que es, pero ahí ya estoy dando una definición”, señala Zeller.

Ambos aclaran que este tipo de terapia está lejos de ser similar a visitar brujos y adivinos: “Los ángeles no están para resolver incógnitas, ni te van a decir el número ganador del Baloto. En lugar de eso te ayudan a hacer una radiografía de cómo está tu vida espiritual y a que encuentres los pasos que debes seguir para que continúes el proceso y transformes el mundo en el que estás”, explica Zeller.

Según Sánchez, estos seres “no nos dicen qué hacer, más bien nos preguntan qué es lo que queremos hacer. Las personas llegan a consulta siempre por motivos diferentes a los reales y los ángeles ayudan a que cada uno vea realmente cómo puede sanar. Ellos nos muestran que somos ángeles y que por eso, sin negar nuestra humanidad, podemos vivir esta vida con una mirada de ángel, que no juzga”.

El papel de mediadores
Ellos operan a través de símbolos, señales y sincronías, ya que “dos coincidencias no existen”, agrega la terapeuta, como levantarse todas las mañanas a las 4:44, pues para algunos creyentes ese número significa que los ángeles están ahí. “Puedo encontrar señales para algo que siento en una canción o en un programa de televisión cuando hablan de lo mismo”.

Las personas que aseguran tener el don de comunicarse con estos seres explican que solo sirven de canal para recibir los mensajes a través de técnicas como la relajación, la meditación, la terapia regresiva y los oráculos. “Nos comunicamos con ellos a través de las señales de energía que emanan de nuestro cuerpo y, dependiendo de estas, ellos comprenden si existe el nivel adecuado para entrar en sintonía con nosotros.

Cuando uno ora, muchas veces habla y pide, pero está pensando en las preocupaciones y es como un radio mal sintonizado, el mensaje no se entiende. Por eso hay que relajar la mente y calmar las emociones”, afirma Zeller, quien añade que algunos miembros de su familia tienen dones similares y que después de estudiar Reiki, o terapia de sanación con imposición de manos, decidió dedicarse a esto. En cada sesión es testigo de milagros, “como el adolescente que se da cuenta de que existe para algo grande”. Pero el más emocionante que ha presenciado fue cuando lo visitó una paciente con un tumor cerebral que sanó: “Estaba lista para una cirugía y cuando iniciamos la terapia percibí imágenes oscuras, vi la casa donde pasó su infancia, sentí un olor putrefacto y ella experimentó lo mismo.

Tenía problemas guardados en la relación con su mamá y al realizar un proceso de perdón desbloqueó esa energía”. Por su parte, cuando a Eliana Sánchez le hacen preguntas sobre este tema nunca se apresura a responder: “Siempre espero que ellos me inspiren”. Cuenta que trató de hacer caso omiso a su don, aunque hacía Reiki en sus ratos libres de su labor como gerente de un cultivo de flores, pero las cosas cambiaron cuando un día un amigo de su papá la visitó para una sesión. “En el momento en que estaba trabajando, una voz me dijo que le pusiera las manos sobre el estómago. Siempre me hacía la loca y continuaba en lo mío, pero esta vez seguí las instrucciones. La voz me dijo que le preguntara al señor por lo que le había pasado con su papá cuando tenía 8 años y él empezó a llorar, a soltar lo que tenía”.

Ese fue el llamado que la llevó a certificarse con Doreen Virtue, la gurú norteamericana en este campo.?Saben que creer en estas historias es difícil, y no niegan que hay quienes no hacen un trabajo serio y sí buscan lucrarse. Después de todo, los precios de una terapia pueden ir desde 80.000 hasta 400.000 pesos. “Pero la idea no es tener una gallina de los huevos de oro eterna, no se busca generar dependencia, como lo llegan a hacer otras terapias; la idea es que las personas aprendan a desarrollar su propio proceso”, advierte Zeller.

Para él, desde los años 60 la humanidad acepta más este tipo de manifestaciones para ampliar la conciencia con prácticas espirituales como el channeling o canalización. “El ser humano está despertando; debido a los problemas del planeta se ha dado cuenta de que algunas cosas no funcionan”. Sánchez agrega que “estamos en la era de acuario, donde priman las artes y todas las experiencias de desarrollo de los sentidos”. Estos terapistas aconsejan agudizar los ojos y los oídos: las señales de que alguien tiene algo que decirnos están por doquier.

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