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Alpargatas de lujo Foto: Cortesia Castañer

La firma de alpargatas Castañer tiene una historia de 139 años que empieza con zapatos para los campesinos catalanes, pasa por la Guerra Civil Española, se catapulta en las vitrinas de París y ahora llega a Colombia. Hablamos con antonio Castañer, consejero de la empresa.

La familia Castañer lleva toda la vida vendiendo alpargatas, un calzado muy antiguo que viene de los egipcios. Según los registros de Banyoles, un pueblo en la provincia de Girona, en 1776 nació Rafael Castañer, el alpargatero que inició la tradición en la familia. En 1927, Luis Castañer y su primo Tomás fundaron el primer taller que producía alpargatas para los campesinos.

Durante la Guerra Civil Española se dedicaron a producir zapatos para el ejército. Paradójicamente, cuando la economía empezó a mejorar, el negocio decayó porque la industrialización de los años 60 cambió los hábitos de consumo. Ya nadie quería suelas de yute, sino de caucho.

Pero Lorenzo e Isabel, los padres de Antonio Castañer y sus hermanos, se negaron a cerrar el taller y encontraron la solución que los volvió exitosos. Los turistas nórdicos, las estrellas de Hollywood y los viajeros que llegaban a la Costa Brava se enamoraban de esos zapatos peculiares y únicos que eran las alpargatas, y a fuerza de esa devoción de los extranjeros el negocio volvió a repuntar. Los Castañer hallaron en ese mercado su nicho.


Foto: alpargatas Castañer

Pero el golpe de suerte llegó en 1970, cuando el joven Yves Saint-Laurent vio las alpargatas en una feria y les propuso que fabricaran unas con su marca, pero con tacón. Con la ayuda de fabricantes franceses diseñaron la horma y produjeron las primeras alpargatas con tacón. Hoy tienen 6 fábricas en España, 25 tiendas propias, exportan a 35 países y venden cerca de medio millón de pares al año. Hablamos con Antonio Castañer, el consejero delegado de la empresa a propósito de la llegada de una de sus tiendas al país.


¿Cuál es la importancia de la tradición en una marca como Castañer?

Castañer tiene una técnica específica para hacer la suela y coser la capellada, que es la misma desde hace cien años. La suela está hecha de yute, un tipo de caña como el esparto y el cáñamo, una materia que está viva, transpira y aísla el calor. Proviene de India y Bangladesh, antes se cultivaba en España, pero ahora apenas queda algo en esas tierras. Hay una anécdota que cuenta que cuando Neil Armstrong pisó la Luna llevaba una plantilla dentro de las botas hecha de yute, que desde luego no la hicimos nosotros, pero que da cuenta de la relevancia del material.


Foto: Castañer


¿Cuánto trabajo manual se conserva aún hoy en la realización de los zapatos?


Mucho. Por ejemplo, en las alpargatas de hombres se hace el cosido cien por ciento manual. Se hace en Bagnoles, un pueblo en La Rioja en el que hay 70 u 80 mujeres que trabajan en sus casas. Como en cualquier oficio, mantener la artesanía y el savoir faire les da un valor añadido y los distingue de los otros. En China, por ejemplo, todo lo que se vende es hecho en España.


¿Cómo se construye una colección?

Es muy complicado. Hay un equipo de diseño, el de hombre está a cargo de mi hermano. Viajan mucho, van a las ferias todo el año. Con algunos proveedores, básicamente italianos, trabajamos los materiales y los colores, pues ellos nos orientan con el primer paso, que son los colores.


Foto: Castañer


¿Tiene Castañer un modelo icónico?


Al inicio se llamaba Campesina. Luego la modernizamos y hoy se llama Carina, que está aquí en Colombia. Este modelo se ha repetido muchos años. Cada año se le añaden elementos, como una doble suela o se le cambian los colores. Se repite cada año con variaciones.


¿Cómo se adaptan los espadrilles y la empresa a las estaciones, a las temporadas frías?


Definitivamente las alpargatas son veraniegas, para la nieve no funcionan. En las tiendas europeas en invierno hay un pequeño rincón para las alpargatas, para clientas que viajan a países cálidos. Pero Castañer tiene una colección de invierno: botas, zapatos y botines. Tiene también unas pocas alpargatas en materiales más invernales.


Foto: Castañer


¿Cómo fue la alianza con la familia Tcherassi?

Encontrarnos con un socio local como los Tcherassi, que no son mucho más grandes ni más pequeños que nosotros, nos hizo tomar la decisión. Nos gusta lo de familia en la parte personal y profesional.

Con Silvia Tcherassi nos conocimos hace diez años en una feria. Ella y su madre nos encargaron alpargatas para unas tiendas y luego hace dos años nos encontramos en Medellín. Después, Samuel Tcherassi y su esposa, Diana, pensaron que con toda la experiencia en el retail que tenían con sus tiendas EPK podrían ser útiles y crear una buena combinación. Así, Samuel se encargaría de la logística, y Silvia y Diana decidirían qué se compraría y qué iría a las vitrinas, etc. El mercado colombiano es particular, las colombianas saben mucho de moda, viajan y conocen la marca, así que pensamos que va a ser fácil introducirla.


¿Cuántas tiendas van a tener en Colombia?

La primera es la del Centro Comercial Andino,
la segunda se abrirá al final de junio en el Centro Comercial Santafé y después sigue Barranquilla, Cali, Cartagena y Medellín. También con los Tcherassi vamos a abrir la tienda de Miami, considerado como la mejor vitrina para Latinoamérica.

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