Mística
Historia del Tarot: las cartas que pasaron de ser un juego a la adivinación
Durante siglos, esta baraja ha despertado curiosidad por sus símbolos, personajes y misterios. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de que se relacionaran con la lectura del futuro.

Si alguna vez te han leído el tarot, probablemente reconoces algunas de sus imágenes más famosas: El Sol, La Luna, Los Enamorados, La Muerte o El Diablo. Cada una parece tener una historia propia y, dependiendo de la lectura, puede adquirir significados completamente distintos. Esa mezcla de símbolos, intuición y misterio explica buena parte de la fascinación que el tarot nos provoca.
Lo curioso es que las cartas no nacieron como una herramienta para predecir lo que iba a ocurrir. Su historia comenzó en la Italia del Renacimiento, donde aparecieron como un juego de cartas para las cortes de la época. Con el paso de los siglos, sus imágenes adquirieron nuevas interpretaciones y el tarot terminó entrando en el mundo de la cartomancia y el ocultismo. El Victoria and Albert Museum de Londres incluso conserva algunos de los ejemplares más antiguos y documenta precisamente esa transformación.
Del entretenimiento a la adivinación: así nació el Tarot
Los primeros tarots europeos aparecieron durante el siglo XV, probablemente en Italia, y los registros históricos los relacionan con juegos de cartas. Los mazos incorporaban cartas adicionales, conocidas como triunfos, que se sumaban a los cuatro palos habituales. En aquella época, las imágenes tenían una función principalmente lúdica y estaban ligadas al gusto de las cortes italianas por las ilustraciones alegóricas.
La idea del tarot como herramienta para conocer el futuro apareció varios siglos después. Hacia finales del siglo XVIII, algunos autores franceses comenzaron a relacionar estas cartas con la adivinación y les atribuyeron significados ocultos. Uno de los nombres fundamentales en ese proceso fue Jean-Baptiste Alliette, conocido como Etteilla, quien desarrolló un método de lectura específicamente pensado para la cartomancia.
A partir de entonces, el tarot empezó a codearse con la astrología, la numerología, la tradición esotérica y otras corrientes de pensamiento místico. Algunas teorías llegaron incluso a afirmar que las cartas tenían un origen en el antiguo Egipto, aunque el Victoria and Albert Museum señala que esa procedencia no cuenta con evidencia histórica que la respalde.

El tarot que conocemos actualmente suele estar compuesto por 78 cartas: 22 pertenecen a los llamados Arcanos Mayores y 56 a los Arcanos Menores. Los primeros incluyen figuras e imágenes como El Loco, El Emperador, La Torre, La Estrella o El Mundo, mientras que los segundos se organizan en cuatro palos: espadas, copas, monedas u oros y bastos.
Los Arcanos Mayores suelen ocupar un lugar especial durante las lecturas porque sus imágenes representan personajes, situaciones y conceptos cargados de simbolismo. Los Menores, por su parte, se relacionan con aspectos más cotidianos de la experiencia humana y permiten construir interpretaciones más específicas dentro de una tirada.
Aquí aparece una de las razones por las que el tarot puede resultar tan atractivo incluso para quienes no lo consideran una herramienta de adivinación: sus imágenes funcionan como un lenguaje visual lleno de símbolos. Una misma carta puede provocar asociaciones diferentes dependiendo de la persona, la pregunta y las cartas que aparezcan a su alrededor.
El mazo que cambió la forma de leer el tarot
Si hoy buscas un tarot para empezar a familiarizarte con estas cartas, es muy probable que encuentres una versión inspirada en el Rider-Waite-Smith. Este mazo apareció a comienzos del siglo XX y tuvo una enorme influencia sobre la estética del tarot moderno.
Arthur Edward Waite desarrolló el concepto del mazo y la artista Pamela Colman Smith creó las ilustraciones. La primera edición apareció en 1909 y tuvo una particularidad que marcó la historia posterior del tarot: sus cartas de los Arcanos Menores también incorporaron escenas ilustradas, lo que facilitó que cada imagen pudiera interpretarse visualmente.
De ahí vienen muchas de las representaciones que hoy reconocemos inmediatamente. La figura de La Muerte, por ejemplo, aparece como un esqueleto montado a caballo; El Sol muestra un niño sobre un caballo blanco y La Torre representa una estructura alcanzada por un rayo. Con el tiempo, artistas de distintas épocas han tomado estas imágenes como punto de partida para crear sus propias versiones.

Ahora, si te preguntas si el tarot realmente predice el futuro, conviene separar la tradición espiritual de lo que podemos comprobar históricamente. Las lecturas de tarot forman parte de prácticas de adivinación y muchas personas las utilizan para buscar orientación o interpretar situaciones personales; sin embargo, no existe evidencia científica que demuestre que las cartas puedan predecir acontecimientos futuros.
Eso no ha impedido que el tarot siga evolucionando. De hecho, en los últimos años ha recuperado protagonismo entre nuevas generaciones y también ha llegado a espacios inesperados: artistas, diseñadores y creadores han reinterpretado sus símbolos, mientras las redes sociales han acercado las lecturas a personas que quizá nunca habían tenido contacto con ellas. El propio Museo V&A señala el renovado interés contemporáneo por estas cartas y la cantidad de nuevas propuestas visuales que han surgido alrededor de su imaginario.
Por eso, detrás de una lectura de tarot hay una historia bastante más amplia que la de intentar averiguar qué ocurrirá mañana. Son casi seis siglos de imágenes, juegos, creencias, interpretaciones y reinterpretaciones que explican por qué seguimos barajando las mismas 78 cartas y encontrando algo distinto en ellas cada vez.




