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Las leyes de la atracción

Revista Fucsia

Las leyes de la atracción Las leyes de la atracción

Un hondo misterio ronda al impredecible, escurridizo y fugaz sex-appeal.

 
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Sin embargo, el sueño de ser deseadas es posible sin tener que asumir el papel de una stripper o de una estrella de cine porno.
 
Nuestra época, tan ilustrada, pero tan ignorante; tan libre y tan esclava a la vez, vive obsesionada con el sexo y en ese marco las mujeres están pagando un alto precio. Los convencionalismos de moda establecen una serie de requisitos para ser provocativas, cuyo seguimiento riguroso supuestamente asegura el éxito en la legítima ambición de conquistar amantes esporádicos o para toda la vida. Así, si la naturaleza no dio lo que esos tiranos conceptos exigen hay que recurrir a las cirugías plásticas para darles al derrière o al busto la forma ajustada al “verdadero sex-appeal”. Es vital, además, vestirse con ropa ajustada, subirle el dobladillo a la minifalda y cultivar una melena flotante y muy larga, además de otros aditamentos en furor.

Pero la realidad vuelve aquí a ser más sabia que todas esas fantasías: muchas mujeres que siguen al pie de la letra tales estándares se llevan un fiasco al ver que otras, menos bonitas, a veces feas, y no tan ‘engalladas’ como ellas, son perseguidas con locura por los galanes que son el objeto de su deseo y por quienes han trasformado su apariencia y su actitud.

¿En qué radica el éxito de esas que se podrían llamar ‘chicas calientes inverosímiles’, quizá de dientes torcidos y formas poco armónicas? La respuesta está en la ley fundamental de la atracción sexual, en virtud de la cual sentirse sexy es ser dueña de sí misma, como lo proclaman sexólogos como April Masini, autora de Date Like a Man. Gracias a esa autoconfianza, las mujeres con un erotismo innato tienden a no preocuparse por si están a la altura de las ideas populares acerca del poder de seducción. “Para cualquier mujer que va por la vida sintiéndose muy vieja o poco deseable, dice Masini, tengo tres palabras: Camilla Parker Bowles. Ella no es tan convencionalmente atractiva como Lady Di, pero toda la vida ha tenido al príncipe Carlos pegado a sus faldas”. En efecto, el ejemplo de esta chica caliente inverosímil famosa como lo es Camilla, demuestra otra condición de la atracción sexual, nada novedosa, según la cual la belleza está en el ojo de quien la mira.

Pese a que esas mujeres fatales que desafían los estereotipos constituyen un buen ejemplo de que ser sexy no requiere interpretar el papel de una stripper o de una estrella del cine porno, la cuestión no es tan fácil. Ellas seguirán siendo irresistibles para unos y “un cuero” para otros, porque el atractivo erótico, en esencia, es muy personal, evanescente, escurridizo, impredecible y proclive a reducirse a lapsos muy cortos que hay que saber aprovechar. En ello reside el misterio de que el día en que las mujeres están mejor arregladas para la conquista es probable que no se mueva una hoja, mientras que en una intempestiva salida a la calle, sin blower y en sudadera, los piropos lluevan de acera a acera.

Y son misterios como esos los que les confieren su halo de belleza y aventura a la atracción. Ese carácter de inextricable es tan fuerte, que los más disímiles campos se han entregado a ahondar en el tema confirmando y desmintiendo creencias que han circulado por años. La antropología, por ejemplo, tiene buenas noticias para quienes siguen creyendo que la silueta en forma de reloj de arena de la mujer es una llave, no la única, del sex-appeal. Tal rasgo es una secuela de la remota época en que las hembras con caderas anchas eran más propensas a sobrevivir en el parto, lo que las hacía más apetecibles para los varones. La medicina moderna ha cambiado ese
esquema, pero la tendencia en los hombres sobrevive, de acuerdo con Lionel Tiger, de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey. Para aquellas féminas delgadas que hacen dieta y van al gimnasio para sentirse deseables también hay buenos reportes, pues hoy ello trasmite al género masculino la sensación de ser saludables y eso siempre ha sido seductor para ellos, lo mismo que los labios rojos y el cutis sano. Así, el tiempo que las mujeres gastan en el labial y la base de maquillaje queda plenamente justificado por los sesudos estudios científicos. Quién lo creyera. Más adentro del organismo, la atracción también está dada por oleadas de hormonas que durante la ovulación llevan a las mujeres a vestir prendas más reveladoras y a sentirse más satisfechas con lo que ven en el espejo tras el último toque de perfume, según el antropólogo.

A propósito de fragancias, la experta en los sentidos, Avery Gilbert, confirma que las mujeres han usado las flores desde hace 15 mil años para captar la atención de ellos. Recientes estudios reiteran que un olor puede desencadenar múltiples emociones, entre las que se incluyen el flechazo amoroso y el deseo sexual. En su libro Wath the Nose Knows: The Science of Scent in Everyday Life, Gilbert cuenta cómo cientos de hombres y mujeres le comentaron que se vieron seducidos por el olor de su pareja. No es raro escuchar a alguien decir que tal perfume le recuerda a un viejo amor. Y si la madre de un hombre, por ejemplo, usaba Opium, un clásico de las fragancias sexys, él se verá interesado por otra mujer que lo use. Una fragancia, además, puede ejercer lo que la especialista llama “el efecto refuerzo”: si una mujer se pone un perfume que la hace sentir sexy, lo más probable es que proyecte tal actitud. Pero ello no necesariamente tendrá el mismo efecto en los demás, porque el sentido del olfato es muy subjetivo.

Subjetiva es también la forma de experimentar el placer y ello, por ende, define la atracción sexual, según Beverly Whipple, la mujer que acuñó el término ‘Punto G’ en 1979. Ella sostiene que si hay algo en contra de sentirse excitante es compararse con las anteriores amantes de sus parejas o vivir con el desasosiego de si están siguiendo los pasos correctos en la cama. En este campo la calidad de ‘normal’ no existe, concluye. Otro mito muy en boga hoy en día que la sexóloga refuta, se refiere a que hablar de sexo con la pareja es seductor. “Eso no tiene base científica. Mis investigaciones concluyen que el único momento en que la comunicación funciona es cuando la pareja está en la cama”, afirma. Y otra bomba: sentirse sexy a través de las cirugías, el ejercicio y la ropa provocativa, aunque ayuda mucho, tampoco es garantía de máximo placer. La mayor satisfacción, declara Whipple, está más ligada a otros factores que incrementan la líbido, como oír cierta música durante el encuentro o comer ciertos manjares, pues cuando se usan todos los sentidos para sentirse ardiente, el cuerpo es más receptivo a los éxtasis del amor.

Otro cliché muy extendido acerca de la provocación erótica nace en la idolatría actual por la juventud, la cual ha puesto a hablar a las mujeres con voz de niñitas, porque se presume que ello calienta a los hombres y es elegante. “Falso, no hay nada sensual en ello”, apunta Larry Moss, profesor de Actuación de varias ganadoras del Premio Oscar. Para él es claro que “la mujer tiene que crecer y es ahí cuando se vuelve realmente cautivadora”.

Al respecto, ¿hay una edad límite para preocuparse por sentirse atractiva? Antes, dice el antropólogo Lionel Tiger, ello estaba limitado a la edad fértil, pero ahora se impone un nuevo patrón que alarga los deseos de atraer con la ayuda de los ajustes en el quirófano y el estilo de vida saludable. Además, es una manifestación cultural. En un pueblo apartado y tradicional una mujer de 61 años vestirá con recato, mientras que en una gran ciudad, si surge un pretendiente, hará todo lo que esté a su alcance para sentir que todavía es capaz de agitar las fibras más sensibles de la lujuria.

El lenguaje del cuerpo

La seguridad es la puerta de entrada al sex-appeal, pero no sirve si no se activa con gestos que sirven para insinuarse sin ser vulgar ni agresiva:

Con los ojos: La mirada es una de las tácticas más exitosas cuando se quiere iniciar un coqueteo. Un vistazo rápido, para comenzar, comunicará interés. Minutos después, un contacto visual más prolongado desencadenará el siguiente paso.

Con la ropa: Para llamar la atención del hombre que desea sobre las zonas sexys de su cuerpo, pero sin ramplonería, funciona acomodarse el collar o alisar el dobladillo de la falda.

Con los pies: En una fiesta donde quiera conquistar, manténgase de pie, pues visualmente ello da la sensación de seguridad. Además, los estudios de percepción demuestran que todos prestan más atención a quien se ve más alto que los demás.

Relájese: “A metros” es el mensaje que usted trasmite cuando cruza los brazos o los tobillos. Es un gesto hostil. Por el contrario, dejar los brazos sueltos y dirigir la postura hacia delante durante la conversación significa que usted quiere interacción.
 

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