Opinión

Volví a mí

Redacción Fucsia, 2/7/2026

El día que dejé de intentar ser suficiente para todos, empecé a serlo para mí.

Columnista Club Indómitas | Foto: KAPTURESTUDIO 2024

Por: Zaidy Mora - Club Indómitas

Durante mucho tiempo confundí la fortaleza con la capacidad de soportarlo todo. Creía que una mujer fuerte era la que nunca se quebraba, la que resolvía la vida de todos antes que la propia, la que sonreía aunque por dentro estuviera hecha pedazos. Descansar me parecía un privilegio, pedir ayuda una debilidad y poner límites, un acto de egoísmo.

Hasta que un día me cansé.

No fue un gran acontecimiento. Fue algo mucho más silencioso. Me miré al espejo y sentí que la mujer que tenía enfrente ya no me pertenecía. Era admirada, sí. Cumplía con todo también. Pero había dejado de reconocerme. Mientras el mundo celebraba lo que hacía, yo extrañaba a la mujer que alguna vez fui.

Ese día entendí una verdad que todavía me acompaña: muchas mujeres no estamos agotadas por todo lo que hacemos. Estamos agotadas por todo lo que callamos. Por sostener una imagen de fortaleza permanente. Por responder “estoy bien” cuando hace tiempo que dejamos de estarlo. Por creer que derrumbarnos, aunque sea por un instante, nos hace menos valiosas.

Con el tiempo descubrí que la verdadera fortaleza no consiste en no caer. Consiste en no perderse a una misma mientras intenta levantarse.

He conocido mujeres que lo han perdido casi todo y, aun así, conservan la capacidad de sonreír. Mujeres que empezaron de nuevo cuando nadie apostaba por ellas. Mujeres que sacaron adelante a sus familias mientras reconstruían su propia vida. Ellas me enseñaron que el poder más grande no necesita hacer ruido. A veces el acto más valiente es levantarse una mañana más y volver a intentarlo.

Vivimos en un mundo que nos invita a compararnos constantemente. Nos convencieron de que siempre debemos demostrar algo: que somos suficientes, exitosas, fuertes o perfectas. Y, sin darnos cuenta, terminamos buscando nuestro valor en el reconocimiento de los demás.

Yo también viví ahí.

Hasta que comprendí que ninguna meta, ningún aplauso y ninguna aprobación pueden llenar el vacío que deja el abandono de uno mismo.

El arte de elegir el outfit perfecto para una cena no solo radica en seguir las últimas tendencias, sino en encontrar el equilibrio entre comodidad y estilo. | Foto: Getty Images/Collection Mix: Sub

La transformación más importante de mi vida no llegó cuando alcancé un logro. Llegó cuando dejé de abandonarme para no ser abandonada. Cuando entendí que cuidarme no era egoísmo, sino responsabilidad. Que decir “no” también era una forma de respeto. Y que mi valor nunca dependió de todo lo que era capaz de hacer por los demás.

Hoy veo a muchas mujeres sobreviviendo. Cumplen, trabajan, cuidan, sostienen hogares, lideran equipos y resuelven problemas todos los días. Pero pocas encuentran un momento para preguntarse cómo están de verdad. Nos acostumbramos tanto a resistir que olvidamos cómo se siente vivir en paz.

Si alguna mujer está leyendo estas líneas y siente que ya no puede más, quiero decirle algo que me habría gustado escuchar hace muchos años: no tienes que demostrarle nada a nadie para merecer amor, respeto o admiración. No tienes que ser perfecta para ser extraordinaria. Y no tienes que cargar sola con todo para demostrar que eres fuerte.

Hoy ya no quiero ser la mujer que sobrevivía. Quiero ser una mujer presente. Una mujer que se escucha, que se respeta, que se elige y que entiende que inspirar no consiste en aparentar una vida perfecta, sino en vivir una vida auténtica.

Descubrí que el mayor acto de empoderamiento no fue conquistar nuevos espacios.

Fue volver a encontrarme conmigo.

Y desde ese día entendí que cuando una mujer vuelve a sí misma, deja de vivir para cumplir expectativas y empieza, por fin, a escribir su propia historia.

“Porque el mundo no necesita más mujeres perfectas. Necesita mujeres que hayan tenido el valor de volver a sí mismas”.

-

Las opiniones expresadas en este espacio pertenecen exclusivamente a su autor y no reflejan necesariamente la postura editorial ni los valores de Revista Fucsia.

Opinión
mujeres influyentes
Amor propio
mujeres inspiradoras

Entradas Relacionadas

Opinión

El amor que me hizo segura: lo que aprendí de mi papá

Opinión

El café que no fue

Opinión

Más allá del traje de fuerte: el arte de liderar completo

Opinión

“Para brillar no necesito pedir permiso”