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Christine Lagarde: La domadora de los bancos

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Christine Lagarde: La domadora de los bancos Foto: AFP

Fue entrenada desde niña con una estricta disciplina que la ha llevado a ser la primera mujer que ocupó el cargo de ministra de Economía de Francia y, luego, la primera directora del Fondo Monetario Internacional. Es una convencida de que las mujeres son mejores líderes en tiempos de crisis.

Los errores de ortografía eran reprendidos, los codos sobre la mesa una falta imperdonable a la hora de comer. Sus padres eran sus profesores de idiomas y por eso tuvo que aventurarse a aprender desde niña latín, griego, inglés y español, además de su natal francés. Estudió en la escuela Holton Arms, en donde le impregnaron el corazón con el lema “encontraré un modo o yo misma lo crearé”, y cuando ya la infancia amenazaba con desvanecerse formó parte del equipo francés de nado sincronizado, en el que aprendió a dar lo mejor como individuo en el trabajo en grupo.

Este cuadro estricto de los primeros años de vida de Christine Lagarde, la actual directora del Fondo Monetario Internacional, podría ser más eficaz revelando el tipo de mujer que es, que enumerar la cadena de importantes cargos que ha desempeñado. Al final, este retrato de infancia revela esa recia disciplina, esa clase burguesa y católica de la que proviene, y delata sobre todo cómo fue entrenada para ser excepcional y lograr ostentar así varias veces el título de ser “la primera mujer que…”.

“Christine Lagarde se convirtió en la primera mujer en estar al mando de Baker & McKenzie, la prestigiosa firma de abogados oriunda de Chicago. Fue, de nuevo, la primera de su género en lograr ser la ministra de Economía y Finanzas en el Gobierno de Francia, lo cual influyó mucho en el proceso de internacionalización de la economía francesa en el campo de las exportaciones de valor agregado, y ahora ha llegado a ser la primera mujer que preside el FMI y que tiene bajo sus manos los designios de la economía mundial”, explica Fabio Moscoso, analista internacional y experto en economía, quien agrega que el principal reto que tendrá que lidiar esta mujer de pelo plateado, que es tratada en las reuniones económicas mundiales con la atención de una estrella de rock, es ajustar los países en crisis a las rigurosas políticas del FMI, en especial en lo que se refiere al gasto público.

“Para el caso de los países europeos acostumbrados a un Estado de bienestar, la política del FMI es una píldora amarga para el conjunto de la sociedad que casi nunca es bien recibida por los ciudadanos, y de eso tendrá que ocuparse Lagarde”, explica el experto.

 Que el mundo y su economía esté en una profunda crisis y que eso coincida con que una mujer asuma los designios del sistema monetario internacional es, a los ojos de la misma Lagarde, algo que va más allá de una mera coincidencia. Por el contrario, ella, que no ha tenido problema en decir que esta profunda depresión se debió a un exceso de testosterona, asegura que las mujeres siempre son abocadas a convertirse en líderes cuando el barco está a punto de hundirse.

“Las mujeres solemos convertirnos en líderes en los momentos más riesgosos, como si después de todo el sistema admitiera depositar su confianza en nuestra capacidad de resolver los problemas”, dijo en una entrevista en el diario Telegraph, en donde además dejó ver su inconformidad con el sistema de cuotas para promover la participación de la mujer.

Dos veces divorciada, madre de dos hijos y compañera actual del empresario marsellés Xavier Giocanti, un viejo amor de juventud a quien ve solo una vez al mes y quien asegura que es el encargado de equilibrar su PIB (Placer Interno Bruto), a la vez que Lagarde lucha con vehemencia por la regularización de los fondos de inversión y los impuestos a las transacciones financieras logra mantener un estilo impecable –no importa las horas de viaje– hecho de trajes de Chanel, carteras Hermès y ropa ejecutiva de la casa inglesa Austin Reed.

No bebe y es vegetariana, saca siempre tiempo en su agenda de giras por el mundo para ir a comprar piedras preciosas, una de sus debilidades, y quienes le son cercanos cuentan que colecciona caricaturas de sí misma. Su favorita, a la vista de todos en su despacho, es una en la que aparece vestida como una dominatriz que subyuga a un grupo de hombres banqueros, una confesión evidente de eso con lo que suele hace broma: que en donde hay muchos hombres siempre hay líos.

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