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Hombres difíciles en serie y en serio

Lila Ochoa

Hombres difíciles en serie y en serio Foto: © Paloma Villamil/13

Creo que la hora de las películas está llegando a su fin, pues las series de televisión les ganaron la partida. Llevaba un tiempo oyendo hablar de una que se llama 'Breaking Bad', cuya traducción al español podría ser “Volverse malo”. Y eso es lo que les está pasando a los héroes de ahora.

 Primero fue Don Draper, el protagonista de Mad Man; luego Andrés Parra, en el papel de Pablo Escobar; el más reciente es Juan Sebastián Calero, quien interpreta a Rodríguez Gacha en la nueva serie de RCN, y un versátil actor norteamericano, Bryan Cranston, es el profesor de química Walter White en la serie Breaking Bad.

Uno no sabe qué pensar de estos nuevos prototipos, pues en mi caso, crecí viendo en las películas y en las series de televisión a unos personajes buenos mozos, honrados y valientes, mejor dicho, casi perfectos.

Ahora estos no son necesariamente simpáticos, se emborrachan todo el tiempo, son adictos al sexo y a las drogas, tratan mal a las mujeres y, desde luego, las engañan. Cuando empecé a ver Mad Man pensé que, como la serie recreaba los años cincuenta, mostraba tal vez lo que se usaba en esa época, trataba de retratarlo lo más real posible.

Las mujeres solo podían trabajar de secretarias, y cuando se casaban permanecían en el hogar cuidando a los niños. Vivían desesperadas y sus maridos no perdían oportunidad de acostarse con la primera que se les pasara por delante. Luego vi la saga de Pablo Escobar y no puede terminarla, se me arrugó el corazón, “es un personaje que encarna el mal”, alcancé a pensar, y lo relacioné, inevitablemente, con las historias de las series gringas en las que los hombres se portan mal porque tienen una especie de salvoconducto para hacerlo, puesto que las mujeres los aceptan y no tienen más remedio, porque el poder del dinero es demasiado seductor y ellas se pliegan, sin ninguna otra consideración, a sus caprichos.

Ahora estoy viendo la historia del señor White, un profesor de química que vive en Albuquerque, en el Estado de Nuevo México, cerca de la frontera con México. A pesar de ser un hombre brillante, a White la vida le hizo trampa y pasa sus días aburrido y desesperado, tratando de enseñarle algo a unos niños adolescentes que no le ponen atención.

Un mal día, o el peor de todos, le diagnostican un cáncer de pulmón y como no tiene seguro debe conseguir una suma muy importante para cubrir los costos de su tratamiento. Luego lo invitan a un almuerzo donde se reencuentra con sus amigos de universidad. Uno de ellos, que fuera su socio en una empresa, le quitó la novia del momento y lo sacó de la compañía. Hoy es millonario, tiene una casa espectacular, Ferrari, piscina y todo lo que se pueda soñar.

Esta frustración hace que White, un hombre bueno, con una esposa que lo adora y está embarazada, y con un hijo incapacitado, se vuelva malo. Y uno piensa, cuando se aficiona a una serie como esta, que los años cincuenta pasaron y que más de sesenta años después los protagonistas siguen siendo el alcohol, las drogas, el engaño, en suma, la falta de valores. Mejor dicho, la decadencia del imperio con las mismas obsesiones: violencia, sexo, adicción, familia y clase.

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