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Baiser volé, de cartier

Baiser volé, de cartier La fragancia se presentó durante un almuerzo en la Maison Cartier de la Quinta Avenida de Nueva York.

Inspirada en la estela creativa y exclusiva de la colección Les Heures de Parfum y en las creaciones a la medida por la Maison Cartier, Mathilde Laurent edita un nuevo emblema de la feminidad.

Mathilde Laurent, perfumista de Cartier, no tiene claro cuál es el secreto para crear un gran perfume, pero siempre lo logra. Por lo menos así lo demuestra con Roadster y Cartier Le Lune, dos best-sellers de la mítica Casa francesa, y con su nuevo ‘bebé’, Baiser Volé, que le tomó dos años desarrollar y que la hace sonreír, henchida de orgullo, cuando habla de éste, cuyo principal ingrediente es el lirio: “Adoro esta flor y siempre he notado que los hombres la aman. Muchas flores se perciben ya ‘muertas’ en algunos perfumes, pero en éste se sienten vivas, muy vivas”. Lograr este “holograma olfativo”, como lo describe Mathilde, le tomó dos años de pruebas, muchos ensayos y reuniones con las directivas de la marca hasta llegar a lo que siempre esperan: entregarle a la consumidora un producto que toque su piel, pero también su alma. “Una fragancia que comunique algo”, agrega.

Durante el lanzamiento de Baiser Volè (“beso robado”, en español) en la Maison Cartier de Nueva York, al que FUCSIA fue invitada, la ‘nariz’ y los demás anfitriones de un magnífico almuerzo recalcaron que la mayor cualidad de esta novedad es que es una fragancia viva, pensada para todas la mujeres y nunca para una en particular: “Queremos que todas se sientan como reinas y la lleven con placer”.

Insistieron también en que se trata de una creación en la que la selección de la materias primas es lo más importante: “tenemos ingredientes insertados en la obra exactamente como la piedra preciosa en la joya”, tal como los diamantes, zafiros, esmeraldas, rubíes y demás piedras preciosas engastadas de manera prodigiosa que recibieron ese medio día de verano al selecto grupo que poco a poco fue arribando al 653 de la Quinta Avenida de Nueva York, una de las esquinas más emblemáticas y bellas de La Gran Manzana.

Todos allí serían testigos de la presentación en sociedad de la nueva alhaja olfativa de Cartier, y fue con tanto orgullo que se develó ese secreto llamado Baiser volé, que entre sus creadores no hubo duda de exaltar tanto los valores de la fragancia en sí como el empaque, que describieron como “un objeto de calidad, símbolo de un refinamiento ‘tan’ Cartier, en el que la belleza se alimenta de materia, la materia del perfume, la materia del frasco”.

Para rematar, buscaron una manera de describir el resultado de estos años de investigación y desarrollo, que sólo hallaron en la lírica:

No es un perfume, es una flor.
Sólo un lirio, pero completo. hoja-pistilo-pétalo.
No es una invitación, es un robo,
sin preámbulos, sólo un beso urgente,
imposible de aplazar…
Un lirio soberano para el joyero de reyes,
un lirio que se ofrece sin rodeos, lípido y magistral.
Flor de reina y fogosidad adornada de una estela imperiosa,
embriagadora y vibrante…
Sólo un lirio, sólo un beso.

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