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Las 10 razones del divorcio y cómo superarlas

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Las 10 razones del divorcio y cómo superarlas Pantherstock

Las estadísticas dicen que uno de cada cinco matrimonios termina en los primeros años de convivencia. Llamativamente, el porcentaje disminuye después de la primera década. Cuáles son los puntos de fricción más frecuentes y cómo prevenirlos.

1.Celos e infidelidad

Un conflicto histórico de las parejas. La solución es la sinceridad, hay que establecer pactos y cumplirlos.

Es muy difícil remontar una relación después de que se pierde la confianza. Se necesita un instante de lucidez para evaluar si ese momento tan tentador verdaderamente vale la pena. En el caso de los hombres (que en su mayoría tienen sexo disociado del amor), el consejo parece ser que aprendan a evaluar el riesgo. Si bien una infidelidad puede no significar amor, probablemente para su mujer la traición resulte imperdonable. Según varios especialistas consultados, en la mayoría de los casos el infiel termina desesperado por el resultado de sus actos, deseando inútilmente volver el tiempo atrás.

En el caso de la mujer, rara vez la infidelidad se presenta como un hecho aislado o insignificante, generalmente termina enamorándose del amante en cuestión y disolviendo el matrimonio.

2. Aburrimiento

Es importantísimo tener proyectos juntos: viajes, hijos, construir una casa. Hay que generar actividades que se puedan disfrutar en pareja. Este punto es tan importante como respetar los momentos de privacidad. No se debe asfixiar al otro, el equilibrio es fundamental. Muchas parejas entran en conflicto cuando los hijos crecen o ya lograron sus objetivos profesionales. Renovar la vida, proyectar el futuro e inventar objetivos nuevos permite vigorizar el matrimonio y tener siempre un tema de conversación.

3. Falta de comunicación

La convivencia, en muchos casos, atenta contra la comunicación, la vida cotidiana, las responsabilidades, los hijos. Es difícil encontrar el momento para hablar tranquilos y se suele cometer el error de dejarse estar porque ‘total más tarde lo hablamos’. Cuando finalmente sucede, descubren que son dos extraños que llevan años interpretando mal distintas situaciones: a él no le hubiera importado que dejaras de trabajar; en realidad, está distante porque desde que nacieron los chicos se siente abandonado; no te dejó de querer, está deprimido porque le va mal en el trabajo... Miles de dolores viejos, muchas veces convertidos en resentimientos profundos ya imposibles de curar. El diálogo es la piedra fundamental de toda unión, tan importante como la pasión, el amor o la atracción. Es una cuestión especialmente difícil para los hombres que suelen evitar hablar de sus sentimientos. No están acostumbrados a hacerlo y les agobia la idea.

4. Un amor débil, extinguido

Es importante no llegar tarde al salvataje del matrimonio, hay parejas que para no lastimarse evitan el conflicto. Jamás discuten y callan, generando una aparente armonía que cada vez agranda más las distancias. Con el tiempo, el vínculo es más fraternal que amoroso o pasional. Ese tipo de unión no alcanza para sostener un matrimonio. Inevitablemente, uno de los dos terminará provocándole dolor al otro y la pareja se termina. No hay que tenerle miedo a la diferencias, discutir y confrontar enriquece la relación, ayuda a conocer mejor al otro y no tiene por qué implicar una pelea desagradable. Además, no hay nada más romántico que una reconciliación.

5. Fin de la pasión

Gran tema: un misterio cómo llega y otro cómo se va. Sin embargo, existen muchas formas de ayudar a sostenerla en el tiempo. Es fundamental no dejarse estar físicamente, encontrar momentos de privacidad, estar atentos, conectados, buscar formas de sorprender al otro.

Es muy recomendable hacer un viaje romántico cada tanto, aunque sea un fin de semana. Divertirse, jugar y hablar. Decir lo que a uno no le gusta y lo que sí, para poder conocerse cada vez más. El secreto está en capitalizar el paso del tiempo para explorar hasta lo más profundo la sexualidad de la pareja. Descubrirán niveles de alta compatibilidad, que solo se logran con el tiempo y la entrega absoluta.

6. Intolerancia

Aceptar no es tolerar. Es comprender amorosamente que el otro es como es. Hay que poner el foco en lo bueno y no en lo malo. Tan sencillo como esto: ver la mitad del vaso lleno. No existen las personas sin defectos, empezando por nosotros mismos. Impuntual, malhumorado, egoísta, avaro, mentiroso, sucio, desordenado, vago, obsesivo, seguramente para cada una de nosotras esta lista tendría un Ranking distinto. Se trata de elegir bien y no alentar jamás la loca idea de lograr que el otro cambie, la teoría de ‘conmigo va a ser distinto...’ suele terminar mal. Es fundamental ser transigente, la mejor manera de plantear una relación es estar dispuestos a sumar voluntades, hoy por ti, mañana por mi.

7. Las crisis personales y económicas


La crisis de los 40, la de los 50 o la de los 60; los problemas en el trabajo; la falta de dinero; la desilusión de no haber alcanzado las metas soñadas; la sensación de tener la última oportunidad para vivir como uno quiere; el peso de la responsabilidad de la familia; las cuentas pendientes; y todo lo que uno piensa que resignó por la pareja...

En la mayoría de los casos, las personas creen que si se separan sus vidas empiezan de nuevo, como una segunda oportunidad para no cometer los mimos errores. Sin embargo, según especialistas en terapias de pareja, este comportamiento no tiene otro resultado que el de trasladar el mismo conflicto a la próxima relación ya que la insatisfacción en realidad es personal.

La mayoría de las respuestas está en uno, no se le debe pedir al amor que sea capaz de llenar vacíos, nadie puede hacerlo más que nosotros mismos.

Una buena terapia y coraje para asumir la responsabilidad de nuestros errores pueden ser un gran puntapié para salir del pozo.

En tiempos de crisis no se deben tomar decisiones definitivas y es fundamental no excluir a la pareja del proceso de cambio. Compartirlo puede implicar un crecimiento fabuloso para los dos.

8. Incompatibilidad en la convivencia

A veces, la solución es dormir en cuartos separados, en muchos casos, incluso, casas separadas. A medida que pasan los años nos vamos poniendo un poco más maniáticos y el tener cada uno su lugar puede ser una buena alternativa. En el caso de las parejas que recién empiezan a convivir, a no asustarse, es normal atravesar un tiempo de adaptación difícil. Hay que hacer ajustes, es cuestión de contemporizar y encontrar la manera de respetar los límites de cada uno. Parece mentira, pero a veces es más fácil superar obstáculos como el de una infidelidad que cuestiones de hábitos cotidianos molestos, como desayunar comida con olores fuertes, poner la radio a todo volumen, la tapa del inodoro levantada, la pasta de dientes chorreada, el espejo del baño salpicado o las toallas mojadas desparramadas por la casa.

9. Un mal punto de partida

El enamoramiento, en muchos casos, es ‘encantador’ en el peor sentido de la palabra, nos hace ver al otro como querríamos que fuera y no como es en realidad. Un defecto muy femenino que resulta una trampa mortal. Tarde o temprano, el velo se corre y hay que enfrentarse con la dura realidad, a eso se le llama un mal punto de partida.

La única razón para elegir una pareja debería ser el amor y la aceptación absoluta del otro partiendo de un conocimiento profundo y sincero. Casarse para ser mantenida, con el único objetivo de tener un hijo, para no quedarse soltera, o solo para irse de la casa de sus padres no son razones de suficiente peso como para tener una pareja de por vida. Sin embargo, cuando se trata de amor, no existen las garantías, ni para bien ni para mal. En un punto, es como la lotería... si tienes suerte, te la ganas.

10. La competencia profesional


Quién tiene el cargo más importante, quién gana el mejor sueldo, cuál de los dos obtuvo un mayor reconocimiento profesional... éstos son algunos de los conflictos más comunes en las parejas modernas en las que los dos trabajan y los dos mantienen la casa. Lo ideal sería tener en claro que el proyecto personal es tan importante como el de pareja y funcionar como equipo. Esta actitud es la correcta ya que cuanto mejor le vaya a cada uno, los dos ganan. No hay otra manera de construir la relación, el mundo de hoy es tan competitivo, que si le sumamos contiendas maritales se torna insoportable.                                                                

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