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¿La felicidad en pastillas?

¿La felicidad  en pastillas?

Porque su pareja lo dejó o le fue mal en el trabajo… cada vez más personas consumen antidepresivos sin estar realmente deprimidas, solo para evitar la tristeza.

Las cifras lo dicen todo. La depresión mayor es una enfermedad común que afecta a 11,5 millones de personas, “una de cada veinte al año”, advierte la psiquiatra Ana Millán. “Se presenta en relación de dos mujeres por cada hombre y del seis al ocho por ciento de los pacientes de consulta médica general tienen la enfermedad”. En Europa se habla de que la crisis económica ha conllevado el aumento del consumo de antidepresivos y, en Estados Unidos, el National Center for Health Statistics afirma que ha habido un incremento del cuatrocientos por ciento en el uso de estos medicamentos desde 1988, y que el veintitrés por ciento de quienes consumen son mujeres entre los 40 y los 50 años.

La depresión es sin duda una realidad, que para el 2020, según explica Millán, se convertirá en la segunda causa de morbilidad en el mundo. Sin embargo, los expertos alertan sobre el hecho de que muchas personas consumen fármacos de este tipo sin recomendación previa de un especialista. De hecho, menos de un tercio de los usuarios de antidepresivos en Norteamérica han consultado a un experto, lo cual indica que impera la automedicación. “Es altamente riesgoso que no se consulte a un médico. Se trata de drogas que hay que consumir bajo la supervisión de un experto”, han señalado los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos.

Sin duda hay quienes exageran con tal de ser felices. “Que es mejor el Cipralex”, “que el Xanax funciona más que el Prozac”, o “que la opción número uno es el Effexor”, son conversaciones que se han vuelto habituales en las reuniones de amigas, como si se estuviera hablando de las dietas o de la última película, sin tener en cuenta la opinión de un especialista. Y es que cada vez es más frecuente que las personas tomen antidepresivos porque quieren evitar la tristeza que les produce la llegada del invierno con sus días grises, soportar a un jefe demasiado demandante en el trabajo, los conflictos de pareja y hasta para menguar los efectos del síndrome premenstrual, pero sin ninguna consulta con un experto. Todo para prevenir la depresión o evitar la tristeza.

Aprender a diferenciar

Pero resulta que la depresión y la tristeza son cosas bien distintas. “La depresión puede presentarse como una incapacidad para disfrutar la vida de manera persistente (a partir de dos semanas de duración) con al menos tres de los siguientes síntomas: cambio de peso o de apetito, insomnio o somnolencia, cambios motores, fatiga, sentimientos de culpa excesivos, poca concentración e ideas de muerte, de suicidio. Estos cambios afectan la funcionalidad personal, laboral, académica y social de los pacientes. Es una enfermedad médica y como tal tiene tratamiento y curación. Pero no es estar triste. Tampoco es falta de voluntad, ni es un problema de carácter, ni de falta de personalidad”, aclara Millán.

En la actualidad muchas personas han convertido los antidepresivos en su salvación a la hora de afrontar los cambios y retos normales de la vida. Un artículo del diario The Sunday Times llama la atención sobre el hecho de que se tome antidepresivos no para curar el mal sino para prevenirlo: “Debemos estar ocupados, estresados y felices”, son las palabras del fallecido sociólogo David Riesman, citadas en el texto para explicar la necesidad de pasar lo más rápido posible sobre los problemas con cualquier ayuda para no sentirlos.

“Se está medicalizando mucho el sufrimiento”, fue la opinión de la doctora Marisa Samitier en el Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia. “Si bien hace unos años las personas entendían que había que sufrir, ahora vivimos en una sociedad donde la tolerancia al sufrimiento es menor. Todo se medicaliza, en lugar de afrontar los problemas que nos depara la vida”.

Tomarlos a la ligera
Quienes a toda costa quieren evitar el sufrimiento piensan en los efectos terapéuticos de los antidepresivos, como la elevación del ánimo, la eliminación de sentimientos de culpa, inutilidad y desesperanza, el incremento de la actividad física, la mejoría de la memoria y una mayor claridad de pensamiento. “Sin embargo, es siempre recomendable que sean prescritos por un médico psiquiatra, porque cada persona puede tener ciertas respuestas ante determinados medicamentos y porque hay que tener en cuenta el estado general de salud del paciente, qué medicamentos toma para otras patologías médicas, qué enfermedades padece y cuál es su historia previa. Las depresiones no son iguales, así como no lo son los pacientes. Eso lo define el criterio médico”.

Pero si bien ellos piensan en los beneficios, no tienen en cuenta los efectos secundarios, entre los más suaves las náuseas, la diarrea y el dolor de cabeza, o los cambios de peso. Algunos expertos han mencionado otras consecuencias más graves, como los problemas de apetito sexual y hasta el aumento del riesgo de sufrir accidentes de tráfico, de acuerdo con el Journal of Clinical Psychiatry. Tampoco faltan los que, sin saber, los mezclan con alcohol, una combinación que puede llegar a ser letal. Según The Sunday Times, las ventas de tranquilizantes como el Xanax se han incrementado en veintitrés por ciento, lo cual lo cataloga como el medicamento psicofarmacológico estrella del mercado, sin considerar que las benzodiacepinas pueden generar adicción. Por si esto fuera poco, hace algunos años dio de qué hablar el documental del cineasta Robert Manciero titulado ¿Prescripción: suicidio?, que reflejaba cómo algunos niños habían aumentado sus ideas suicidas y otros las han llevado a cabo debido, en parte, a los antidepresivos. Incluso en juicios relacionados con hechos violentos se ha absuelto a los agresores con la disculpa de que estos medicamentos causaron tal alteración. Lo cierto es que los antidepresivos no deben tomarse a la ligera.

“En nuestro medio la alternativa terapéutica más utilizada es la farmacológica, lo que se refleja en una impresionante tendencia al aumento en el consumo y gasto de medicación antidepresiva, no siempre justificado ni correctamente evaluado”, expresó al diario español El Mundo el doctor Carlos Calderón, al hablar de los efectos de la crisis económica en la salud mental de los europeos.

Algunos especialistas aseveran que muchos pacientes no tienen en cuenta que la terapia es uno de los tratamientos más recomendados contra la depresión y prefieren ir directo a las pastillas. Pero, como concluye Millán, estas no son una fórmula mágica para la satisfacción personal: “Los antidepresivos no dan felicidad ni resuelven problemas, permiten mejorar el ánimo y lograr la claridad mental necesaria para tomar decisiones.

En últimas, la mejor receta para evitar el estrés, la ansiedad y la depresión es un estilo de vida saludable que incluya rutina de ejercicio cardiovascular, alimentación balanceada, sueño y descanso adecuados, fijarse metas realistas, partir y fraccionar las tareas y tener actividades sociales que eviten el aislamiento y una relación de pareja adecuada que incluya una sexualidad satisfactoria”. La experta agrega entre estos ingredientes el hecho de “buscar ayuda en momentos de crisis, ser capaz de confiar en familiares y amigos y evitar tomar decisiones relevantes hasta sentirse mejor”.

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