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La revolución sexual en su justa medida

Shere Hite

La revolución sexual en su justa medida Ilustración: Ivette Salom

A pesar de la libre expresión sexual, persiste la doble moral, esa mala opinión sobre las mujeres que son “demasiado sexuales”. ¿Debemos volver a los ‘valores familiares’?

En mis investigaciones, las mujeres han tenido y tienensen saciaones variadas sobre la ‘libertad sexual’ y lo que se ha desprendido de esa idea. “Pienso que la revolución sexual tiene una orientación antimujer devisión más bien masculina —dice una de mis entrevistadas—. La idea es que los hombres le están diciendo a las mujeres que son libres de estar sexualmente con quien deseen, en cualquier momento. Pero no hay una justa medida. 

Si un hombre tiene muchas amantes, es un varón; si una mujer tiene muchos amantes, es una prostituta o ninfomaníaca”. “Usualmente, después de que saben que‘me tienen’ —dice otra—, me siento aun más objeto, incluso siento su hostilidad y su desprecio”. “Aunque vivo en el campus de la universidad, un lugar que se considera de ideas sexuales e intelectuales vanguardistas, no es así —dice otra—. 

Los hombres aquí todavía irrespetan a las mujeres que tienen sexo con alguien de quien no están enamoradas; para que a una mujer se le considere bien, sólo debe tener sexo con el hombre que cuidade ella, así él no la harásentir mal y no hablará mal de ella aotros hombres.

Por ejemplo, para una fiesta de las brujas, una amiga me contó que le preguntó al tipo con el que estaba saliendo que cómo pensaba él que debería ir disfrazada. Él le contestó, como si nada, ‘por qué no te vas vestida como virgen; estoy seguro que nadie te reconocerá’”. Parece que cuando las mujeres están intentando ser abiertas a la manera de los hombres, teniendo sexo de una manera ocasional y libre, en muchos casos ellos hieren, irrespetan y lastiman a esas mujeres, considerándolas de mala reputación.

Por otra parte, la mayoría de las adolescentes encuestadas, todavía se molestan enocultar la menstruación y reprimen la exploración de su propia sexualidad. ¡Hoy en los colegios dan información sobre la pubertad, sus órganos sexuales y el ciclo reproductivo, pero raramente se les dice algo sobre el clítoris! 

¿Se debe desconectar el sexo de las emociones? ¿Dónde queda el amor? Algo de la ideología sexual de la revolución indica que está pasado de moda desear conectar el sexo con los sentimientos. La idea reza que la “gente tenga sexo casual, espontáneamente, sin preocupación, que se comporte libremente y lo haga en cualquier momento, con cualquiera, sólo por el placer físico”. 

Pero casi ninguna mujer en este estudio deseó esa clase de relación sexual; les pareció una sensación ‘barata’ y se preocuparon con frecuencia de la opinión que tendrían de ellas los hombres ‘más adelante’. En el fondo esosignifica una cosa: de manera aplastante, las mujeres desean conectar el sexo con los sentimientos. 

Si bien la mayoría de las mujeres acentúan el apetito sexual por alguien cuando realmente es intenso el deseo por esa persona, por supuesto también podrían gozar del sexo en cualquier momento, sin relacionar las ansías con alguna etapa de su ciclo menstrual. Lo que despierta ese deseo intenso o el amor por alguien es un asunto muy personal y misterioso, como esta mujer explica:

“el buen sexo tiene que ser más que la anatomía o lo ‘física’. Implica cierta cantidad de química entre dos personas. Ciertamente, la atracción sexual no puede ser forzada”.

Así, la oposición a la revolución sexual, el llamado movimiento de los ‘valores familiares’, afirma que la revolución destruyó los valores morales y produjo un declive de la moral y el ‘bien’, e incluso indujo los abusos sexuales a los menores. Por desgracia no parece que haya un movimiento intermedio, y los campeones de los ‘valores familiares’ pretenden defender la moral intentando restaurar el doble criterio en lo que respecta a las mujeres: un anacronismo, evidentemente.

Lo que se necesita es mostrar el camino para la evolución de una nueva moral, dado que, al fin y al cabo, son pocos los que querrían abolir el derecho al divorcio —una de las libertades sexuales fundamentales que hoy casi todo el mundo da por supuesta— o volver a considerar un delito el sexo para las mujeres sin estar casadas, o restablecer las categorías de ‘ilegitimidad’ para los niños nacidos fuera del matrimonio.

El énfasis en aumentar la cantidad de sexo en las relaciones personales como la fuente básica de la felicidad no es la conclusión de la revolución sexual de los 60; pues lo que siempre se ha buscado es la honestidad en las relaciones; en todo tipo de relaciones, industriales, de trabajo y, por supuesto, de género, de sexo y de amor.

 

 

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