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Amor y atención Adolfo Zableh/ Foto: Juan Moore

"Sales de tu casa prevenido, con el corazón cerrado porque enfrentarse al mundo es exponerse a que te jodan, y a veces la sonrisa de alguien es suficiente para desarmarnos y volver a creer."

Fui con una amiga a ver Lady Bird, la historia de una joven que termina el colegio y se va a estudiar la universidad a Nueva York; algo cotidiano pero contado con tal maestría que resulta memorable de principio a fin. 

En una escena, una monja del colegio lee el ensayo que la protagonista hace sobre Sacramento, ciudad donde vive y que supuestamente odia, y le dice que se nota que lo escribió con mucho afecto y cuidado. Lady Bird, sorprendida, responde que ella solo puso atención, a lo que la hermana responde: “¿No crees que quizá son la misma cosa? ¿Amor y atención?”; fue oírla y conmoverse. Me pareció tan bonita que se me espichó el corazón y quise guardarla para mí, que es lo que suelo hacer con las cosas que me gustan mucho.

Al día siguiente, chateando con mi amiga hablábamos de lo que más nos había gustado de la película y, mientras yo daba rodeos, ella mencionó la frase, lo que me conmovió más que la escena misma. No solo porque recordara la línea en cuestión, sino porque la citó de manera exacta. Es cierto que la gente vive conectándose entre sí, pero no por eso deja de sorprender; además, no es que Lady Bird sea una canción de reguetón que le gusta a todo el mundo.

El punto es que en ese momento entendí que solo le podemos dar nuestro corazón a quien logre abrírnoslo. No estoy enamorado de mi amiga, pero con ese detalle me ganó para siempre porque fue como si hubiera metido su mano en mi pecho. De haber estado hablando en persona y no por WhatsApp, habría cometido una locura y le hubiera pedido la mano. Lo otro que me quedó es que es mucho más bonito compartir con el mundo las cosas que nos gustan en vez de guardárnoslas para nosotros, porque el amor y la felicidad hay que darlos a ver si el resto se contagia.

Y no sé de qué dependa que nos abran el corazón, pero una vez pasa es imposible dar marcha atrás. No creo que sea cuestión de descrestar regalando un carro o un viaje, sino que más bien basta con dar en la nota adecuada así el detalle sea mínimo. Hace poco estaba en un concierto y alguien a quien acababa de conocer me preguntó si me había gustado, y no sé si lo hizo por cortesía o qué, pero le sonó tan especial que me pareció de lo más bello; tanto, que no supe qué contestarle. Creo que balbuceé un sí, pero quién sabe. Otra: hace unos años alguien a quien quise mucho me miró a los ojos y dijo que expresaban tristeza. Y yo, coherente con su observación, me puse a llorar. Que tengo ojos lindos lo oigo cada tanto, pero que se ven tristes, nunca. En ambos casos esas personas supieron tenerme ahí, pegado, casi sin proponérselo. Lo dicho, amor y atención es lo que se necesita.

Luego toca cuidar ese corazón que nos hemos ganado, que es en lo que casi todos fallamos porque no entendemos la responsabilidad que implica. Empezamos con toda, poniéndole esmero a la conquista, y una vez lo logramos empezamos a descuidar y a romper.

Diferentes cosas me han tocado y nunca nada es igual, nada es previsible. Sales de tu casa prevenido, con el corazón cerrado porque enfrentarse al mundo es exponerse a que te jodan, y a veces la sonrisa de alguien es suficiente para desarmarnos y volver a creer. Sí, nuestro corazón es de quien consiga abrirlo, pero también del que logre armarlo de nuevo después de que ha quedado hecho pedazos. 

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