Relaciones

¿Es normal tener diferentes niveles de deseo en pareja?

No todas las personas sienten deseo sexual con la misma frecuencia ni de la misma manera. La clave está en cómo afecta el bienestar de la relación y la comunicación entre ambos.

Recordar los errores del pasado lo ayudará a no repetirlos y mantener una relación más duradera.
Recordar los errores del pasado lo ayudará a no repetirlos y mantener una relación más duradera. - Foto: ©Gary John Norman

Durante mucho tiempo, hemos visto el amor y el deseo como dos experiencias que debían avanzar al mismo ritmo. Si una pareja está enamorada, asumimos que también comparten la misma frecuencia, intensidad e iniciativa en su vida íntima. Sin embargo, la realidad suele ser mucho más compleja.

Con el paso del tiempo, el trabajo, el estrés, la crianza, los cambios hormonales o simplemente las diferencias individuales hacen que muchas parejas descubran que no siempre desean tener relaciones sexuales con la misma frecuencia. Y la primera pregunta suele ser la misma: ¿es normal que uno quiera más sexo que el otro?

La respuesta corta es sí. El deseo sexual no siempre coincide. Los especialistas hablan de “discrepancia del deseo sexual” (Sexual Desire Discrepancy), un término que describe la diferencia en el nivel o la frecuencia del deseo entre dos personas que mantienen una relación. Aunque puede generar frustración, culpa o sensación de rechazo, no se considera, por sí mismo, una enfermedad ni un diagnóstico médico.

De hecho, un documento de la European Society for Sexual Medicine (ESSM) señala que una de las primeras recomendaciones para los profesionales es normalizar y despatologizar estas diferencias, recordando que el deseo sexual cambia con la edad, las circunstancias y la dinámica de cada pareja. También enfatiza que la discrepancia debe entenderse como una experiencia compartida de la relación, no como un “problema” exclusivo de la persona con menor deseo.

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A heartfelt close-up of two mature hands reaching up and interlocking against a vivid blue sky. The image captures the essence of connection, love, and trust between an older couple. | Foto: .

No existe una cantidad “correcta” de deseo

Uno de los mitos más extendidos es creer que una relación saludable tiene una frecuencia sexual determinada. La evidencia disponible no respalda esa idea.

Lo importante no es cuántas veces tiene relaciones una pareja, sino cómo viven ambos esa diferencia. Para algunas personas, una discrepancia en el deseo apenas se percibe; para otras, puede convertirse en una fuente importante de tensión.

La ESSM advierte que la diferencia de deseo solo requiere atención clínica cuando provoca un malestar significativo para alguno de los miembros de la pareja o para la relación.

¿Por qué cambia el deseo?

El deseo sexual no depende únicamente de la atracción hacia la pareja. Es una experiencia influenciada por factores físicos, emocionales, psicológicos y sociales.

El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) explica que entre las causas más frecuentes de las variaciones del deseo se encuentran:

  • Cambios hormonales durante distintas etapas de la vida
  • Embarazo, posparto y menopausia
  • Enfermedades o algunos medicamentos
  • Estrés, ansiedad y depresión
  • Conflictos de pareja
  • Experiencias sexuales negativas previas

Por eso, un cambio en el deseo no necesariamente significa una pérdida de amor o de atracción. No todas las personas experimentan el deseo de la misma manera. Otro aspecto que hoy destacan los especialistas es que el deseo sexual no siempre aparece de forma espontánea.

La guía del ACOG explica que es completamente normal que algunas personas no sientan deseo antes del encuentro sexual, sino durante la excitación o como respuesta a las caricias, la cercanía emocional o el contexto.

Precisamente, la declaración de la European Society for Sexual Medicine invita a cuestionar el mito de que el deseo siempre debe surgir de manera espontánea. En muchas relaciones de larga duración, el deseo responde más al contexto, la intimidad y la conexión emocional que a un impulso inmediato.

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La Cuenta Pensión del Banco GNB Sudameris integra un portafolio de asistencia sin costo para el titular con servicios de salud, apoyo jurídico, entre otros. | Foto: Adobe Stock Photo

Cuando la diferencia empieza a afectar la relación

Las diferencias de deseo suelen convertirse en un problema cuando dejan de hablarse. Quien tiene mayor deseo puede interpretar la falta de iniciativa como rechazo o desinterés. Quien tiene menos deseo, en cambio, puede comenzar a sentir presión, culpa o ansiedad frente a la expectativa de responder constantemente.

La ESSM recomienda abordar la discrepancia como un reto compartido, promoviendo una comunicación abierta sobre necesidades, expectativas y formas de construir una vida íntima satisfactoria para ambos. También señala que trabajar aspectos de la relación que generan distancia emocional puede ser tan importante como hablar de sexualidad.

¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

No todas las diferencias de deseo requieren tratamiento. Sin embargo, el ACOG recomienda buscar orientación médica cuando la disminución del deseo aparece de forma persistente, genera angustia o afecta la calidad de vida o la relación de pareja. El profesional podrá evaluar si existen causas hormonales, enfermedades, efectos secundarios de medicamentos u otros factores que expliquen el cambio.

Pareja
Loving couple enjoying in their conversation in the bedroom. | Foto: Getty Images

También puede ser útil acudir a un terapeuta sexual o de pareja cuando la conversación se ha vuelto difícil, aparecen sentimientos de resentimiento o la discrepancia comienza a afectar la conexión emocional.

El deseo también cambia con el tiempo. Quizá la idea más importante que dejan los especialistas es esta: el deseo no es una característica fija. Puede aumentar, disminuir, transformarse o responder a momentos específicos de la vida. Esperar que dos personas mantengan exactamente el mismo nivel de deseo durante años resulta poco realista.

Más que intentar que ambos sientan siempre lo mismo, el desafío consiste en construir una relación donde exista espacio para hablar del tema sin culpa, negociar necesidades y entender que la intimidad también evoluciona. Las parejas más sólidas no son necesariamente aquellas donde el deseo siempre coincide, sino aquellas que encuentran maneras de seguir conectando cuando deja de hacerlo.