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Carolina Herrera y su esencia en la piel

Revista FUCSIA

Carolina Herrera  y su esencia en la piel Carolina Herrera y su esencia en la piel

En una charla íntima con FUCSIA, Carolina Herrera dibuja su vida a través de las esencias de los perfumes, a propósito de 'Sublime', su más reciente creación.

Recuerda, de niña, ir caminando por las calles de Nueva York de la mano de su madre, la imponente diseñadora Carolina Herrera, siempre de pelo corto, estampa impecable y consistente en su estilo. Puede recrear con mínimos detalles cómo era ese ritual de llegar cada tanto a Bloomingdale’s, la tienda de Manhattan en donde su madre compraba la proporción perfecta de aceite de nardos y de jazmín para fabricar caseramente la fragancia que traducía su carácter en olores. 

La joven Carolina, que por sus ojos azules llamaba siempre la atención, más que entrenar su nariz para la exquisitez de la moda, como lo había hecho su mamá, creció apegada a los aromas de una infancia entrañable que transcurrió en Venezuela, entre campos y fincas, y que olía a verdor. Luego, en su juventud, fue testigo de cómo su madre convertía esa combinación peculiar y exacta de aceites en una forma de impregnar el mundo con su impronta y crear un éxito comercial lanzando el primer perfume CH, mientras que ella se dejaba seducir más bien por la jardinería, sin saber que esas flores que desprevenidamentecortaba y podaba terminarían por marcar su destino.

 Muchas vueltas tuvo que dar el destino para propiciar el encuentro oficial entre Carolina y el universo de las fragancias. En principio, ella pensó que era la ciencia lo que le interesaba, pero después de largas jornadas encerrada en un laboratorio decidió que era el cine, esa capacidad de contar historias y de atrapar la vida en imágenes, lo que de verdad quería hacer.

Su madre, por su parte, ya había hecho del primer perfume CH un clásico, había conseguido cumplir con la ambición de cualquier perfume: perdurar. Pero ahora la gran dama de la moda quería embarcarse en una fragancia que desplegara toda su estela encantadora en el mundo masculino. ¿Cómo traducir a Nueva York en un aroma? ¿Quién podría conocer tan bien esa ciudad que fuera capaz de crear una fragancia que la resumiera entre sus notas? No había que mirar muy lejos. Carolina, su hija, con todo su talento en la creación de imágenes y neoyorquina desde los 13 años, era ideal para esa misión. La fuerza, el dinamismo, la energía de la gran ciudad debían ser traducidas en una fragancia y una botella que Carolina bautizó con el código de área de Manhattan, 212. “Desde entonces lo que he hecho es traducir diferentes tipos de inspiraciones en aromas”, confiesa esta elegante mujer que ahora se desempeña como directora creativa de la división de perfumería de la marca creada por su madre.

 “Cuando lanzamos un perfume nuevo es porque hay un universo inédito por crear. Siempre digo que necesito que me dejen pensar en mi memoria olfativa, en mis vivencias, en mis relaciones, en cosas que he visto y allí va naciendo una mujer nueva”, explica Carolina, quien estuvo de paso por Colombia para lanzar Sublime, un perfume que traduce cinco características femeninas en cinco acentos olfativos. “Pensamos en una mujer eterna que relacionamos con la rosa; en una enigmática a la que acercamos a la orquídea; en una sensual, a quien vinculamos con el cuero; en una inesperada, cuya esencia tradujimos a la bergamota, y en una atractiva, a quien caracterizamos con la flor de la pasión”, explica Carolina mientras confiesa que este es un perfume con más cuerpo y carácter, más robusto, glamoroso y sensual que sus recientes lanzamientos.

 “En realidad, el universo del perfume es completamente autónomo y funciona de una manera distinta a la moda, porque la moda cambia cada seis meses, o cada menos, y el perfume es justamente lo opuesto, queremos que sea un clásico y que dure toda la vida, como el 212, que lleva 16 años en el mercado. Lo que quieres es permanecer en la piel y en el tiempo, pero además tienes otro reto y es que cuando lances uno nuevo no dejes de vender los otros, que no canibalices el mercado”.

 Con cada lanzamiento, esta mujer, ligera, muy elegante y cálida, casada con un torero español y madre de tres hijos, va tomando más notoriedad dentro del gran emporio Carolina Herrera. La razón no solo tiene que ver con que ha ganado completa autonomía en este campo y ha mostrado mucha astucia en términos de negocios, sino que está relacionada también con ese lugar privilegiado que ocupan hoy las divisiones de perfumería entre las altas casas de moda.

“Es un producto muy asequible que hace que puedas tener un pedacito de la marca sin invertir tanto dinero. Hoy es muy diferente, antes solo las señoras se perfumaban, la juventud nunca tenía una aroma particular, ahora, por el contrario, perfumarse es una actividad común a todo tipo de mujer en cualquier edad. Claro, tengo días en los que reclamo mi derecho a oler solamente a agua y a jabón, pero sé también que hay una infinidad aromática que puede sacar lo mejor de mi ánimo cada mañana, y creo que eso mismo es lo que le pasa cada vez más a muchas mujeres”.

Carolina prueba en su piel cada una de las versiones que se elaboran para llegar a la fragancia ideal. Le gusta saber cómo se transforma esa química extraña de acentos de olor cuando se componen con su humor, deja que el alma de cada fragancia se insinúe con las horas y está atenta a ver si puede soportarlas durante todo el día. Es especialmente acuciosa en notar cómo se comportan estos olores cuando hace ejercicio o cuando hay humo en un bar, y asegura que si fuera por ella, los perfumes tendrían menos variedad de notas y serían más esenciales, “pero hay que entender que los perfumes que creas salen de ti, pero no son para ti, son para esa mujer universal que está allá afuera y que debes alcanzar”. Es justamente por este complejo ir y venir de pruebas que el nacimiento de un nuevo integrante del universo CH puede durar más de un año.

Aunque ella no es en sí misma una nariz entrenada, haciendo alarde de una curiosidad que la ha llevado a recorrer la vida por lugares insospechados, Carolina ha creado un libro privado de su memoria olfativa. Cada uno de sus viajes, de las mujeres con las que se topa en los aeropuertos, de los recuerdos del olor de las estolas que usaba su madre, de sus paseos a los campos cercanos a Madrid con sus hijos, se traducen en pequeños papelitos impregnados de olor que conserva en una especie de diario en el que frases, fotografías y objetos se intercambian con el registro de aromas. Es la bitácora que le ayuda a saber qué caminos olfativos debe emprender, también le ayuda a conceptualizar a esa mujer que quiere vestir con su nuevo perfume. “Nunca hago propiamente viajes de inspiración porque creo que moriría de estrés buscando aquello que me sobrecogiera, soy, como lo dice Anton Chejov en una biografía que estoy leyendo, de las que encuentra inspiración en la taza de café que le sirven por la mañana”.

Este libro, un compañero de vida, tuvo una connotación especial en el lanzamiento de Sublime, porque le ayudó a Carolina no solo a encontrar los acentos perfectos sino a pensar en crear cinco accesorios que tradujeran el perfume en objetos. “La botella es una clara alusión a una de las carteras estructuradas que ha hecho mi madre, así que pensamos que podríamos arriesgarnos a llevar esa idea más lejos y quisimos que unos guantes, un cinturón, un clutch, una diadema y unos zapatos fueran complementos de Sublime”, explica Carolina, quien ha encontrado en su trabajo una forma especial de estar cerca a su madre, quien vive en Nueva York.

Así, la historia vital de Carolina puede recorrerse a través de esa amplia gama de olores que despliegan los perfumes que ha creado. Es una vida contada a través de frascos de perfumes que se convierten en compañeros de vida no solo de ella, sino de cientos de mujeres. Frascos que tienen, justamente, la capacidad de colarse en la habitación de tantas de ellas porque quizás contienen algo profundamente evocador y universal, y es que, como Carolina lo confiesa, llevan siempre implícito un elemento que hace recordar esos días felices de la infancia cuando los primeros olores asociados a la madre empezaban a despertar la cabeza y a sacudir el corazón.

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