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La conquista de las mujeres

Revista FUCSIA

La conquista de las mujeres

Dos nuevos libros plantean el fin de la supremacía masculina para darle paso a la era del género femenino. ¿Se acerca para ellas el paraíso o deben tener cuidado con lo que desean?

Que las mujeres dominen el mundo puede ser la fantasía de muchas feministas, su Nirvana. Su paraíso debe estar lleno de esposas que dejan las tareas del hogar y el cuidado de sus hijos a sus maridos mientras cosechan éxito tras éxito en importantes empresas, y también de solteras que ocupan destacadas posiciones. En el año 392 a.C., Aristófanes había caricaturizado la idea en su obra Las asambleístas, que narra la puja de un grupo de mujeres por gobernar Atenas con la idea de que ellas podían hacerlo mejor. Entre sus leyes de igualdad estaba que cada hombre debía acostarse con una fea antes de llevar a su cama a una bonita.

Para dos autoras norteamericanas, esta utopía de antaño está a punto de convertirse en realidad. Se trata de Hanna Rosin, quien ha desatado todo un debate con su libro The End of Men and the Rise of Women, y de Liza Mundy, quien publicó The Richer Sex. Ambas predicen el fin de la era de la testosterona, para darle paso a un nuevo sexo fuerte. Los signos de un cambio están por doquier. Atrás quedó la antigua Grecia cuando “los hombres se ataban el testículo izquierdo en un esfuerzo por producir herederos varones; cuando las mujeres se mataban (o las mataban) por no poder tener un hijo”. En su icónico libro The Second Sex (1949), la feminista francesa Simone de Beauvoir sugirió que “las mujeres detestaban tanto su condición que trataban a sus hijas con irritación y disgusto”, como escribió hace dos años Rosin en un artículo titulado El fin de los hombres, que dio origen a su libro.

Sin ir muy lejos, la familia tradicional de un hombre que lleva la comida a la casa, mientras la esposa se dedica al hogar, ha dado paso a una nueva institución familiar en la que ambos aportan. En 1970, en Estados Unidos, las mujeres contribuían con el dos y hasta el seis por ciento de los ingresos de la casa, mientras que ahora una mujer trabajadora aporta un porcentaje del 42,2. “En realidad las horas de trabajo de casa han disminuido para la mujer y se han incrementado para los hombres”, señala Mundy. Además, cuatro de cada diez madres son las encargadas del sustento familiar, aunque Rosin admite que el hecho de que, por ejemplo, en Washington el 64 por ciento de las familias dependa de una figura femenina, se debe en gran medida a la cantidad de madres solteras.

Pero también es cierto que en esta “nueva era” las mujeres no le temen a la soltería, pues han conquistado su independencia. De hecho, la tendencia muestra que cada vez aplazan más el matrimonio y la llegada de los hijos para realizarse primero profesionalmente. Y es que los hombres han sido las principales víctimas de la recesión económica, con el consiguiente declive de la industria manufacturera y su predominio de la fuerza física. Los hombres perdieron tres cuartos de los empleos, y entretanto, en el 2009, las norteamericanas superaron en número a los hombres en la fuerza de trabajo, pues ocupan la mayoría de los puestos. Ahora vale más que los profesionales tengan habilidades sociales y de comunicación y que puedan “quedarse quietos y concentrados”, cualidades que encajan más con las mujeres. Tanto es así que un programa de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia entrena a sus estudiantes en liderazgo sensitivo y mejor lectura de los gestos faciales y expresión corporal, y sus directivos reconocen que aunque no lo digan de manera explícita, lo que pretenden es que los alumnos desarrollen su lado femenino.

Motor de sus países
Otro dato revelador es que en el 2006, como lo explica Rosin, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo midió el poder político y adquisitivo de las mujeres en 162 países y encontró que a mayor empoderamiento femenino, mayor éxito económico de un país. Esto es tan evidente que los organismos de ayuda impulsan la participación femenina como un mecanismo para motivar el crecimiento de las naciones. Del mismo modo se ha comprobado que las firmas que tienen mujeres en las más altas posiciones presentan un mejor desempeño.

Como en la era de los dinosaurios, el imperio de los hombres, predicen las autoras, se acerca a su ocaso. No se trata de señales apocalípticas que anuncien el fin del género, pero sí provocan cuestionamientos sobre lo que significa la masculinidad hoy en día, cuando muchos hombres sienten amenazada su hombría ante la fuerza laboral del sexo opuesto. A quienes le replican que todavía los hombres ocupan los cargos más destacados y reciben mejores sueldos, Rosin les responde que el cambio es paulatino y que se trata de las últimas patadas de ahogado de su reino, pues las condiciones están dadas para que las mujeres continúen su ascenso. Ellas se han adaptado mejor a la nueva economía, y por su capacidad de amoldarse y sumar a su rol femenino tareas que antes eran consideradas masculinas las llama “las mujeres de plástico”, mientras que a los hombres los compara con el rígido cartón.

Rosin se centra en cinco señales evidentes de que el cambio está cerca:
1. Las niñas tienen un mejor desempeño en el colegio. La educación es clave para el éxito y ellas son más aptas en un sistema que valora el autocontrol, la concentración y las aptitudes verbales.

2. Las mujeres se gradúan más. En la actualidad logran el 60 por ciento de las maestrías, cerca de la mitad de los grados en derecho y medicina y el 44 por ciento de las carreras administrativas. En el 2009 recibieron más doctorados.

3. Las relaciones no son una prioridad para ellas. Ahora, al igual que los hombres, aceptan las relaciones casuales porque en lugar de enfocarse en el amor, prefieren dedicarse a lo profesional.

4.
Las mujeres están conquistando profesiones que antes eran dominadas por ellos. No solo han logrado ser madres y profesionales, sino que ocupan posiciones que eran típicas de los hombres. Rosin pone como ejemplo la farmacéutica y comenta que, por el contrario, los hombres no se han amoldado a profesiones como la enfermería.

5. Cada vez el género femenino ocupa mejores cargos. Las mujeres tienen el 51,4 por ciento de los trabajos gerenciales, dominan los puestos de contabilidad y cerca de la mitad de empleos financieros de banca y seguros.

Sin embargo, como todo ascenso, este acarrea grandes sacrificios. El precio a pagar es la pérdida de la libertad. Las mujeres solo han sumado nuevas ocupaciones a las que ya tenían y aunque sean las que más aporten económicamente al hogar, les cuesta ceder el control de los trabajos de la casa.

Entonces se han forzado a ser superheroínas, como las ejecutivas de Silicon Valley, que manejan un tiempo laboral “flexible”: pueden irse a su casa a las cinco y media de la tarde para acostar a sus hijos, pero después de las ocho de la noche deben regresar y recuperar el tiempo perdido hasta pasada la medianoche. Asimismo, pese a que digan que su desarrollo profesional es su prioridad, muchas quieren casarse y tener una familia. Por eso, a diferencia de los hombres, que pueden manejar plazos más largos, se sienten en una carrera contrarreloj para establecerse laboralmente y que luego aún estén a tiempo de tener hijos. Una hora libre para una profesional y madre de familia suele ser aprovechada para ver crecer a sus hijos, “mientras que para los hombres puede significar una rutina de gimnasio o ver un partido de fútbol”, se quejan algunas. Es por eso que a muchas les resulta paradójico terminar sintiéndose esclavas de su propia liberación.

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