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Romance prohibido

Romance prohibido

La reciente historia de un profesor inglés de 30 años que se fugó con su alumna de 15 recuerda que estos casos abundan y que los menores no siempre están aprendiendo en el salón de clase.

“Los libros permanecían abiertos, pero el amor, más que la lectura, era el tema de nuestros diálogos, intercambiábamos más besos que ideas sabias”. Con esas palabras escritas en la Edad Media, el prestigioso teólogo y filósofo Abelardo expresó cómo eran las lecciones privadas que impartía a Eloisa, una quinceañera dos décadas menor que él. Cuando el tío de la joven, un canónigo de la Universidad de París, se enteró del affaire, ella estaba embarazada y se desató un escándalo. Cuenta la leyenda que Abelardo fue castrado por venganza y que buscó la paz convirtiéndose en monje. Por su parte, Eloisa entró a un convento, pero nunca dejó de recordarle su amor mediante ardientes y dulces cartas.

El romance de Abelardo y Eloisa es una de las grandes historias de amor de todos los tiempos. Su halo romántico hace suspirar todavía a los que sueñan con amores prohibidos. Pero en la realidad poco hay de esto y se podría decir que Abelardo tenía serios problemas psicológicos por haberse metido con su estudiante. En la literatura y el cine no faltan metáforas seductoras como la de Lolita. Sin embargo, padres de niños y niñas que han caído en los brazos de personas mayores encargadas de su enseñanza no le ven nada de inspirador a estos relatos, pues han vivido verdaderas pesadillas.

Así lo ha expresado Danielle Willson, una mujer inglesa de 37 años que pasó por un infierno cuando su hija, Megan Stammers, de 15 años, desapareció en septiembre con su profesor de matemáticas. Se trata de Jeremy Forrest, casado, de 30 años, un músico amateur que supuestamente le daba lecciones a la niña después de clase. Los enamorados aparecieron días después en Francia, agarrados de la mano y el docente fue capturado gracias a los avisos de la Interpol. La máxima sentencia para este caso es cinco años de prisión y una multa de 75.000 euros.

Antes de fugarse, la pareja había dejado suficientes pistas de lo que planeaba: él escribió en su cuenta de Twitter un extraño texto acerca de que pensaba sacrificar su cordura por amor. Por su parte, ella le habría escrito mensajes de este tipo: “Solo quiero subirme a un tren para irme a algún lugar contigo”. Al parecer el romance empezó cuando Megan tenía 14 años. De hecho, ambos habían participado en un viaje escolar a Los Ángeles, del colegio Bishop Bell de Eastbourne, y Sussex ya tenía sus ojos puestos en Forrest.

Aunque la joven lucía feliz, de regreso a su hogar manifestó su gratitud a las personas que habían mostrado apoyo a sus padres en las redes sociales a raíz de su desaparición. ¿Puede dudarse entonces de que el romance haya sido consentido por ella? Abrazados y agarrados de la mano, así se veían. Pero lo que hay de fondo no es si Megan disfrutaba de la compañía de su profesor, sino qué hace que un hombre mayor llegue al extremo de meterse con su estudiante y no pueda entender que su labor debe limitarse a lo profesional. “Entiendo cómo se debe sentir para haber huido con un hombre al que le pagan por protegerla”, dijo al diario inglés The Telegraph una mujer que cuando fue adolescente tuvo una relación con su profesor e incluso quedó embarazada. Ella describe a su examante como el típico maestro que quiere ser querido por sus estudiantes y se involucra demasiado con ellos.

Los expertos en salud mental suelen definir a los profesores que se relacionan de manera íntima con sus estudiantes como personas inmaduras. “Esto es lo que vemos en tutores que tienen vínculos inapropiados con sus alumnos: imaginan que son compañeros de sus estudiantes”, explicó hace algún tiempo la psicoanalista Bethany Marshall a ABC News. “Se identifican con la edad mental de la víctima. Esto es lo que vemos en paidofilia, en patrones de abuso, en profesores que tienen relaciones sexuales con sus pupilos”. Según Marshall, estas relaciones son a veces durables porque entre los amantes se genera una especie de paranoia de que el mundo está en su contra y deben luchar para defenderse, lo cual crea un lazo muy poderoso. Y aunque se trata de una patología, llama a estas personas “predadores sexuales”. Así calificó a James Hooker, un hombre de 41 años que a principios del 2012, en California, dejó a su esposa e hijos, incluida una joven de 17, para vivir con su amante adolescente, Jordan Powers, de 18 años. La pareja juró que no habían tenido relaciones sexuales cuando la joven era menor, pese a que se conocieron cuando ella tenía 14 años. La mamá de la joven no se come el cuento, pues tiene de evidencia más de ocho mil mensajes de texto que los enamorados habrían intercambiado. Lo peor de esta historia es que luego se comprobó que en 1998 él había tenido un romance con una alumna de 17.

La situación se ha vuelto alarmante, pues en el 2004 el Departamento de Educación de Estados Unidos estableció que más de 4,5 millones de estudiantes eran objeto de conductas inapropiadas en algún momento entre kinder y el último año escolar. Entre 2001 y 2005, aproximadamente 2.600 docentes fueron despedidos o sancionados por alguna conducta sexual con alumnos.

Lagunas afectivas
“En Colombia no es un fenómeno frecuente. Quizá se vea un poco en los colegios de niñas cuando no tienen contacto con compañeros del sexo opuesto y buscan afecto en la figura del profesor”, explica la psicóloga Annie de Acevedo, quien recuerda una sabia frase de su abuelo: “Uno se enamora de lo que ve todos los días”. Según ella, “muchos niños con necesidad de aprobación generan un vínculo muy estrecho con profesores por la constante proximidad física. Tienen una necesidad afectiva muy grande. Generalmente los profesores son sustitutos de los padres y cuando les ha faltado alguna figura paterna se pueden presentar estos problemas, también por la impulsividad propia de la adolescencia. Pero como esta es una calle de doble vía, la patología más grande hay que buscarla en el adulto, una persona que no sabe relacionarse con sus iguales, que necesita que la admiren”.

Para la psicóloga educativa Judy Prada, “muchos hombres entrados en los 30 repiten la adolescencia, especialmente si se sienten fracasados quieren volver a sentir intensamente como en las viejas épocas”. Afirma que es común que “la gente se case con un papá o con un hijo, necesitan proteger o protección. Se trata de llenar necesidades no satisfechas en la primera infancia. Un adulto que se relaciona con una niña pudo tener un vínculo problemático con la mamá, quizá vivió un ambiente muy restrictivo y de adulto se dio permiso de experimentar una locura, o quiere tener el control. Es sin duda una distorsión en los afectos”.

Hace algunos años Pamela Diehl-Moore, una profesora de escuela media de 43 años, se declaró culpable de tener relaciones sexuales con un estudiante de 13 años, de séptimo grado. El veredicto del juez fue absolverla porque no veía qué daño había causado teniendo en cuenta que hubo “un clic” entre ambos, alumno y maestra. “¿Clic con un niño de 13 años?”, se preguntaba entonces el periodista David Kupelian en un artículo titulado “What’s Behind Today’s Epidemic of Teacher-Student Sex?”. Según él, es inaudito que el juez haya asegurado que el niño solamente había buscado una forma de “satisfacer sus necesidades sexuales” y que no se había producido daño psicológico porque había sido sexo de mutuo acuerdo. Kupelian detecta cierto machismo en este tipo de historias: “Muchos no ven problema en que una profesora tenga relaciones sexuales con un alumno. Nuestra sociedad le dice al niño: ‘Felicitaciones, todos fantaseamos con tener sexo con una mujer mayor’”. 

Las autoridades no pensaron lo mismo en el caso de Mary Kay Letourneau, el más publicitado de todos. En 1997, esta mujer de 34 años fue arrestada por acostarse con su alumno, Vili Fualaau, de 13. Ella, quien estaba casada y tenía cuatro hijos, quedó embarazada de su joven amante. Fue condenada a siete años de prisión, pero salió a los pocos meses por buena conducta, aunque con una orden de restricción para no acercarse a Fualaau. Sin embargo la encontraron en su carro teniendo relaciones sexuales con él y esta vez sí fue a pagar la condena completa. Pero otra vez quedó embarazada.

Muchos piensan que esta es una historia de amor verdadero, aunque exótica, que tuvo un final feliz: Fualaau esperó que la mujer de su vida saliera de la cárcel, y se casó con ella. Las encargadas de entregar los anillos fueron las dos hijas de la pareja que habían sido criadas por la abuela paterna. Eso sí, los esposos sacaron provecho de su escándalo: escribieron un libro titulado Solo un crimen, el amor, que se convirtió en película. Y las fotos exclusivas de su boda las obtuvo Entertainment Tonight, que habría pagado 750 mil dólares por adquirirlas.

Charol Shakeshaft, la experta encargada de hacer el estudio en el 2004, explica que “los abusadores sexuales usan estrategias para atrapar estudiantes. Les mienten, los aíslan, los hacen sentir cómplices. Escogen niños vulnerables, estudiantes marginados que se sienten agradecidos por tener la atención del profesor”. Aparecen como los más amigables y ha habido casos como el de Silvia Johnson, una profesora acusada de hacer fiestas en su casa con sus alumnos, en las que les repartía alcohol para ganárselos y habría tenido encuentros sexuales con algunos de ellos.

El reporte aclara que no siempre se trata de paidófilos, pero que el adulto se gana al alumno brindándole atención y recompensas, para dar el paso hacia el contacto sexual cuando haya garantizado la fidelidad de la víctima. Muchos niños no reconocen el abuso y creen que se trata de amor. En ocasiones son amenazados con frases como “si hablas nadie te va a creer”, o los manipulan con que “si dices algo me voy a meter en problemas”.

Pese a que los varones no suelen sentirse víctimas cuando esto ocurre, las consecuencias mostrarán posteriormente lo peor de la situación. Serán adultos con dificultades para relacionarse con sus pares, y que preferirán la pornografía y los encuentros ocasionales.

Hoy, a los 49 años, Mary Kay Letourneau insiste en que no es lo mismo que un profesor se relacione con una alumna, a que sea una maestra la que se interese en un jovencito. Quizá lo hace para defenderse o tal vez porque tiene dos hijas menores y no le gustaría que un profesor las sedujera. Cuando le hablan de las niñas no duda en decir que su consejo para ellas, antes de empezar su vida amorosa, es “que esperen”.

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