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Sexo por casualidad Foto: Thinkstock

El “si te vi, no me acuerdo” hace olvidar que tener la mente abierta no es dejarse llevar por el deseo. Sexo casual, una moda causal de frustración.

Robin Norwood, la sicoterapeuta experta en problemas de pareja, en su Meditaciones para mujeres que aman demasiado (Ed., mayo 2005), podría dar luces a las que aman demasiado, no en el sentido de Norwood —que originalmente se refiere a quienes tienen una dependencia adictiva hacia su hombre de toda la vida—, sino a las que creen amar demasiado al gozar de las relaciones sexuales casuales.

Efecto mariposa: aventura bienvenida

Bueno, relaciones en el sentido prosaico, pues consultando con sicólogos se debe decir ‘experiencias’ de sexo casual, esas que se dan de un momento a otro con el tipo que se acaba de conocer, o que se está reconociendo, pues ya había sido ‘amigo’ de semestre arriba o el profesor joven en la universidad, u otro que echa un carretazo a propósito en la primera entre–vista, con el que se siente alguna afinidad y por el que, en el estudio, en el taller o en la oficina, se da la oportunidad de un quickie excitante, pues se puede venir lo inesperado, desde la señora del aseo hasta la colega que quiere abrir un CD que no funciona en otro computador; y si no, en el carro, de vuelta a la casa, o en la portería del edificio, incluso a través del primer chateo.

SIn sentido del  tumor ni del humor

Y, bueno, ¿qué tiene de malo, si no hay nada más rico que se le presenten a una esas casualidades? Respuesta: nada distinto a que por casual se entienda causal. La negación de una relación es la causa que subyace en las experiencias casuales; experiencias que vistas como oportunidades, resultan excitantemente liberadoras, de repente. Pero no nos llamemos a engaños: así como un infarto es súbito, repentino, pero tiene causas previas que lo ocasionan, también en las experiencias sexualmente casuales (o casualmente sexuales, vaya una a saber qué va primero, dependiendo de la motivación) hay más justificaciones que sólo el hecho de hacer lo que se viene en gana. En esas ocasiones, salir con el ‘nuevo’, a pesar de tener ‘algo’ previo y de sostener con ‘alguien’ previo una relación quizá difícil, crítica, cismática, sísmica, regular, a veces mala, o buena por omisión, o que pasa por la desconfianza mutua, o que ha pedido tiempo para hacerse falta mutuamente, es mantener un paralelo que siempre va a tener comparación.

Pero hay una relación, al fin y al cabo, con el ‘alguien’ previo, no sólo una ‘experiencia’, pues, con seguridad se ha mentado el verbo amar en ese ‘algo’ previo y el sustantivo amor a ese ‘alguien’ previo, pero que ante las experiencias sexuales por opciones, oportunidades y casualidades redescubiertas y encubiertas, se le puede decir, incluso insistir, a ese alguien que “definitivamentte somos diferentes, vivamos en paz”, o exclamar sin eco “qué hago con mi vida ante el dolor de los demás; mejor, lleguemos al final del juego”. Lo cierto es que con quien se juega no es con el hombre en serio, ni con la relación previa, ni con el amor de verdad, si no consigo misma.

Amar demasiado vs. a demasiados

Una cosa es que Robin Norwood haya definido a “las mujeres que aman demasiado” como aquellas que tienen relaciones dependientes con quien consideran “el ser más importante de mi vida”, el que siempre ha estado ahí, relación que se vuelve adictiva; a que haya mujeres que amen a demasiados, en cuyo caso las experiencias sexuales casuales pasan a ser una adicción. En estos casos, no hay quien dé su testimonio para compartirlo, aunque Natalia, barranquillera de 26 años, lo cuenta a su modo: “Bueno, mira, que sí conozco a alguien como adicta al sexo casual; era una mujer que en cualquier lugar podía terminar acostándose con un tipo, porque le gustaba y ya, y qué te puedo decir, yo creo que tiraba era por inercia o por p... ¡ja! No sé. El caso es que era bastante divertido escucharle sus anécdotas, pero al final del cuento, esta mujer estaba era completamente falta de afecto. Vaya manera de buscarlo. Pero así era. Ya que, como es típico y aunque suene a Corin Tellado, alguna vez le hicieron daño, y de ahí pa’lante, pues decidió colocar aquello que muchas personas llamamos caparazón (dícese del elemento que permite colar sentimientos y personas) para ‘pasarla bien’ sin ‘hacerse daño’”.

The blower’s daughter

El valor de una relación romántica seria puede crecer tanto que una persona daría, si fuera necesario, la propia vida para proteger a quien ama. Para algunas, se puede prescindir de tanta carga. “La verdad pienso que el sexo casual es algo que está muy de moda —comenta Alejandra, sería ideal mientras pudiera quedarse como su nombre lo indica, pero sinceramente es una posición disfrazada, es un autoengaño”.  A la larga el sexo casual puede destruir el amor propio, que es en lo que está basada la alegría del hombre y la mujer. Y dice Robin Norwood, así se está buscando lo que falta donde resulta más sencillo; y en la vida no todo es tan fáci. 

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