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Odio el sexo oral ¿y qué?

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Odio el sexo oral ¿y qué?

Muchas mujeres se sienten frustradas pues hagan lo que hagan no parecen disfrutar del sexo oral. ¿Cuáles pueden ser las razones de este rechazo y qué puede hacerse al respecto?

A la hora del sexo, aplica más que nunca aquello de que “entre gustos no hay disgustos”. Todo es subjetivo y nada debe estar sobre o subvaluado pues cada pareja es un universo en sí misma. El sexo oral es al tiempo un gran favorito de muchas y un tema delicado para muchas otras. Hay mujeres que simplemente no lo disfrutan y que, llegado el momento, experimentan una tortura con la que preferirían no tener que lidiar. ¿Por qué pasa esto? ¿Qué podemos hacer al respecto?

Que un hombre nos practique sexo oral es ponerlo de frente (literalmente) con lo más sagrado de nuestra intimidad y, por lo tanto, con todas nuestras inseguridades. Si una mujer no está del todo cómoda o está demasiado preocupada por las impresiones que el hombre va a tener allá abajo, lo más normal es que no disfrute en lo más mínimo.

A veces se meten en la cabeza falsas ideas sobre limpieza, depilación, olores y demás que operan como bloqueos mentales y sensoriales. Para estos casos, la comodidad y la confianza (tanto en sí misma como con la pareja) son claves para poder disfrutar al máximo. Está bien no querer hacerlo con cualquiera y preferir esperar a que la confianza entre ambos crezca antes de dejarlo explorar.

Es igualmente posible que en el pasado se hayan tenido malas experiencias y que éstas se hayan convertido en una impronta que activa la luz de alerta cada vez que se de una iniciativa de sexo oral. Aquí es importante recordar que cada pareja es diferente y que los niveles de atracción, de confianza y de feeling pueden cambiar radicalmente una misma experiencia. Habría que considerar darle el chance con el marcador en ceros, relajándose y como si fuera la primera vez. Lo malos recuerdos solo producen tensión, un gran inhibidor del placer, así que vale la pena tratar de hacer borrón y cuenta nueva y juzgar a partir de ahí.

Un poco de direccionamiento no está de más. No se puede pretender que los hombres tengan absolutamente claro qué nos gusta y qué no, pues como dijimos antes cada pareja es un universo. Una buena pareja sabe leer señales y está dispuesta a ir hacia donde los dirijamos. Así que no hay mejor ejercicio que guiar al otro sin presiones, siguiendo los ritmos que gustan al cuerpo y liderar la parada haciéndoles entender qué nos va gustando y qué no.

Sin embargo, existen también mujeres seguras y confiadas, abiertas a intentarlo todo y que le han dado el chance millones de veces sin mejores resultados. Esto también es perfectamente normal y no hay nada vergonzoso ni extraño al respecto. Hay mujeres que simplemente no disfrutan el sexo oral, que no se excitan o sienten placer cuando se les practica más allá de una cuestión de comodidades, autoestima, experiencias anteriores o parejas entrenadas. No lo disfrutan, punto final. Si este es el caso, es entonces una cuestión de asumirlo y de hacerle entender a la pareja que no es uno de nuestros puntos débiles.

Ante todo, no hay que sentir la necesidad de fingir. Así pensemos que le estamos dando gusto a nuestra pareja ¿qué ganamos haciéndolos pensar que nos gusta cuando no sentimos nada, si lo que ellos quieren al final es darnos placer? Afortunadamente hay mil caminos por explorar y nada justifica el sentirse frustrado por nuestros gustos personales y formas de vivir nuestro placer sexual. Si definitivamente no gusta, no gusta, entonces  que no sea un motivo de vergüenza decir: “No me gusta el sexo oral. ¡Y qué! ”



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