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Hablemos sobre feminismo

Revista FUCSIA

Hablemos sobre feminismo

Todos deberíamos ser feministas, el ensayo de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, se aleja de todos los estereotipos, para acercar la conversación sobre género y desigualdad a nuestra realidad.

En la mesa no se habla ni de religión ni de política. Sin embargo, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie ha retado esa regla tácita poniendo en el centro de la conversación de miles de hogares un tema tan controversial como importante: el feminismo. En 2012, la también autora de Americanah realizó una charla en TedxEuston sobre la manera en la que la desigualdad de género afecta a las mujeres en el mundo, e instantáneamente se volvió viral. Con más de 2,5 millones de reproducciones, el discurso que dio Adichie fue tan contundente que llegó a los oídos de Beyoncé, quien usó en su canción Flawless algunas de sus frases sobre cómo está mal visto para una mujer ser ambiciosa. Ahora, el poderoso discurso se ha convertido en un libro corto titulado Todos deberíamos ser feministas y es de lectura obligatoria en los colegios suecos.

Adichie, consciente de que muchas veces la palabra “feminismo” viene acompañada de connotaciones negativas que remiten a mujeres infelices y amargadas, muestra en su discurso la importancia de pensar en la desigualdad de género para zanjarla. Desde una sencilla definición de “feminista”: “persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos”, la nigeriana nos invita a reflexionar sobre un tema que permea nuestro día a día.

Y no lo hace desde un lugar teórico, sino desde las pequeñas agresiones a las que las mujeres nos vemos enfrentadas en la cotidianidad y que se han enquistado de manera violenta en la cultura. La autora se refiere a esos momentos en los que, si hay un hombre en la mesa, los meseros no se dirigen a la mujer para tomar su orden; como en algunas casas la hija debe servir de manera atenta a su hermano y recoger los platos que este deja tirados; o una anécdota que la marcó cuando era niña: nunca pudo ser monitora de su clase, a pesar de tener todos los méritos, pues esta posición era destinada a sus compañeros hombres. En palabras de la autora: “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si solo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de la clase tiene que ser un chico. Si solo vemos a hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”.

Adichie reflexiona sobre cómo los estereotipos de género y la manera en la que educamos a nuestros hijos permite que esos patrones de desigualdad continúen: “Pasamos demasiado tiempo enseñando a las niñas a preocuparse por lo que piensen los chicos sobre ellas. Y, sin embargo, al revés no lo hacemos. No enseñamos a los niños a preocuparse por caer bien. Pasamos demasiado tiempo diciéndoles a las niñas que no pueden ser rabiosas, ni agresivas, ni duras, lo cual ya es malo de por sí, pero es que luego nos damos la vuelta y nos dedicamos a justificar a los hombres por las mismas razones”, sostiene la autora. “Enseñamos a las niñas a tener vergüenza: ‘Cierra las piernas’, ‘Tápate’. Les hacemos sentir que, por el hecho de nacer mujeres, ya son culpables de algo. (…) ¿Qué pasaría si, a la hora de criar a nuestros hijos e hijas, no nos centráramos en el género sino en la capacidad? ¿Y si no nos centráramos en el género sino en los intereses?”.

Para Adichie, esos pequeños compor-tamientos rutinarios son los que moldean la cultura, y está en nuestro poder hacer algo al respecto: “Sí, hay un problema con la situación de género en la actualidad, y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que mejorarlas entre todos, hombres y mujeres”, recalca, haciendo evidente que la conversación sobre feminismo es una que hay que tener en la mesa, en la escuela, el trabajo y en todos los espacios posibles pues está en nuestras manos zanjar la desigualdad entre géneros y detener la violencia contra la mujer, que a veces se disfraza de comportamiento cotidiano.

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