De Michael Kors a Raúl Peñaranda y la plataforma Fashion Designers of Latin America, así se vivió la semana de la moda.
El regreso a la rutina marca también el inicio del calendario internacional de la moda, con las distintas semanas que anticipan lo que se verá en la próxima temporada. Ciudades como París, Milán y Madrid concentran algunas de las propuestas más relevantes, pero la New York Fashion Week sigue siendo uno de los escenarios clave por su capacidad de marcar el pulso comercial y creativo de la industria.
En esta edición, viajamos en Revista Fucsia, de la mano de Copa Airlines, para ver desfilar las colecciones de marcas como Michael Kors, Raúl Peñaranda, Carolina Herrera, entre otros. Desde Bogotá, Copa Airlines nos conecta con 70 frecuencias semanales hacia Panamá y, desde su Hub de las Américas en la ciudad, es posible enlazar con nuestro próximo destino en Estados Unidos: Nueva York, que cuenta con 28 vuelos semanales, facilitando así la llegada directa al corazón de la semana de la moda.
Viajar a la NYFW 2026 en febrero implica integrarse a una dinámica de trabajo intensa, donde cada día está definido por una agenda cerrada de desfiles, traslados y tiempos de espera. En New York, la semana de la moda funciona como una plataforma de negocios y visibilidad: compradores, prensa y creadores de contenido convergen para identificar tendencias y evaluar propuestas con potencial global.
A lo largo de la semana, se hizo evidente una temporada marcada por contrastes: desde colecciones que apuestan por la contención estética hasta otras que recuperan el impacto visual como herramienta principal. En ese panorama, las pasarelas visitadas permiten leer con claridad hacia dónde se dirige la industria en la siguiente temporada.
El desfile reforzó una de las direcciones más estables dentro del mercado actual: una moda que apuesta por la discreción, la funcionalidad y la permanencia en el tiempo. Lejos de propuestas estridentes, la colección otoño/invierno se construyó desde una estética controlada, donde cada prenda responde a una lógica de uso clara.
La paleta cromática se mantuvo en registros neutros —negro, camel, gris, marrones profundos y tonos crema—, lo que permitió centrar la atención en la construcción de las siluetas y en la calidad de los materiales. En pasarela se vieron capas superpuestas, abrigos envolventes, sastrería relajada y vestidos de líneas limpias, configurando un vestuario coherente y fácilmente adaptable a distintos contextos.
Las prendas exteriores volvieron a ser el eje de la colección. Abrigos largos de lana, trench coats estructurados y piezas de cuero marcaron el ritmo del desfile, con cortes precisos y proporciones equilibradas. A esto se sumaron tejidos como cashmere y punto fino, que aportaron textura sin romper la sobriedad general.
Otro de los elementos clave fue la construcción de looks a partir de capas, una estrategia que no solo responde a lo estético sino también a lo funcional. Esta superposición controlada permitió generar profundidad visual sin recurrir a estampados o excesos decorativos.
En cuanto a accesorios, la propuesta siguió la misma línea: bolsos de gran formato, gafas oscuras y botas de caña alta, todos diseñados bajo criterios de utilidad y durabilidad.
La colección también evidenció una intención clara de continuidad comercial. Más que plantear una ruptura, Kors refuerza un lenguaje que ya ha sido validado por el mercado: prendas versátiles, de larga vida útil, que se integran fácilmente en el guardarropa cotidiano.
El desfile de Raúl Peñaranda en la New York Fashion Week 2026 se presentó como un contrapunto vibrante frente a la sobriedad de otras colecciones de la temporada. Desde el primer look, quedó claro que la narrativa de Peñaranda se centra en la visibilidad, la identidad y la teatralidad de la feminidad, construida a partir del color, la textura y la forma.
La colección otoño/invierno mostró una paleta intensa: rojos profundos, azules eléctricos, verdes y estampados que mezclaban geometría con referencias orgánicas. Estos colores no solo reforzaban la presencia de cada look en pasarela, sino que también servían como vehículo de expresión para la personalidad de la mujer contemporánea que inspira al diseñador.
En cuanto a siluetas, Peñaranda apostó por el volumen y la estructura como herramientas narrativas. Mangas amplias, hombros marcados y faldas con movimiento generaron dinamismo y contraste con cuerpos más ajustados, logrando un equilibrio entre dramatismo y comodidad. La superposición de capas y la alternancia entre tejidos rígidos y fluidos reforzaron esta dualidad entre fuerza y delicadeza.
Otro de los aspectos distintivos fue la atención al detalle: bordados, texturas mixtas y combinaciones de materiales que, aunque complejas, nunca saturaron la propuesta. Cada prenda se percibía como un objeto pensado para impactar visualmente, sin perder coherencia ni elegancia.
Ocho marcas bogotanas de moda participaron en la plataforma Fashion Designers of Latin America, en el marco de la New York Fashion Week 2026. La iniciativa, liderada por la Cámara de Comercio de Bogotá, tuvo como objetivo aumentar la visibilidad, fortalecer el posicionamiento global y generar oportunidades comerciales.
Las marcas participantes fueron Alanna, A Modo Mio, C’emadier, Más Cincuenta y Siete by Love Me Jeans, Lorant & Co y Lyenzo en el segmento de vestuario, junto a Liza Herrera y Kernel Leather en calzado.
En conjunto, las colecciones evidenciaron un interés por competir en mercados internacionales a partir de tres ejes:
La New York Fashion Week 2026 dejó ver una industria en ajuste. Por un lado, marcas consolidadas refuerzan líneas comerciales seguras, como el minimalismo sofisticado; por otro, diseñadores independientes apuestan por propuestas más arriesgadas para diferenciarse.