Opinión

Elegancia, poder y autenticidad sin permiso después de los 50

Redacción Fucsia, 23/4/2026

Dicen que a partir de los cincuenta las mujeres dejamos de ser protagonistas. Yo prefiero pensar que, justo entonces, empieza el mejor acto de la obra.

Martha Abdallah Pastrana, socia de Urdaneta, Vélez, Pearl & Abdallah Abogados. | Foto: Semana

Por: Martha Abdallah Pastrana - Club Indómitas

En mi vida—entre leyes, decisiones públicas y viajes—he descubierto que la edad es sólo otro escenario, y el estilo, una poderosa forma de tomar la palabra.

En los asuntos públicos, donde cada gesto comunica y el poder se negocia en detalles, aprendí que el vestuario no sólo cubre, sino que también habla. Cada blazer, cada tacón, cada color es una estrategia, una carta sobre la mesa.

Las mujeres abogadas hemos abierto camino con determinación y autenticidad. Belva Lockwood, la primera en argumentar ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, tuvo que vestirse como los hombres de su época para ser tomada en serio. Pienso en Amal Clooney, que combina la elegancia y autoridad de sus raíces libanesas con una visión moderna del derecho. Esa mezcla me resulta cercana: mi propio estilo y mi presencia profesional están marcados por la herencia de fortaleza y apertura.

La presentación de los abogados se convierte en un aspecto crucial para quienes consideran esta carrera. | Foto: Getty Images

Durante años, el negro fue mi armadura en los pasillos grises de Bogotá. Era el tono de la prudencia, el idioma de la seriedad. Pero mi historia empezó en Barranquilla, donde el color es un derecho de nacimiento y la alegría parte del vestuario. Allí entendí que la individualidad no pide permiso y que cada día puede ser una celebración.

La moda, para mí, es un lenguaje universal. En Mumbai, Mompox o Miami, Madrid o Nueva York, mi atuendo siempre ha sido una forma de mostrar de dónde vengo y hacia dónde voy. Descubrí que la elegancia puede estar en la sencillez de un corte, en un detalle cuidadosamente elegido o en la seguridad de un labial rojo. La verdadera distinción es moverse entre culturas y escenarios sin renunciar a la propia esencia.

Admiro a Sanna Marin, que convirtió el minimalismo nórdico en símbolo de liderazgo fresco, y a Christine Lagarde, cuya elegancia y fuerza femenina han dejado huella en el mundo de las finanzas globales. Ellas demuestran que el estilo y la autoridad pueden ir de la mano; la presencia no se negocia, se cultiva.

A veces me dicen que después de los cincuenta las mujeres se vuelven invisibles. Yo opino que la invisibilidad es una opción, no una condena. He visto a mujeres mayores liderando, negociando, inspirando. En la mesa de las decisiones, lo que importa es la seguridad con la que una ocupa su silla y el ingenio con el que responde. La moda, bien entendida, es aliada en la estrategia: un rouge encendido puede abrir la conversación, un vestido inesperado puede romper el hielo.

Elegancia en mujeres de 50 años | Foto: John Sommer

Y si de símbolos hablamos, he aprendido que un simple gesto puede transformar la manera en que nos percibimos y somos percibidas. Como dice Vanessa de La Torre en El olor del fin del mundo: “Rescaté el pintalabios rojo como una declaración de supervivencia y fortaleza.” Y Christian Dior, en su célebre Little Dictionary of Fashion, lo resume así: “Ponerte un poco de rojo en los labios, y de repente estás lista para la batalla.” El 999 de Dior, para mí, es un recordatorio silencioso de determinación.

No me visto para agradar ni para intimidar: me visto para recordarme quién soy y de dónde vengo. Cada prenda es una declaración de principios: la disciplina de la abogacía, la alegría del Caribe, la mirada amplia y la flexibilidad de quien aprende en cada escenario. Elegancia es decidir con intención y caminar con ligereza, incluso en tacones.

A los cincuenta, el reto no es volver a ser vista: es mirarse con nuevos ojos, disfrutar la experiencia y celebrar la mejor versión de una misma, con o sin testigos. En asuntos públicos, como en la vida, el verdadero poder está en la autenticidad y la capacidad de sorprender.

He aprendido, como tantas mujeres admirables, que no se debe delegar el estilo ni los sueños. La moda es estrategia, alegría y complicidad silenciosa entre la mujer que fui y la que soy hoy.

Hoy elijo vestirme para honrar mi historia y marcar mi propio territorio. Después de los 50, vestirse con autoridad no es un acto de vanidad: es una declaración de independencia. Y, créeme, el mundo lo nota.

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Las opiniones expresadas en este espacio pertenecen exclusivamente a su autor y no reflejan necesariamente la postura editorial ni los valores de Revista Fucsia.

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