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La belleza en 1810 La belleza en 1810.

La blancura de la tez era motivo de orgullo para las mujeres, producto de una concepción racial basada en el arquetipo europeo.

Por Ricardo Rivadeneira

Es probable que mostrar el cuerpo desnudo cuando el siglo XIX apenas despuntaba fuera un deseo tanto femenino como masculino. Sin embargo, la exposición del pecho a través del escote fue la forma más admitida por el recato social que se imponía en esa época. En ese sentido, el tono blanquecino de la piel se constituyó en un factor determinante y excluyente dentro de la jerarquía racial.

Lucir una tez blanca no sólo fue símbolo de limpieza, sino que brindaba la posibilidad de proyectar una imagen enigmática, sugestiva y, en ocasiones, melancólica. El gusto por la piel blanca es todavía hoy una constante heredada del eurocentrismo; en ella, se reflejan los complejos y traumas sociales derivados del mestizaje. Sorprende, entonces, que la lucha por la independencia estuviera marcada por un yugo tan marcado por las tendencias europeas.

El conjunto de retratos del siglo XIX evidencia el hecho de que las mujeres blancas podían acceder a retratos individuales, mientras que las trigueñas eran representadas como figuras que ocupaban un segundo plano. Incluso hasta bien entrado el siglo XIX, la imagen de la mujer fue el resultado de la lectura parcial y machista de los retratistas. Se desconoce durante la Nueva Granada la incursión de mujeres en el arte de hacer retratos, de ser así, otra sería la historia de la imagen femenina.

El estudio de la imagen femenina de esa época presentaba elementos anecdóticos de gran interés. Resulta curioso al respecto que en muchos de los cuadros pintados a manera de miniaturas y con destino a los camafeos, las damas más distinguidas dejaran entrever un bozo sutil. Tal parece que ser velluda pudo tener su atractivo. Un ejemplo importante de este tipo de ‘mujeres de afeites’ lo constituye el retrato de Bentura Coronado, ‘Vecina de Zipaquirá’.

La piel en el 2010
La belleza cambia con el paso de los tiempos. Lo que se mantiene igual son las pieles, aunque los parámetros culturales amplían el abanico racial.

Las grandes compañías de belleza están mirando el futuro con cuidado, pues el panorama está cambiando dramáticamente. Por ejemplo, los genes del pelo rubio o del de las pelirrojas se está volviendo recesivo y el castaño o negro se está volviendo dominante. Lo mismo pasa con los tonos de piel y cada vez la tez es más oscura. A raíz de que se descifró el código de los genes, en el 2001, la ciencia cosmética se ha enfocado en los productos antiedad, campo en el que se verán los desarrollos tecnológicos más importantes. Hoy, los adelantos en la cirugía plástica y las técnicas no invasivas, como el láser, han logrado restituir la juventud. El reto es tratar de minimizar los efectos de estas técnicas para que los cambios sean imperceptibles. Los ojos de gato, la frente tiesa o los labios abultados por culpa del Bótox? serán cosa del pasado.
 
Hay estudios que pueden decir la edad exacta de una mujer examinando su pelo. Cuando se descubra qué hace que éste brille o por qué su textura cambia, las mujeres podrán ocultar el paso del tiempo.
 
La eterna búsqueda del elíxir de la juventud es la meta de los productos de belleza y la madurez empezará a los 70 y no a los 50, como ahora.


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