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Swingers, amantes con licencia

Odette Chahin

Swingers, amantes con licencia Foto: Thinkstock

Hay parejas que para encender la pasión compran accesorios de cama, pero otras tienen otros métodos.“Compartir, compartir con alegría, porque el mundo se olvidó de compartir”, es la canción que sirve de himno a esta nueva especie de parejas que comparten parejas.

 Hace unos años, cuando vivía en Toronto, yo compartía la casa con una pareja de esas que parecen sacadas de una película de Nora Ephron, perfectos el uno para el otro. Sus cursilerías y expresiones de amor tan temprano en la mañana me daban algo de náusea, pero entendía su interminable amor.

Cierta tarde, regresé a casa antes de lo habitual, entré y los encontré en el baño con la puerta abierta echándose perfume y quitándose el exceso de vello, ella de su bigote y él de su barba. “¿Qué haces aquí tan temprano?”, me preguntaron con cara de pánico, el timbre sonó y no hubo tiempo para explicaciones, sólo me hicieron esconderme en la cocina porque de lo contrario hubiera podido terminar atrapada en el club sándwich sexual del que iban a participar con otra pareja, y eso a mí no me apetecía… fue entonces cuando comprendí que los swingers no eran un mito, sino una realidad.

Hay parejas que para encender la pasión compran accesorios de cama, ni de fundas estoy hablando de cojines o sábanas, sino de aceites sensuales, pintura de chocolate para el cuerpo, látigos y hasta disfraces de enfermeras sexys; otras parejas prefieren aventurar su vida privada en público haciendo el amor mientras bajan del piso 20 al primero en un ascensor, haciendo deporte en algún arbusto del parque y aprovechando bien el tiempo mientras encuentran parqueadero en el carro.

Y luego hay otras parejas que para volver las cosas más interesantes no cambian de utilería ni locación, sino de pareja con el consentimiento mutuo. Suena poco ortodoxo, pero es la vida de los llamados swingers, aquellos que tienen tanto amor, que les alcanza para la pareja y para muchas más.

Los swingers no son una moda de hoy, nuestros abuelos tan conservadores fueron los que inventaron esa modalidad. Según la historia, el intercambio de pareja comenzó entre los pilotos de la Fuerza Aérea y sus esposas durante la Segunda Guerra Mundial que, por temor a perderlos en el combate, vivían cada noche como si fuera la última con una política de no fidelidad aceptada por ambas partes. No duró mucho para que esta tendencia se extendiera por Estados Unidos y Europa, y se exportara a nuestro tercer mundo.

Para bailar tango se necesitan dos, y para ser swingers también. Lo que para muchos son fantasías, para los swingers son una realidad, ya que ellos disfrutan del intercambio, voyerismo, exhibicionismo y sexo en grupo con plena autorización de su pareja. Es común que uno piense que el mundo de los swingers es sinónimo de anarquía, pero, en realidad, ésta república independiente tiene muchos códigos y reglas.

La mayoría piensa que se trata de una ‘orgipiñata’ de todos con todos, pero ese no es el caso, si en una de las fiestas swingers una pareja no se quiere involucrar con alguien que se lo propone con tan sólo decir un “no”, ésta debe dejar de insistir si no quiere ser expulsado de la fiesta, además, reina el abstencionismo de drogas y se mantiene una etiqueta de estricto condón.

¿Serán los swingers una evolución de la vida en pareja o un retroceso de nuestra especie? El caso es que los practicantes tienen que ser lo suficientemente seguros de sí mismos y de su pareja para no terminar en el diván de un sicólogo. Lo que si hay que reconocerle a los swingers es que su filosofía práctica de darse luz verde para “meterse los cachos” en simultánea, logra no sólo que queden empatados, sino que eliminan la posibilidad de reclamos.

Yo que siempre me he pintando como la más avant garde, en esta ocasión siento que me pesa una lógica primitiva, a mí no me gusta compartir ni un postre, con mayor razón, jamás compartiría a la persona que amo, pero sé que la filosofía amplia de los swingers de “te amo tanto, que te comparto” tendría muchas ventajas a largo plazo, bajaría los índices de cachos y de divorcios, porque todo el mundo viviría su fantasía con permiso de su pareja, ahora lo complicado es convencerlos a hacer el swing.

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