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Especial mujeres +40: Margarita Marino de Botero ambientalista

Por: Carolina Urrutia Vásquez / Directora de Semana Sostenible

Especial mujeres +40: Margarita Marino de Botero ambientalista Foto: Patricia Castellanos

“Lo único que cambia al mundo es la educación, pero no solo la formal, sino lo que se aprende observando el mundo, compartiendo ideas, formulando sueños...".

Lo primero que sorprende a quien conoce a Margarita Marino de Botero, de 79 años, es su suavidad. Sus luchas desde los años setenta para proteger los recursos naturales y avanzar en una agenda ambiental global han tenido retrocesos; tendría derecho al cinismo o a la derrota, pero sucede todo lo contrario: más de cuarenta años después, no ha desistido de conectar a las nuevas generaciones con el conocimiento y la naturaleza.

Llegó al Inderena, el instituto predecesor del Ministerio de Ambiente, en 1973 cuando proponer el medioambiente como parte de la agenda de desarrollo del país era revolucionario. “Fue una escuela fundamental tanto en las prácticas cotidianas como en el aprendizaje y debate sobre temas de gran complejidad; asuntos en los cuales a nadie le parece extraño que los ambientalistas puedan proponer agendas de desarrollo sostenible o presentar alternativas de economía ecológica”.

Durante los 13 años que trabajó en el Instituto, incluyendo tres como directora, Colombia se encaminó a ser uno de los países más avanzados en materia de legislación e institucionalidad ambiental en el continente.

La mística fue un componente esencial para el ambientalismo de esa época; la generación de ambientalistas de Margarita no dejaba de ser rebelde o revolucionaria por ser parte del Gobierno, una opción que hoy parece imposible. “No se hacen grandes transformaciones sin sensibilidad, sin mística, sin coraje. Pasaba aquí y en el mundo. Visitábamos municipios alejados, organizábamos grupos defensores del agua, controvertíamos Urrá, defendíamos el Tayrona como bien público, diseñábamos la isla ciencia de Gorgona, nos oponíamos a la fumigación en los parques, llevábamos a Cousteau al Amazonas”.

Su esposo de hace más de 50 años es Álvaro Botero, arquitecto y académico. Atribuye el éxito de ese matrimonio a tres factores: el hecho de que ambos disfrutan su soledad, el respeto que profesan mutuamente por sus intereses, criterio y decisiones, y al que llama el “exquisito y, a veces, cáustico sentido del humor del cual yo carezco completamente”.

El presente y futuro de Margarita tiene un objetivo fundamental: lograr que las sociedades modernas, sofisticadas y adelantadas tecnológicamente compartan su conocimiento con la gente del campo, “quienes cuidan nuestros suelos, producen nuestra comida y preservan nuestros paisajes más memorables”. De ahí surgen los ejemplos que la alejan de la derrota y el cinismo: “En los años ochenta no imaginábamos la fuerza popular que generarían los movimientos ambientales territoriales hoy”.

Su principal consejo para las mujeres de 40: “Aprender a amar y respetar el conocimiento ajeno. Lo único que cambia al mundo es la educación no solo la formal, sino lo que se aprende observando, compartiendo ideas, formulando sueños, insistiendo en que se puede y se debe hacer lo bueno, lo útil, lo generoso. De joven se puede ser optimista, de mayor es una obligación”.

Maria Luisa Ortiz, diseñadora de modas

Jenny de la Torre Córdoba, activista

Ana Fernanda Maiguashca, economista y co-directora del Banco de la República

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