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Estar solo Adolfo Zableh/ Foto: Juan Moore

“Los hombres del montón tenemos poco que ofrecer, más en Colombia, donde somos fatales como pareja”.

Hace poco tres amigas quisieron sacarme a tres mujeres distintas en un mismo fin de semana. No se pusieron de acuerdo para coincidir, simplemente surgió. Lejos de alegrarme, me deprimió y al final no salí con ninguna luego de reflexionar sobre lo sola que puede estar la gente.

Porque las tres llegaron con los mismos argumentos para convencerme: es divina, es lo máximo, bella por dentro y hermosa por fuera (o al revés); ahí sí, como si las tres hubieran hablado antes para coincidir en lo que me iban a decir de sus respectivos prospectos. ¿Y si son tan maravillosas, por qué están solas?, pregunté las tres veces a ver si las corchaba y las hacía desistir de su empeño.

Sus respuestas no las vi venir, y aunque ahora pueden parecer obvias, en su momento me sorprendieron. De nuevo, como si hubieran coordinado todo con anterioridad, me dijeron que estaban solteras porque les había ido mal en el amor al haber dado con unos huesos de tipos. Y no suena tan descabellado. En cuestión de relaciones los hombres parecemos no evolucionar y básicamente cometemos los mismos errores a los 18 que a los 40.

No sé si esté mal, si seamos los malos de la película, pero eso somos. Los hombres del montón tenemos poco que ofrecer, más en Colombia, donde somos fatales como pareja; por eso a las mujeres que aprecio les recomiendo que se busquen un extranjero.

Porque acá hay pocos que valen la pena y encima hay más mujeres que hombres, así que el panorama para ellas no es muy alentador. No se despisten, yo no soy nada del otro mundo, de ahí que no entienda cómo puedo parecer carne para una cita romántica. Que me salga más o menos bien eso de juntar palabras no me hace extraordinario. Al revés, juega en mi contra porque quien me ha leído espera que al conocerme en persona salga con delicadezas y virtudes, y ni lo uno ni lo otro.

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No espero que me saquen mujeres. Para empezar, porque no me mata que me miren con cara de lástima por estar soltero, que ya suficiente tengo con la que siento por mí mismo. Hay gente que dice que es feliz siendo soltera, yo no. Alguna vez lo fui, pero no los voy a engañar: quiero una pareja y no la encuentro. No hay. El mundo está repleto y al mismo tiempo parece no haber gente.

Segundo, lo bonito es conocer gente de manera natural, casi chocársela mientras se anda por la cotidianidad de la vida. Eso de cuadrar encuentros obliga a ser atento, ingenioso, cortés, agudo, resuelto, seguro y hasta refinado, y lo menos que se necesita cuando le gusta a alguien es sentirse a prueba.

Además, no es gratis que esté soltero. ¿O qué creen? ¿Que estoy solo después de los 40 por mala suerte, y que al igual que las amigas de mis amigas me tocaron unas cafres? Al contrario, acá el cafre he sido yo. Si alguien a mi edad no tiene pareja es porque es una ‘jartera’ de persona, está loco, le tiene miedo al compromiso o es gay y no ha salido del clóset.

Mi consejo para mis amigas, que bien bellas que son por querer ayudar a las suyas y ayudarme de paso, es que no maquinen y dejen que las cosas fluyan naturalmente a ver si funcionan, porque peor que estar solo, es estar triste acompañado. A esta altura del juego, y hablo por los hombres, no por ellas, las cosas han cambiado tanto que a los que quedamos solteros nos dejó el bus, como les pasaba hace un siglo a las señoritas de 25.

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