Sandos Hotels & Resorts propone tres formas distintas de acercarse al Caribe en una ruta para cualquier tipo de viajero.
La búsqueda incansable por descubrir nuevas experiencias, en ocasiones, limita la posibilidad de encontrar momentos genuinos de goce que logren permanecer en la memoria. Qué se elige: el encuadre de una foto, un video que se guarda en la galería o la posibilidad de viajar con la mente a los espacios que se construyeron con la perfección de lo impensado.
Se planea el itinerario y en México se prioriza una típica feria en un pueblo para probar platos típicos o una clase de yoga ante un cenote. Y frente al azar del destino, las sorpresas marcan el viaje: que un mono araña entre al balcón de la habitación o que unas tortugas se acerquen a la playa del hotel para tener sus huevos en medio de la noche.
Hay viajes que sorprenden por lo inesperado y otros que confirman desde el primer momento que la elección fue la correcta. La experiencia del alojamiento suele pertenecer a este segundo grupo. Aunque algunos itinerarios están marcados por jornadas intensas y pocas horas de descanso, existen escapadas en las que el verdadero lujo consiste en detener el ritmo y disfrutar del tiempo sin prisa.
Comenzar el día con un café mientras la luz entra por el balcón, preparar el jacuzzi para contemplar el amanecer o dejarse envolver por una habitación con la temperatura perfecta son pequeños placeres que transforman la estadía en una experiencia de auténtica desconexión. En la Riviera Maya, Sandos Hotels & Resorts convierte esos momentos cotidianos en el eje de la experiencia, con tres propuestas pensadas para quienes buscan descansar, reconectar y disfrutar del Caribe mexicano a otro ritmo.
Elegir el tipo de silencio o ruido hace parte de las decisiones que le dan identidad tanto al viaje como al relato que se genera de él. No existen estándares replicables para cada viajero, pues cada mente es un universo completo con gustos únicos. Ya sea un viaje en solitario, en pareja, con amigos o con familia, existe una zona segura y placentera, una especie de “microclima” personal. Se diseña a la medida: la almohada adecuada, el sonido con el volumen preciso, la temperatura del aire acondicionado a 16 o a 24 grados y hasta qué tan cerradas están las cortinas de la habitación. El lujo es, en consecuencia, que los hoteles ofrezcan la posibilidad a cada viajero de construir su propio microclima.
Cuando se viaja, se busca en parte adentrarse en la cultura del destino. En el caso de México, eso significa tres cosas: probar la comida, disfrutar de los paisajes y vivir las tradiciones. Que un hotel las reúna sin que el huésped tenga que movilizarse no es un detalle menor, sobre todo cuando las vacaciones se cuentan en días exactos.
Sandos Caracol Eco Resort parece estar pensado para facilitar las decisiones sobre qué hacer en un viaje, dejando que todo esté al alcance de la mano. Estar en el microclima que representa este hotel es poder elegir entre el silencio del cenote y el movimiento de una bicicleta o entre la solemnidad de una ceremonia maya y la intensidad de energía del Aquapark familiar.
Caminar en la madrugada en medio de la selva o cenar en alguno de sus restaurantes a la luz de la luna hace que este sea un espacio ininterrumpido de descanso. Incluso si se quiere hacer variar el tipo de descanso, hay opciones como tomar un baño en el jacuzzi exterior del balcón, disfrutando del atardecer o ir a alguna de las piscinas y desconectarse por un par de horas.
Hay algo seguro: la compañía podrá variar entre el sonido de la naturaleza, un buen libro o el peculiar mono araña como visitante ocasional. El ritmo en Sandos Caracol lo impone el viajero, pues las actividades parecen nunca parar. Cada quien decide la ruta a seguir, que puede ser al reunirse a bailar o al recorrer una feria gastronómica. La agenda suele estar pensada para un viajero ávido de experiencias.
Aquí se trata además de la posibilidad de elegir cómo armar el microclima y qué elementos incluir en él. A ratos ese microclima huele a mezcal recién servido y a especias que se cuelan desde la cocina. En otros momentos, el microclima es una gran cocina al aire libre que permite apreciar la comida de Yucatán.
Sandos Caracol convierte cada rincón gastronómico en una posibilidad más de armar la propia experiencia: restaurantes temáticos, food trucks, showcooking. El viajero decide si su día gira en torno a un buffet interminable o a una cena íntima frente al mar, lo que resulta ser el verdadero lujo del hotel.
La satisfacción de elegir una habitación frente al mar no solo se mide por la vista sino por los metros cuadrados de intimidad; eso es lo que se encuentra en Sandos Playacar. Dentro de la habitación, una tina se instala en medio del espacio, dando la bienvenida al huésped para que decida si lo suyo es un baño a la mañana para disfrutar de un buen café, a media tarde con el sonido del mar o a la noche para apreciar el balcón y el firmamento.
En cualquier momento, si se quiere dejar la relajación de la tina, basta con activar el cuerpo gracias al sonido envolvente de la habitación que permite poner play a la lista de reproducción preferida y escuchar las canciones que recuerdan que este microclima se armó para ser feliz.
La estructura del microclima es flexible, pues el hotel entrega el espacio, pero es el viajero quien decide la combinación perfecta de elementos. Más allá de la habitación, explorar Sandos es sorprenderse con una playa de ensueños, quedarse disfrutando del mar o salir a caminar en la ciudad interior. El contraste de la playa con el interior de Sandos permite cambiar la arena y la brisa por calles, terrazas y cafés pensados para no salir del hotel. La mejor opción es caminar sin rumbo fijo y explorar así un resort que no escatima en posibilidades.
No se trata de excluir sino de combinar el mar y la ciudad, pues ambos están ahí, listos para tener recuerdos para toda la vida. Cuando cae la noche, el show comienza en un restaurante de comida india, capaz de transportar al viajero a otro continente. Luego, a algunos minutos caminando, un tributo a Michael Jackson que evoca con precisión la coreografía del moonwalk, los giros y las poses icónicas. El montaje cuida también la producción, con juegos de luces que acompañan cada tema y canciones que llevan a pensar que la reencarnación de Michael vive en Playacar.
No siempre un microclima ideal es el del silencio. Para algunos, el microclima ideal se da cuando el volumen sube y la fiesta es la protagonista. Sandos Cancún está ubicado en el corazón de la Zona Hotelera y evoca lo mejor del espíritu del desenfreno y la vitalidad. El concepto solo para adultos de la marca propone un espacio en el que la energía no se acaba, sino que sube con el sol y se mantiene hasta la madrugada. En medio de las piscinas y la playa, algunas canchas de tenis están presentes para los más fans de este deporte, aunque el ambiente grite baile y descontrol.
La gastronomía acompaña el desenfreno, pero le da una pausa de alta cocina. El asador Seasons, el japonés Gaijin, la cocina italiana de Frattini’s, el buffet internacional Zango son cuatro formas distintas de cerrar el día, cuatro microclimas dentro del mismo hotel, cada uno con su propio ritmo y su propia temperatura. Resulta imperdible el poder disfrutar de una cata de tequilas en Zango para poder llevarse el mejor concepto de la bebida icónica de México y ni qué decir de la pasta de Frattini’s, un lujo que se puede maridar con un buen vino.
En Cancún, si el cuerpo resiste, la fiesta es interminable, pero también lo son las opciones para recuperarse. Desde caminar bajo la luna en la playa, ver cómo algunas tortugas se acercan hasta darle un regalo a la mente y al cuerpo con un masaje en la zona del spa, que esté acompañado de ciclos de calor y frío entre el sauna y los jacuzzis de distintas temperaturas. Al final, en la Riviera Maya, ya sea en la tina de una Platinum Tower de Sandos Playacar, en la feria gastronómica de Sandos Caracol o en la pista de baile de Sandos Cancún, la fórmula de esta línea de hoteles es garantizar que el huésped cuente con los elementos para armar el viaje a su manera y construir su microclima ideal.