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La moda en 1810 la moda de 1810

Las costumbres y los gustos, la manera de vestir y de peinarse, las joyas y objetos de uso personal trazan un vivo perfil de las mujeres colombianas de comienzos del siglo XIX.

La moda que llegó de París
Se conoce como la “gran renuncia” el cambio que tuvo la manera de vestir de las mujeres a finales del siglo XVIII en Europa, cuando concluía el auge de la moda establecida en la corte de Luis XIV, en la que el ensanche de los vestidos en las caderas, conocido como verdugado o corpiño emballenado, era determinante en la silueta de las cortesanas. Éste se lograba gracias a una estructura metálica o de madera que abultaba notablemente el vestido e incrementaba la relación entre el grosor de la cadera y la medida de la cintura. Este artilugio ‘enloqueció’, literalmente, a los hombres. Sin embargo, durante la Revolución Francesa dejó de usarse, pues se constituyó en símbolo de los desmanes de la sociedad cortesana.

Retratada por Françoise Boucher hacia 1765, Madame de Pompadour constituye un magnífico ejemplo de la mujer engalanada con un vestido francés, en el que el cuerpo aparece ceñido mediante un corpiño escotado que cae mediante un sugestivo juego de lazos anudados.

Se hablaba de ‘renuncia’ porque muchas mujeres se opusieron a utilizar los vestidos que les recordaban a la vieja corte, reemplazándolos por nuevas formas. El antiguo vestido de cola fue desplazado por atuendos típicos de las regiones campesinas, en los que las faldas no eran tan embombadas y los decorados y encajes eran mínimos, además de que predominaban los zapatos de madera. Por su parte, los maridos de estas mujeres fueron llamados los sans-culottes (“sin calzones”), pues dejaron de vestir el tradicional calzón a la rodilla para imponer el uso del pantalón y el gorro frigio, tal y como los conocemos hoy.

La seda continuó siendo el material preferido de las clases altas, pues ya desde 1733 Jean Revel había desarrollado la técnica de los points rentrés, que permitía generar complejas figuras florales mediante el entramado de tejidos lisos. Los modistos encontraron muy acertada la combinación de seda con hilos de oro y plata, y la nobleza hizo alarde de su riqueza mediante el uso de lentejuelas. Sin embargo, la moda de comienzos del siglo XIX, que tuvo como contexto el proceso de independencia, renunció al excesivo ornamento floral y ese gesto se hizo evidente en el uso de telas monocromáticas que recurrían al uso moderado de los encajes.

La moda en tiempos de la naciente independencia
Durante la Independencia, el ajuar de las mujeres privilegiadas se orientó a disfrutar los bienes materiales, en un marco de contradictoria ostentación. Fue determinante el hecho de vivir cerca de una ciudad importante como Bogotá, centro urbano distante, pero al que llegaba la información procedente de las metrópolis mundiales. En el recorrido hacia las capitales aparecían las ciudades portuarias, puntos importantes de desembarque de ricas mercancías y donde el uso de las últimas tendencias se daba de manera casi inmediata.

Cartagena fue el punto de contacto de la Nueva Granada con el mundo, pero Santa Marta también constituyó una importante alternativa para la consolidación de la vida burguesa, con el consumo de productos importados. En términos de la moda, la revolución de la independencia cambió los puntos de referencia. Se pasó de importar modelos de Madrid y Cádiz a estar pendientes de los cambios que se daban en París o Londres. Pese a su ubicación montañosa, Bogotá se afilió a los vínculos de comercio que mantenía la región, a través de permanentes intercambios de ropa, zapatos, botones y materias primas.

La gesta de independencia y el proyecto bolivariano de La Gran Colombia generaron vínculos con naciones como Inglaterra y Francia, y relaciones comerciales con vecinos como México, Cuba, Haití y Jamaica. A través del cordón antillano llegaban a las costas colombianas artículos de contrabando que vestían y ‘embriagaban’ a los notables. Aunque no había revistas de moda, existían estampas o figurines ilustrados que desde la Colonia daban cuenta de las últimas tendencias. Igual que hoy, la imagen de las mujeres americanas se vio influida por los modelos europeos. Ser de alcurnia implicaba importar vestidos, telas, zapatos y accesorios de ultramar.

Pero, de todas maneras, las mujeres criollas contribuyeron a enriquecer las formas de vestir, pues se preocuparon por adquirir mantillas, pañolones, esclavinas y ñapangas (blusas) que procedían de las provincias del Sur. Algunas acuarelas del viajero Joseph Brown (1825 a 1841) muestran mujeres que lucen estas prendas, y que eran devotas de las telas monocromáticas y las zapatillas negras.

El principal juego de seducción de la mujer consistía en usar una manta o esclavina que la recubría y protegía del frío; este accesorio se podía recoger, mostrando los hombros, o abrir para exponer el pecho, e incluso desplegarlo totalmente para cubrir toda la cabeza. Las mantas fueron formas muy versátiles para que ella regulara la exposición de la parte superior de su cuerpo, lo que le daba una notable ventaja frente a la rigidez del vestido masculino.

Manuelita Sáenz, la compañera de El Libertador, supo jugar con las tendencias de moda. Por una parte, asimiló el influjo del momento utilizando trajes estilo Imperio; por otra, incluyó dentro de su vestuario las mantillas y encajes propios del mundo andino, especialmente del quiteño y el limeño. Algunos retratos y objetos expuestos en museos la muestran con trajes de talle alto, manga corta y amplio escote, redondo o cuadrado, que muy probablemente fueron confeccionados con telas de satén o terciopelo. Fue una mujer que se impuso como modelo para otras mujeres, y quizá su condición de persona letrada y el gusto por organizar tertulias en su casa contribuyó a motivar este tipo de emulación.

La moda en el 2010
La moda es un reflejo de un momento histórico en la sociedad, de las costumbres y de los hechos que marcaron una época. Los diseñadores son los artistas que la interpretan.

¿Qué está de moda? Los extremos. La tendencia limpia y minimalista con colores básicos como el blanco y los pasteles con una clara inspiración masculina. Por otro lado, está la explosión de formas y colores. Inspirados en estampados y colores étnicos, trabajados con técnicas de impresión digital y en materiales tan sencillos como el algodón o tan sofisticado como la seda mezclada con lycras. Sin embargo, la recesión obligó a un aterrizaje forzoso y atrás quedaron los vestidos de gala para darle paso a las prendas de la vida cotidiana. La moda sigue siendo hoy un reflejo de la sociedad tal y como lo era hace doscientos años.

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