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Mitos y verdades de la masturbación femenina

Arnoldo Mutis

Mitos y verdades de la masturbación femenina Verdades y mitos de la masturbación.

Los placeres solitarios de las mujeres merecen una reivindicación.

La masturbación femenina fue el tema de una de las charlas del reciente Festival El Malpensante de Bogotá, cuyos organizadores explicaban que les pareció divertido poner el asunto sobre el tapete, tras el éxito de una conversación sobre masturbación masculina en el festival del año anterior. Tratar semejante cuestión de “divertida” y debatirla ante un centenar de hombres y mujeres sin perjuicio de que la parroquia bogotana se ruborice o le parezca de dudoso gusto, es una verdadera muestra de cómo han cambiado los tiempos. Pero aunque hablar en público de que las mujeres se tocan sus partes íntimas para prodigarse placer a sí mismas ya no expone a nadie a la ex comunión o a la cárcel por inmoralidad, tampoco es posible afirmar que el conocimiento y la comprensión al respecto vivan un boom.

Ciertamente, no es fácil liberar del estigma a una práctica sexual marcada por la censura durante siglos. Como se recuerda, antes de que Pasteur iluminara al mundo con el descubrimiento de los gérmenes, se creía que la masturbación era el origen de la sífilis, la gonorrea, la locura, la ceguera y la infertilidad. En el caso específico de las mujeres, a ellas se les prohibía montar a caballo con las piernas abiertas o en bicicleta, bajo la sospecha de que tales posiciones estimulaban la “ignominiosa” autosatisfacción.

En la rígida Inglaterra victoriana del siglo XIX, surgió el rudimento de los actuales vibradores, pero no se crea que como una concesión a la sexualidad femenina. Con ellos, sencillamente, los médicos trataban la llamada ‘histeria femenina’. En tiempos más recientes, en 1994, la inspectora general de salud de Estados Unidos, Joycelyn Elders, fue retirada de su cargo cuando dijo que en la lucha contra el contagio del sida, resultaría conveniente enseñar la masturbación desde el colegio tanto a niños como a niñas. Y en 1999, el estado de Alabama aprobó una ley que castiga a los distribuidores de juguetes sexuales femeninos, claves para los placeres solitarios de ellas.

Pese a semejantes trazas de oscurantismo, hoy es posible afirmar que la masturbación masculina terminó siendo socialmente aceptada, mientras que la femenina aún es innombrable, lo cual ha afianzado la creencia de que entonces no existe. Pero está demostrado que las mujeres se masturban, pese a los sentimientos ingratos que ellas exhiben al respecto: el año pasado, un estudio dirigido por la sexóloga Joyce McFadden en Inglaterra demostró que 70 por ciento de las mujeres sienten culpa por la autosatisfacción; 80 por ciento de la muestra, así mismo, contestó que nunca aprendió que la masturbación es un aspecto normal de la sexualidad femenina; pero 88 por ciento manifestó un fuerte deseo de escuchar los pensamientos y sentimientos de otras mujeres sobre la masturbación.

Frente a esto último, la verdad es que no están tan descaminadas, al menos si se tiene en cuenta que son ellas, sean sexólogas, sicólogas, siquiatras o ginecólogas, las que más se han ocupado en los últimos años por tomar por los cuernos este tema que enmarca uno de los últimos grandes tabúes de la sexualidad, en vista del sinnúmero de creencias ingenuas y descabelladas que aún lo rondan.

Más libertad sexual
Lo primero que hacen especialistas como la propia doctora McFadden en sus libros, conferencias y consultas, es descargar a sus congéneres de la ansiedad que les produce tocar el tema de los goces en solitario. Lo hacen, dice la sexóloga, porque ellas necesitan escuchar una y otra vez que la masturbación es provechosa además de gratificante. “Les brinda a las mujeres la oportunidad de explorar su cuerpo, mientras que se prodigan un alto grado de libertad sexual. Les permite también experimentar placer sin depender de un amante y liberar sus tensiones sexuales cuando lo desean”.
 
Así lo anota Betty Dodson, otra experta en el tema, quien escribió un best-seller titulado Sex for One: The Joy of Selfloving. Dedicada a desmitificar el tema, esta obra proclama a la masturbación como una gran herramienta de aprendizaje sexual para las féminas, pues les enseña a controlar su zonas íntimas y sus respuestas ante el estímulo sexual. Dodson además fue una de las primeras que se atrevió a mencionar que muchas mujeres experimentan sus más intensos orgasmos masturbándose, porque así ellas pueden darse la estimulación física y mental que requieren sin preocuparse de las necesidades de su amante. “La masturbación es extremadamente benéfica para la mujer a través de toda su vida, desde la infancia hasta la madurez. Ella no siempre tendrá un compañero sexual, pero siempre se tendrá a sí misma”, asevera Dodson.

¿Aprender a masturbarse desde la infancia? Sí, afirman las expertas, de cara a los notables beneficios que esto aporta para la futura vida sexual. En primer lugar, ello no estaría al margen de las enseñanzas de la naturaleza, según otra conocedora del tema, la sexóloga Rebecca Chalker, autora de La verdad del clítoris, quien afirma que las niñas se masturban desde que están en el vientre de la madre.
 
Por otra parte, como lo apunta Dodson, si una niña aprende a darse placer desde antes de la pubertad tendrá una mayor conciencia de los cambios de su cuerpo y se sentirá menos inclinada a buscar un compañero sexual antes de estar física y emocionalmente preparada para ello.

Muchas mujeres incapaces de sentir un orgasmo no sufrirían de esta disfunción de haber disfrutado de estas complacencias en la adolescencia. “Aprender a masturbarse para llegar al clímax a una edad temprana es a menudo más fácil que en la adultez, cuando aprendemos reglas sociales que pueden crear barreras contra el placer sexual”, sostiene Dodson.

Otro mito muy extendido gira alrededor de si hay una forma correcta de masturbarse. En realidad, jovencitas y adultas lo hacen de innumerables maneras y todas son válidas, coinciden las expertas. Ellas suelen masajear su clítoris con sus manos, frotar su vulva contra almohadas, muebles o peluches o recurrir a vibradores y dildos. En fin, como lo recuerda la doctora Dodson: “Es importante tener presente que la anatomía de cada mujer así como su sicología son diferentes, por lo cual todas se masturban de maneras disímiles, así usen la misma técnica”.

Las recientes investigaciones también registran que muchas mujeres que tienen un compañero sentimental estable piensan que incurren en infidelidad si se masturban. A ellas los sexólogos las invitan a no sentir culpa por ello y más bien las animan a considerar la masturbación como parte de los juegos amatorios con sus parejas. De hecho, otras falsas creencias consisten en que tener un amante significa el fin de la masturbación o que ésta sólo es posible cuando se está solo. Contra ello, los sexólogos creen que ver a la pareja masturbarse no sólo puede resultar placentero, sino benéfico para la relación, debido a que permite comprender las técnicas de estimulación que necesita o disfruta para ser más feliz en el sexo.

Dodson también expone la masturbación mutua como una buena alternativa para aquellas parejas que quieran disipar el riesgo de concebir un hijo o de transmisión de infecciones. Resulta propicia además durante el embarazo, en caso de que el coito no sea posible o no se desee.

En el caso específico de la mujer, masturbarse cuando está con su amante puede brindarle ayuda extra, ya que a menudo, durante la penetración, ella puede necesitar estimularse el clítoris para llegar al orgasmo. Esto porque ciertas posiciones no le permiten al hombre tocar con las manos la zona genital de la mujer o porque simplemente le brinda la posibilidad de darse la estimulación ideal que requiere.
 
 Como lo concluye la doctora Dodson, “ello no debe tomarse como una señal de que su pareja no es un buen amante. Si esto algo significa, es que la mujer está tomando la responsabilidad de su propio placer sexual”. Y eso, definitivamente, representa todo un logro, luego de siglos de represión y sentimientos encontrados sobre los deleites solitarios femeninos.

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