Gafas
Cómo las gafas pasaron de ser un accesorio funcional a convertirse en una pieza más del estilo personal
Entre clásicos atemporales y propuestas más arriesgadas, el mercado revela nuevas formas de elegir qué llevar en el rostro. Eduardo Paulsen Huelsz, CEO de Ben & Frank, habló con FUCSIA sobre este cambio y qué buscan los consumidores.

Las gafas han empezado a ocupar un lugar destacado en la industria de la moda. Ya no funcionan únicamente como una respuesta a una necesidad visual, sino como uno de esos elementos capaces de modificar la expresión de un rostro y elevar completamente un look. La industria lo ha entendido y las pasarelas, las celebridades y el street style han convertido las monturas en un territorio más de experimentación.
El fenómeno no responde a una única silueta; en 2026 conviven los marcos delgados y de inspiración noventera con formas oversized, óvalos retro y propuestas más contundentes. También crece el interés por diseños que incorporan color, acabados translúcidos y proporciones más llamativas. El runway ha mostrado cómo el eyewear se ha convertido en un punto de encuentro entre moda, lujo y funcionalidad, y también ha permitido identificar el regreso de formas vintage y de tonos más brillantes.
Esa transformación fue precisamente el punto de partida de Ben & Frank, la marca mexicana que nació en 2015 con la intención de unir dos mundos que tradicionalmente habían funcionado por separado: la óptica y la moda. Eduardo Paulsen Huelsz, CEO y cofundador de la compañía, explicó para FUCSIA que, cuando comenzaron con el proyecto, encontraron una industria en la que la experiencia de compra estaba dominada por lo clínico y en la que la moda ocupaba un segundo plano. La apuesta de sus fundadores fue convertir las gafas en algo más cercano a una elección de estilo, sin dejar de lado la función óptica.
“Y esto sucede porque generalmente las marcas no diseñan la experiencia; las marcas diseñan generalmente nada más las monturas y después las comercializan. Entonces, nosotros básicamente lo que decidimos hacer es juntar los dos mundos y ser la óptica y la marca al mismo tiempo”, comenta.

Después de varias temporadas dominadas por códigos minimalistas, la moda de 2026 está recuperando el gusto por la expresión personal, el color y los accesorios capaces de aportar carácter a un outfit. Y las gafas tienen una ventaja frente a otras piezas en este propósito: permiten probar una tendencia sin tener que modificar por completo el armario. Sin embargo, a diferencia de otras categorías del vestir, las gafas no siguen necesariamente el ritmo acelerado de las marcas de moda en categorías como el ready to wear.
Eduardo PaulsenEn la industria de lentes eso es más lento, generalmente son cambios mucho más lentos y entonces existen como los clásicos que son bastante atemporales y eso generalmente se ve más en esta industria, entonces a nosotros nos pasa que cuando un lente se vende bien, se vende bien por muchos años. Entonces generalmente son tendencias mucho más lentas. Vemos, por ejemplo, ahora nuestra colección ha cambiado durante el tiempo en donde ahora tenemos mucho más colores que antes. Poco a poco se ve que hay algo de movimiento hacia allá, pero te digo que son cambios mucho más lentos
Para el cofundador de la marca, esa diferencia explica por qué los clásicos continúan teniendo un peso importante. Una montura que funciona puede mantenerse entre las preferencias durante años, incluso mientras aparecen nuevas formas alrededor. La evolución ocurre, pero no necesariamente implica abandonar todo lo anterior.
De hecho, algunos de los modelos que mejor funcionan dentro de Ben & Frank se alejan precisamente de esa idea de la montura básica. Paulsen menciona entre sus referencias más vendidas los diseños redondos e incluso hexagonales, además de tonos como el olivo y el rojo. “Lo que buscamos es que puedas encontrar diseños que no encontrarías en una óptica más tradicional”, señala.
Esa relación entre creatividad y negocio termina siendo una de las reflexiones más interesantes al ver cómo se mueve esta categoría en el mercado. Paulsen, matemático de formación, considera que uno de los mayores desafíos para las marcas de moda consiste precisamente en conseguir que la identidad creativa y la estructura empresarial trabajen en conjunto. Una puede tener una estética impecable y no ser un negocio sostenible; la otra puede tener una operación sólida y carecer de una identidad reconocible.
En Latinoamérica, además, la evolución parece tener puntos de encuentro: “Desde la parte de moda, creo que Colombia es bastante parecida a México en general; culturalmente es bastante afín, incluso más que Chile. Por ejemplo, lo que se vende en Colombia y lo que se vende en México es muy similar”.
En Colombia, esa conversación entre moda y función se encuentra además con un consumidor que, según Paulsen, tiene un nivel de conocimiento óptico “más sofisticado”. Aunque las preferencias de diseño son muy similares a las de México, el consumidor colombiano suele preguntar con mayor detalle por los materiales, los tratamientos y las características de los lentes. Uno de los ejemplos que menciona es el mayor interés por los lentes de alto índice, que permiten conseguir una apariencia más delgada y ofrecen determinadas ventajas ópticas al mismo tiempo.
Pero quizá uno de los cambios más reveladores está en la actitud frente al espejo. Paulsen asegura que el consumidor promedio no necesariamente entra a una tienda preguntando por la montura más liviana o por la característica técnica más sofisticada. Primero quiere verse bien. “Busco los lentes que creo que se me ven mejor o que pueden como cambiarme un poco y también expresar un poco lo que quiero”, explica.
Ese deseo de verse diferente también está modificando la experiencia de compra. Según Paulsen, buena parte de los consumidores llega buscando una montura similar a la que ha usado durante años, pero cambia de opinión cuando empieza a probar otras formas y colores. “Pruébate uno, luego otro, ve cómo se te ven unos redondos, pruébate unos rojos... La idea es experimentar y para eso están nuestras tiendas”, cuenta sobre la dinámica que buscan generar en sus puestos de atención. Para el CEO, uno de los mayores logros está precisamente en conseguir que alguien se anime a llevar algo que nunca antes habría elegido.
La evolución de los gustos del consumidor, sin embargo, no implica que la categoría esté destinada a perseguir cada tendencia que aparece en las pasarelas. Paulsen explica que Ben & Frank mantiene ciertos códigos creativos y que existe una dirección de diseño independiente de las decisiones comerciales. Majo, cofundadora y diseñadora de moda de la compañía, tiene la última palabra sobre la línea creativa, una estructura que, según él, resulta fundamental para evitar que el crecimiento termine diluyendo la identidad de una marca.

La expansión de Ben & Frank por Latinoamérica también responde a una lectura de un mercado que, para la compañía, todavía tiene espacio para crecer. La marca llegó primero a Chile y posteriormente a Colombia, donde actualmente cuenta con 17 tiendas. Paulsen asegura que la apuesta está puesta en consolidar su presencia en los países donde ya opera, antes que en salir del continente, y proyecta que Colombia podría alcanzar entre 40 y 50 tiendas en los próximos años.
Pero el crecimiento, en su lectura, no consiste únicamente en abrir más puntos de venta. También implica mantener la experiencia y el nivel de servicio que sostienen la relación con el consumidor. “Creemos que sobre el crecimiento futuro, el mejor predictor es que la gente que te compra hable bien de ti”.
Y quizá ahí está una de las claves de hacia dónde se dirige esta categoría. Mientras las tendencias continúan recuperando referencias de otras décadas, incorporando color y jugando con nuevas proporciones, el verdadero cambio ocurre en la libertad con la que cada persona decide llevarlas. Las gafas pueden seguir siendo un objeto necesario, pero cada vez tienen más posibilidades de convertirse también en una elección deliberada y un statement de estilo.
