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Las mujeres también pagan

Ana Saladén

Las mujeres también pagan Foto: Archivo Fucsia

Compañía, sexo, satisfacción y una experiencia que puede convertirse en costumbre, es lo que los escorts proporcionan a algunas mujeres por un alto precio. Confesiones de un escort masculino, sólo para mujeres.

Tiene 28 años, mide 1,76, su cuerpo está marcado por la práctica constante de ejercicio y gimnasio, de ojos café, no muy velludo. Estudió Comercio Exterior y ha hecho dos especializaciones en una universidad privada. Trabaja de vestido de paño y corbata de lunes a jueves, “y el viernes serio, elegante, pero informal”,en una oficina que ofrece asesoría en logística de aduanas e importaciones, donde gana dos millones de pesos mensuales. Por su trabajo, viaja con frecuencia por Colombia, ha hecho viajes de negocios a Quito en un par de ocasiones, y estuvo por primera vez en Miami en la época de huracanes. Es un hombre más bien guapo, soltero, que vive con sus papás en Bogotá, desde hace diez años.

De mente abierta

Es Juan Pablo, el mismo que se dedica a satisfacer con su compañía a “mujeres de mente abierta, de muy alto nivel, que por su imagen no pueden tener relaciones esporádicas, y prefieren pagar por una buena compañía, con la que pueda disfrutar, sin comprometer su vida social, y a quien le pueda decir, ’si te he visto no me acuerdo‘, o sea, realmente se aplica esa frase por la condición clandestina, prohibida y fuera de lo normal de la cita”. 

Detrás del nombre de Juan Pablo hay un caleño que empezó a disfrutar de la rumba desde los 13 años, y que no había hecho del sexo ni una diversión costosa (“no conocí nunca ni una ‘prepago’, aunque sí fui a ver shows de stripers”) ni una fuente de ingresos. Hasta ahora. Ha sido y será un hombre de pocas relaciones, sólo da cuenta de una novia, ”hace como dosaños”.

Juan Pablo empezó a abrirse camino en el mundo de los escorts, por la invitación de Antonio, un amigo de Cali, modelo, que le propuso el negocio. Empezó a ofrecerse con unas fotos nada pornográficas (normalmente en las páginas de Internet que ofrecen acompañantes, los hombres aparecen mostrando una erección) que le tomaron en la agencia.

Asegura que disfruta con su trabajo de todos los días; “pero en cuanto a esto de la compañía, no sé, tal vez lo que me gusta es la adrenalina de lo distinto”. Le gusta el sexo y encima le pagan por ello. Su ficha en el catálgo privado (el reservado sólo para las mujeres que han sido referenciadas o que ya han tomado el servicio) de www.escortsbogota.com lo define como “un hombre ejecutivo, culto, entiende inglés y sólo con servicios extras de mutuo acuerdo”.  A lo que se podría agregar que es un hombre de dulce sonrisa y calmada disposición.

Juan Pablo nos cuenta con algunas reservas, pero de un modo directo y sobrio, su biografía como acompañante sexual. Además, nos confiesa sus otros placeres: la compra compulsiva de ropa (“no importa que sea de marca, de hecho”) y gadgets para el carro y para la casa, pero en cuanto a mujeres, en la vida social normal, “no me gusta que me caigan, que me miren mucho; lo peor que puede hacer una mujer cuando le gusto es buscarme; con eso ya no voy. Me gusta más conquistar a la mujer con la que quiero salir a sentirme asaltado por una propuesta femenina.

O sea, mejor dicho, en eso sí soy como clásico. No es que sea machista, porque el machismo es lo que justifica que las mujeres, por ejemplo, tengan una doble vida, sino más bien que me siento mejor si tengo el dominio de buscar lo que me gusta”.

La cita, más compañía que sexo

Su testimonio es el reflejo de una tribu urbana desinhibida, consumista y aparentemente feliz que, contrario al prejuicio, se encuentran con mujeres de vida sexual normal, ni ninfómanas, ni insatisfechas, ni solas, ni viudas viejas. Un mundo donde el amor tiene un precio, hombres y mujeres se destapan en sus encuentros eróticos sin alcanzar nunca el verdadero amor. Sin embargo, las mujeres parecer ser son más auténticas.

«Hola vengo llegando de Caracas y creo que tengo todas las cualidades para que un escort VIP, como tú, no se resista a estar conmigo», decía el e–mail que revisó Juan Pablo el 3 de marzo pasado. “Era una venezolana que conocía a Renata, otra caraqueña con la que me he visto en un par de ocasiones. No la pude conocer ahora, porque el día que ella quería estar con un escort, yo tenía que entregar unos papeles urgentes en la oficina. 

Lo que sí te puedo contar es que quien me referenció fue la persona que jamás me hubiera imaginado que lo hiciera. Renata estuvo conmigo la primera vez conversando hasta la medianoche, y sólo al final de las tres horas en que había quedado el servicio fue que pasamos a la cama del cuatro del hotel donde se hospeda, en la Zona Rosa de Bogotá.

La segunda vez, fue como a los dos meses. Ella, me dijo que yo era el hombre más guapo con el que había estado, que se sentía muy bien conmigo, pero que no había nada mejor que su esposo. Hasta ahí yo me imaginaba que podía estar casada, pero nunca habíamos hablado de su vida personal. Mira, vos pensás que ella debería ser una vieja morbosa o algo así, pero nada qué ver. Tenía como 40 años, se vestía impecable y tenía un cuerpo muy bien cuidado; los senos eran operados, y la verdad podría levantarse a cualquier tipo si lo quisiera”.

“No soy gay ni metrosexual”

”Después de una cierta experiencia con este tipo de relación, yo me he encontrado con que la mayoría de las mujeres encuentran que se pueden ven irrepetidamente si el hombre aligera la presión de sus ganas. Es un asunto más de química que de potencia. Ellas lo que piden es que el hombre en ese momento de la intimidad debe seguir con su cuerpo y con su cariño enfocadas en ellas. Incluso, lo dicen, dicen que sería mejor que la pareja las siga mirando a los ojos, para demostrarse que están realmente allí, el uno para el otro,

Y así ellas permanecen, para luego ir aumentando paulatinamente el contacto hasta que están lista para más. “En lo netamente mecánico he aprendido que la mujer es quien debe elegir el momento de la entrada del pene, que suele ser en el estado demeseta, cuando el orgasmo ya se siente venir. Hay que insistir, eso sí, que me han declarado que tienen menos frecuencia el orgasmo femenino por penetración inmediata, por lo que requiere de mayor estimulación, pues susparejas, al parecer, no tardan más de cinco minutos en llegar al orgasmo, y la mujer en cambio puede estar excitada por mucho más tiempo.

“En algunas ocasiones, menos de la mitad de las veces que tengo citas, me ha tocado estar con parejas, de novios o de esposos, no sé. Es como para que ellos vivan la fantasía. La de él de verla hacer el amor con otro hombre, me imagino, y la de el la de mostrarle cómo se complace. Y la verdad, sólo en tres ocasiones me han pedido que esté también con el hombre.

“La verdad yo no me presto para eso y en la agencia dejan claro desde un principio lo que uno hace, y lo que se va a encontrar. Aunque en este tipo de servicios también hay gays, pues yo no lo soy. Respeto el espacio y la vida de la personas, pero por ahora no se me ocurre experimentar esa faceta. Soy heterosexual. Y si me miras bien, ni siquiera soy lo que ahora llaman metrosexual. 

No es que me esté arreglando todo el día, ni que me haga manicura. Si acaso me gusta la colonia Issey Miyake y no más“.

La agencia

“Nuestra agencia trabaja con un sistema que le permite a las interesadas tener servicios con chicos de excelente nivel, pues todos y cada uno de ellos estudian y/o trabajan, lo que mejora el nivel de acompañantes, clase y seguridad”, comenta Andrés, un hombre de 50 años, que desde hace diez empezó con la agencia, primero atendiendo los pedidos de los hombres con mujeres, que seleccionaba de los shows de strip–tease, Andrés es quien atiende el teléfono de la agencia.

“A pesar de que presentamos imágenes muy claras, le recomendamos que nos consulte sobre cuáles son sus deseos y expectativas, para así poder recomendarle a la persona que más se acomode a lo que usted busca”, puntualiza.

Según Andrés, cuenta con un catálogo de 14 hombres, de los que cuatro sólo atienden servicios para mujeres. Los otros diez, no ponen trabas para encuentros sexuales con parejas, en los que tienen que estar también con el hombre.

La búsqueda de plenitud

“Mientras los hombres se satisfacen en el engaño, las mujeres buscan una compañía. Y no es que estén solas”, comenta Juan Pablo. Quizás por ello, en la pareja de amantes, la mujer acepta la relación como un momento fugaz de placer, preferible, para ella, a la soledad. Y cuando ambos se separan, piensa mientras mete los cambios de velocidades del carro.

La simpatía de Juan Pablo por las mujeres que piden su servicio de compañía se trasluce, por ejemplo, en la firmeza de las mujeres como Renata, la que le dijo que era “pintora en los ratos libres”. Ella se negaba a pertenecer a la cofradía de libertinos encabezada por los titulares de las páginas web. En general, la totalidad de las mujeres que piden este servicio representan al hombre (como especie, no como género) moderno, quien habiéndose olvidado de amar, vive perdido entre sus temores y su soledad, experimentando formas alternativas de placer como los encuentros eróticos fortuitos.

Aunque no todas las mujeres del mundo desean todas las experiencias cada día de sus vidas, el rol sexual de la mujer lo que busca es la libertad para expresarse sexualmente, más que la libertad sexual. El placer y su corolario el erotismo son palabras prohibidas por la rutina, sin embargo, en las confesiones de Juan Pablo, a pesar de sus aclaraciones, la mujer habla del sexo con toda libertad fuera del confesionario y del consultorio siquiátrico. 

Al hacerlo confronta su propia sexualidad, poniéndose a contra corriente de la voz dominante silenciadora del deseo. Quizá éste sea el momento de pensar más que en la educación sexual en el conocimiento mutuo a través del erotismo, y en la resurrección del amor, sentimiento que, salvo por los poetas, se ha olvidado hoy en día.

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