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Especial mujeres +40: Jenny de la Torre Córdoba, activista

Juliana Villegas Arias

Especial mujeres +40: Jenny de la Torre Córdoba, activista Foto: Patricia Castellanos

"Este momento de mi vida es el que había esperado durante todo el camino: me encontré con la Jenny que no conocía".

Encasillar en una sola palabra a esta colombo-española no hace justicia a todo lo que ha sido en su vida: poeta, activista, abogada, socióloga, escritora, investigadora, académica, feminista, doctora summa cum laude, holística, madre, esposa, amiga, compañera, caminante, conferencista, exiliada, guía y faro para muchos. Hoy, a sus 58 años, siente que ha vuelto a encontrarse consigo misma, más allá de los títulos, las misiones y las luchas; hoy es, simplemente, Jenny de la Torre Córdoba, la mujer que inspira.

FUCSIA: ¿Por qué ha decidido ‘echarse al hombro’ tantas luchas? Por las comunidades negras, contra la violencia de género, por la resolución de conflictos…

Jenny de la Torre (J. D. T): Mi origen: esa es justamente la fuente. Crecí en un hogar de un hombre blanco, español, mayor, culto, con una visión grande del mundo; él me empujó precozmente a que mi mirada fuera panorámica y eso me mostró que tenía un color. Esto es más profundo que una discriminación; era un detonante para comprender otras cosas. Luego descubrí otro hombre en mi vida, mi abuelo materno, negro, un chamán del Pacífico, misterioso y mágico, que además de ser sanador, era político. Ese contraste marcó mi vida y le dio alas a mis luchas.

 ¿Cuál de estas ha sido particularmente retadora?

J. D. T: El exilio. Duré 12 años fuera del país. Llegué a Estados Unidos solo con mi ropa en una maleta, sin mis hijos, sin mi esposo, sin mis muertos, sin mis amigas de la esquina, sin la ley de comunidades negras... en esa maleta estaban mis sueños. Y yo llegué allí, un febrero hace 17 años y me pregunté cuando aterricé: ¡¿Y ahora qué? Ahí comenzó la más desafiante etapa de mi vida.

¿Qué batallas ha librado y en cuáles ha salido victoriosa?

J. D. T: Encontrarme conmigo misma. La libré desde el 5 de abril de este año y hasta el pasado 29 de septiembre. Para ello me retiré de lugares donde había entregado mi trabajo profesional. No me encerré, pero me confronté.

¿Cuáles aún le dan lidia?

J. D. T: La gente de este momento, pues me inquieta algo: la indiferencia. Ese es mi desafío interno.

¿Qué es lo que la hace sentir más orgullosa de su raza, de su cultura?

J. D. T: Firmar mi nombre. Cuando lo escribo en compañía de mis dos apellidos reconozco mi herencia: el primero es blanco, español, de origen judío; y el segundo, negro, proveniente de un raicero del río Munguidó, chamán y poderoso. Ambos me dieron la salvia de lo que soy: una mulata que tiene exactamente los dos polos, que no se siente avergonzada de la magia y la intuición que la habitan, de las sombras que bailan con ella, de oír voces... Yo soy eso. Tampoco me avergüenza ser académica, escribir libros, enseñar lo que aprendí. Esa mezcla da una mujer holística, a la que no le importa ser aprobada o desaprobada. Solo soy.

Desde muy corta edad ha explorado la poesía. En sus versos habla de amores, de santas y de lo que significa para usted ser negra. ¿Qué otros temas ha revelado en sus escritos?

J. D. T: Desde niña expreso en la poesía algo que no se nos puede olvidar: que somos pasajeros de un lugar que no es nuestro destino final. Esto es solo una estación del tren que se llama eternidad.

Para usted la palabra que llega desde el alma transforma, sana y convoca. ¿Cómo ha sidoesta experiencia?

J. D. T: En la palabra pongo la carga de mi espíritu. Y lo único que quiero dejar como legado en este planeta es todo lo que sale de él. Ella es sagrada para mí.

¿Cómo describiría este momento de su vida?

J. D. T: Es el que había esperado durante todo el camino: me encontré con Jenny. Me gusta, no la conocía, la había encerrado en la otra Jenny, en mí, la guerrera, la que había venido a cumplir misión y a la que nunca le había dado lo que le he entregado a la humanidad. Ella es soñadora, poco demandante, vive de las pequeñas cosas y de ver felices a los que la rodean; le gusta mucho la luz. La encontré y me he sumado a ella. Es el mejor momento de mi vida.

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