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Nace una estrella Chanel

Peter Phillips fue nombrado en enero pasado director creativo de la división de maquillaje de Chanel y ya es tema de conversación en el mundo entero.

 
Como el chocolate, el esmalte de uñas es un lujo que cualquier mujer se puede dar aun cuando la economía tambalea. Esa es la filosofía con la cual Chanel ha construido su imperio, pues un esmalte de esa marca no es un frasco cualquiera. El cuidado con el cual se diseña el empaque y se crea el producto, hace que quien compre un lápiz de labios, un esmalte o una pestañina se sienta adquiriendo un objeto de lujo, que es la razón de ser de la marca.

El primer producto creado bajo la dirección de Peter Phillips es el Gold Fiction, un esmalte dorado que, sin duda alguna, se va a vender como pan caliente.
Este talento se graduó en Diseño en la prestigiosa academia de Antwerp –donde se ha educado una generación de creativos jóvenes como Ann Demeulemeester y Martin Margiela– abandonó muy pronto el diseño de moda para refugiarse tras bambalinas en el papel de maquillador en los desfiles del prêt-à-porter en París. Empezó su formación en el arte del maquillaje en los estudios de los fotógrafos de moda más importantes del mundo, como Craig McDean, Irving Penn e Inez Lamsweerde, donde exploró y encontró la manera de ir más allá de simplemente maquillar una cara bonita. Para lograr su cometido, utilizó todos los conocimientos de diseño que adquirió en la universidad y empezó a incorporar plumas, perlas, telas finísimas y otros elementos en su maquillaje. “Es como si hubiera bordado la piel. Es como un show de Alta Costura, pero con la piel”, dice. Su trabajo más famoso lo produjo para un retrato de un joven modelo cuya cara estaba sumergida en una imagen de Mickey Mouse.

A Chanel llegó a reemplazar a Dominique Moncourtois, la última persona escogida personalmente por Mademoiselle Chanel, y a Heidi Morawtz, quienes dirigieron el departamento de maquillaje durante los últimos treinta años. Ante semejante reto, Phillips se entrenó junto a ellos durante dos años para sumergirse en lo más profundo de los códigos estéticos de la Casa. Desde hace unos meses trabaja directamente con Karl Lagerfeld creando el maquillaje tanto para los trabajos fotográficos, como para las colecciones de moda.

Desde su estudio en París, y con un presupuesto bastante grande a su disposición, está dedicado al desarrollo de nuevos productos. Por ejemplo, está soñando con una “base flotante” o con cambiar los pigmentos que se usan hoy en la compañía y junto a un grupo especializado de colaboradores está trabajando en ello. Eso no quiere decir que vayan a desaparecer productos estrella como el Rouge Noir, el lápiz de labios que las otras marcas no se atrevieron a producir y que hoy es un clásico de la marca.
Los cambios que va a hacer serán muy sutiles, pues al contrario de otras Casas, Chanel no tiene por qué reinventarse.

¿Ha cambiado esa imagen después de conocer los lugares en donde ella vivió, trabajó y compartió con sus amigos?
Cuando uno trabaja en una Casa de modas o de cosméticos es importante conocer el pasado para poder crear el futuro. La imagen quedó confirmada. Conocer el apartamento de la Rue Cambon me sirvió de fuente de inspiración. Yo quería realmente atrapar físicamente el espíritu de Mademoseille. Y eso lo logré visitando su casa. ¡Su vida fue tan rica en experiencias, tan increíble!

¿Qué imagen tenía usted de Mademoiselle Chanel antes de empezar a trabajar a esta Casa?
Yo me imaginaba a una mujer de vanguardia, rebelde, independiente y liberada.

¿Cuáles similitudes encuentra entre la personalidad de ella y la suya, entre su vida y la de ella?
No es obvio que haya similitudes, pero yo podría decir que las hay en la capacidad y en la pasión por el trabajo, en la calidad de los estándares. Ella, por ejemplo, viajaba a todas partes con una serie de objetos personales que le permitían recrear su mundo. Yo no viajo sin mi caja de maquillaje, yo soy una especie de ‘gitano’. La misma descripción de Mademoiselle Chanel que hizo un periodista en los años 30.

¿Qué le atrae del mundo de Chanel?
Me llama la atención el hecho de que la marca Chanel sea considerada un mundo en sí misma. Es la Casa de moda más prestigiosa del mundo porque su identidad se basa en una historia real y aun así se mantiene con un espíritu moderno.
¿Cuál es su fuente de inspiración más frecuente?
La vida. Todo puede servirme de inspiración… la belleza de las modelos, el talento de un fotógrafo, el estilismo, los colores, un libro o una película. Nueva York es, por ejemplo, una gran fuente de inspiración, cuando estoy allá, veo pasar la gente. Soy una persona muy observadora. Desde luego la moda también.

¿Cómo define su estilo?
Una combinación de tradición e innovación. Es como una receta de familia y eso es lo que le gusta a la gente.

¿Cuál es el producto de belleza indispensable?
La pestañina.

¿Cuál es el producto con el que sueña?
La base perfecta.

¿Cómo adapta el maquillaje al tipo de mujer de culturas específicas como la europea, la norteamericana o la latina?
Las mujeres alrededor del mundo tienen gustos distintos. Las norteamericanas usan mucha más base que las europeas. En cuanto al lápiz de labios, las norteamericanas lo prefieren neutro, a las italianas y las alemanas les gustan los tonos naranja, las japonesas escogen los rosados, y a las francesas como a las latinas les fascinan los rojos.

¿Cuál es el error más frecuente al aplicar el maquillaje?
Demasiado o demasiado poco. Para mí el maquillaje debería resaltar los puntos fuertes de la cara. No es un camuflaje, es una manera de resaltar la belleza.
 
 

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