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Hillary Rodham Clinton: La estadista

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Hillary Rodham Clinton: La estadista Foto: AFP

Después de ser primera dama, senadora y secretaria de Estado, muchos analistas apuestan a que agregará a su hoja de vida ser la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Quienes la conocen la describen como una “camelladora” de energía inagotable, tanto física como intelectual, y de memoria privilegiada.

Hace muchos años, una pequeña llamada Hillary Diane Rodham le escribió una carta a la NASA preguntando ilusionada cómo podía convertirse en astronauta. La agencia le respondió que no estaba interesada en mujeres. Es cierto: la niña no cumplió su sueño, pero entre 2009 y 2013, como secretaria de Estado, viajó un millón de millas y visitó 112 países, como si hubiera ido y vuelto varias veces a la luna. Y es tan reconocida que hasta una aldea en India tiene su nombre.

Hillary Rodham Clinton, que lleva con orgullo su apellido de soltera, se retiró del cargo al inicio del segundo periodo presidencial de Obama y no ha dejado de sonar como su sucesora. Así como el vino se vuelve mejor con los años, su popularidad ha ido en aumento y recientemente ha alcanzado niveles de aprobación cercanos al 70 por ciento, lo cual muestra que no genera la polarización que en el 2008 le impidió ser la candidata demócrata a la Casa Blanca. En el 2011, según Gallup, ya superaba en rating al jefe de Estado y al vicepresidente Joe Biden, y el año pasado Forbes la nombró la segunda mujer más poderosa del mundo.

Quizá desde aquel primer rechazo “astronómico” se propuso hacer la diferencia: los estudiantes de la clase de 1965 del Maine Township High School South votaron por ella como la más opcionada para alcanzar el éxito. De adolescente creó un programa para cuidar a los hijos de inmigrantes trabajadoras y hasta lavó platos en un parque nacional de Alaska antes de estudiar derecho en Yale. Escogió esa universidad en lugar de Harvard, a pesar de haber sido admitida, pues cuando ella le manifestó su indecisión a un profesor, este le contestó: “No necesitamos una mujer más”. En su alma máter conoció a la horma de su zapato. Después de un largo intercambio de miradas, ella lo encaró: “Si vamos a seguir en estas deberíamos presentarnos”. Confiesa que se enamoró de Bill Clinton porque él no le tenía miedo.

Dos presidentes “por el precio de uno”, fue la promesa que hizo el exgobernador de Arkansas durante la campaña electoral de 1992. Luego de ser nombrada una de las abogadas más influyentes por el National Law Journal, Rodham Clinton fue por ocho años una primera dama dedicada a causas en favor de los derechos humanos y las mujeres, pero su popularidad se vio minada debido al fracaso de su reforma a la salud, calificada de ingenua. Aun así trascendió la imagen de “esposa cachoneada”, para posteriormente, en el 2000, ser la primera mujer en el Senado que representó al estado de Nueva York.

Obama truncó sus aspiraciones presidenciales para nombrarla luego como su secretaria de Estado. “La diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en las próximas elecciones y el estadista en las próximas generaciones”, expresó. Desde esa posición se convirtió en la cara de su país y trabajó como mediadora de paz entre Israel y el grupo palestino Hamas. Aunque le quedaron pendientes varias crisis del mundo árabe, fue un hito su visita a Myanmar, pues por más de medio siglo nadie en su posición la había hecho.

Al despedirse del cargo, en medio de quebrantos de salud, dijo que su primera tarea sería “recuperar 20 años de falta de sueño”. A pesar de su carácter distante, no le falta sentido del humor. Cuando publicó su biografía Living History, el periodista Tucker Carlson dijo que se comería sus zapatos si ella vendía un millón de copias. Lo logró, y en respuesta le regaló un zapato gigante de chocolate.

Ha hablado de escribir y dictar clases mientras las encuestas la muestran como la favorita para el 2016, pese a que entonces tendrá 69 años. “Tiene una estatura de estadista comparable a la de su esposo. Y aunque en política no hay nada natural, por ahora ella es la candidata ‘natural’ y nadie se le acerca”, explicó a FUCSIA Benjamín Herrera, analista internacional. De hecho, Chelsea Clinton, la hija de la pareja, dijo alguna vez que su mamá sería mejor presidente. Y si bien no fue a la luna, haría historia si llegara a convertirse en la primera jefe de Estado de su país.

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