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Evidencias médicas demuestran que el alumbramiento puede ser tan placentero como el momento de la concepción.

Parto y orgasmo son dos experiencias que a simple vista no tienen nada que ver, pues si el uno normalmente está en el extremo del dolor, el otro está en el límite del disfrute. Pero, por absurdo que parezca, ya no cabe duda de que están estrechamente conectados por las poderosas fuerzas que la mayoría de las mujeres todavía están por descubrir en su naturaleza.

El movimiento del alumbramiento orgásmico crece con tal intensidad en Europa y Estados Unidos, que hoy por hoy uno de los hitos del circuito de los festivales internacionales de cine más prestigiosos es el documental Orgasmic Birth. Allí, a partir de testimonios de madres, padres, parteras, sicólogos y obstetras, el parto sereno y placentero es revelado como una parte integral de la sexualidad femenina y un derecho humano que se viola a diario.

El interés por el tema, en realidad, nació de forma anecdótica, a partir de los relatos casuales de madres que aseguraban que durante el trabajo de parto y en el momento del alumbramiento habían experimentado sensaciones iguales o parecidas al orgasmo. Así lo relató recientemente para The Sunday Times, de Londres, la abogada de 31 años Isabel Patterson: “Recuerdo que comencé a tener esas sensaciones cuando mis contracciones se intensificaron y estaba cerca de dar a luz. Era la más increíble excitación, que comenzaba en mi pelvis e irrigaba toda la parte inferior de mi cuerpo. Era un ola tras otra de lo que sólo puedo describir como placer puro. Mi pelvis comenzó a empujar involuntariamente hacia abajo y mis piernas temblaban mientras que yo experimentaba un prolongado orgasmo que me pareció que fue de horas. Ahora sé que lo que sentí fue en verdad una serie de orgasmos por espacio de una hora, pero lo que sucede es que durante el parto el concepto del tiempo es diferente. Mi esposo me contó después que yo gritaba una y otra vez: ‘Oh Dios mío, esto es muy bello, es como hacer el amor’”.
 
Isabel prosigue su relato contando cómo la comadrona que había contratado para tener a su bebé en casa, notó que su clítoris palpitaba y ella mantenía sus ojos cerrados en éxtasis durante cada oleada de goce, al tiempo que su hija se deslizaba sin dificultad por el canal vaginal hasta llegar al punto culmen: “Tuve a mi bebé sin ningún tipo de asistencia para el dolor y mi recuperación fue increíblemente rápida porque no sufrí desgarró ni necesité sutura. Me sentía maravillosa, pero un poco confundida y avergonzada por lo que había vivido; además, un poco culpable por haber experimentado algo usualmente asociado con el coito durante el nacimiento de mi hija”.

Lo que los expertos en la materia les dicen a mujeres como Isabel, es que no hay razón para avergonzarse por haber tenido un parto con éxtasis, sino que, todo lo contrario, deben sentirse felices porque la meta es que esa sea la manera de dar a luz del futuro, dejando en completa libertad a los dictados de la naturaleza. “Biológicamente, la mujer está concebida para recibir gran placer de su cuerpo no sólo durante los preludios amorosos y el coito, sino también durante el parto”, confirma la sicóloga prenatal y perinatal Carrie Contey, quien habla del tema en el documental Orgasmic Birth. “El parto ofrece deleite sexual en una continuidad de sensaciones que comienza en los primeros momentos de la labor, cuando, si la mujer se relaja y se siente segura, el útero se contrae rítmicamente. Todo concluye en un intenso clímax mientras que el bebé atraviesa la vagina”, explica. Al respecto, Sheila Kitzinger, antropóloga especialista en nacimiento y autora del libro The New Pregnancy and Birth, expone que cuando la cabeza del bebé roza el periné –la zona entre la vulva y el ano–, estimula una respuesta erótica clave en el orgasmo femenino que se conoce como Reflejo de Ferguson.

Y esta es sólo una de las coincidencias entre parto y orgasmo. Como lo cuenta Barbara Rothman en su libro In Labor, en ambos casos hay contracciones del útero, erección del clítoris y se liberan hormonas del placer como la oxitocina, betaendorfinas y prolactina, las cuales ayudan a empujar al niño hacia afuera durante su llegada al mundo.

Otra estudiosa del tema, Leilah McCraken, escribe en Resexualizing Childbirth: “Las sensaciones del parto, cuando las dejamos aflorar como son, en realidad son altamente sensuales, tanto como las contracciones intensas, voluptuosas y estrechas propias de los orgasmos que experimentamos en las últimas semanas del embarazo. Así, estas sensaciones no son crueles ni violentas, sino que son extáticas (...). Durante el alumbramiento nosotras jadeamos, gritamos y echamos la cabeza hacia atrás. Esto es sexualidad con un propósito: estamos tomando oxígeno extra, liberando adrenalina en nuestro torrente sanguíneo y ensanchando nuestra pelvis. Y cuando el bebé sale, estamos en éxtasis, embelesadas por la más intensa carga hormonal que jamás hemos experimentado”.

Pero esta creciente campaña por el parto extático no pretende simplemente imponer una moda, sino que es muy ambiciosa, debido a que sus beneficios pueden marcar de por vida tanto a la madre como a su hijo: “Importa mucho cómo un ser humano llega al mundo. Y eso no quiere decir que todos lo bebés deban nacer de una u otra forma. Esto sólo significa que tenemos que poner atención y reconocer que la manera en que el nacimiento sucede, cuando se le deja ser natural, es la que el cuerpo del bebé espera”, señala Carrie Contey. Lo dice porque, como lo revela la cinta Orgasmic Childbirth, las imposiciones de los sistemas de salud de los países interrumpen los ritmos normales del nacimiento y ello causa miles de problemas. Así, en Estados Unidos, la encuesta ‘Escuchando a las madres’ arrojó resultados preocupantes acerca del abuso de la tecnologías en las salas de parto. Allí, se imparten sin criterios claros procedimientos como el monitoreo fetal electrónico, la ruptura artificial de las fuentes, el suministro de oxitocina artificial para intensificar las contracciones y la anestesia epidural. La comunidad médica del país observa que, aunque un pequeño porcentaje de nacimientos se beneficia con el uso de la tecnología, a su vez, el abuso de ésta en los hospitales hoy causa más daño que provecho.

Por su parte, al doctor Marsden Wagner, ex funcionario de la Organización Mundial de la Salud, le preocupa el incremento del parto inducido, que se ha duplicado: “Se hace con drogas poderosas y se les da más y más a las madres para mantener el trabajo de parto (...). Estas son drogas muy fuertes con toda clase de riesgos tanto para ellas como para sus bebés, incluidos el daño cerebral y la muerte”.

Este especialista, que también aparece en el documental Orgasmic Childbirth, denuncia así mismo que la cadena del abuso de la tecnología en los nacimientos no termina. Como el parto inducido es tan doloroso, entonces se recurre a los analgésicos fuertes, a la inyección epidural y de ahí sólo hay un paso a la cesárea, que en el 2006 fue de 30 por ciento en Estados Unidos, muy por encima de lo que se considera seguro y apropiado. Todo ello desemboca, entonces, en que 4 por ciento de las mujeres que dan a luz en la Unión Americana sufren de estrés postraumático, y una de cada cinco sufre una larga y severa depresión posparto que termina afectando a toda su familia. La respuesta a esta problemática es necesariamente el regreso a lo natural y, qué mejor estímulo que la promesa del parto con éxtasis sexual, que puede además ser el punto de partida para unas muy buenas relaciones entre la madre y su hijo.

En ese orden de ideas, la intervención médica consistiría en reducir las muertes de las mamás y sus pequeños. “Tenemos que hacer honor a la tradición de millones de mujeres a través de la historia. Las de hoy como las de ayer tienen el poder y el conocimiento interior para dar a luz”, dice el obstetra brasileño Ricardo Jones, quien anima a las féminas a creer con toda confianza en el parto orgásmico. “Sí hay un paralelo entre sexualidad y parto, así que, mujeres que dan a luz: crean en ustedes mismas y en su capacidad para dar vida. Es algo absolutamente sagrado que está dentro de toda mujer. Médicos, enfermeras o comadronas no están en posición de enseñarles a parir, sino a hacerles más fácil lo que ustedes ya saben cómo hacer”, concluye.

Otra bondad del parto orgásmico es que éste reconcilia a las mujeres con su cuerpo, gracias a lo cual adquieren un mayor control sobre su salud.
Además, sin dolor ni traumas en ese milagro que se da todos los días de traer un ser al mundo, ellas asimilan mejor su misión de ser un puente para la vida y todas las formas de vida.
 
 

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