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Jorge Lizarazo, el colombiano que teje el lujo en el mundo

Revista FUCSIA

Jorge Lizarazo, el colombiano que teje el lujo en el mundo Foto: Efrén Isaza

En su taller cobran vida los pedidos más refinados, las cortinas para la nueva tienda de Chanel en Doha, los textiles para la boutique de Dior en Seúl. Daniela Botero nos adentra en uno de los universos del creador Jorge Lizarazo en donde el lujo mundial se hace realidad.

En el corazón de una ciudad volcada hacia la velocidad y el caos se encuentra un taller único, que refundido entre coloridas plazas de mercado, bullosas devociones al Niño Jesús y puestos ambulantes con desordenadas chucherías ha logrado que el tiempo se haga más lento. Una vez se atraviesan sus grandes puertas metálicas, propias de una bodega, dejan de existir los minutos, se borran los segundos. (Lea también Joyas para deslumbrar)

La mínima unidad que rige el discurrir del tiempo ahí adentro son los meses. Todo lo que se hace es tan minucioso, requiere un nivel de detalle tal que los resultados solo pueden verse cuando se van sumando muchos días
. Por eso si se le pregunta a cualquiera de los 60 empleados que ahí despliegan su talento y su experiencia cuánto tiempo le ha tardado conseguir hilar esa belleza hecha tapete o cortina, todos, sin excepción dirán: “¡Llevo desde noviembre! Me he tardado dos meses. Esto lo terminaremos a final de año“. (Vea el detrás de cámaras de nuestra portada con la modelo Daniel Botero)

Es quizá la lentitud que requiere esa maestría, la falta de prisa que demanda el compromiso con lo excelso lo que ha hecho que el taller de Jorge Lizarazo sea uno de los lugares en donde se cose el lujo mundial.

Todo comenzó con la imposibilidad de importar telas a Colombia. Lizarazo, arquitecto aburrido confeso de las estructuras, había preferido dedicarse a la decoración, pero nunca encontraba diseñadores textiles que atendieran sus extrañas demandas.

Como nadie podía permitirse hacer cinco pruebas previas para simplemente llegar a la tela de unas cortinas perfectas, él decidió empezar a hacer sus propias indagaciones con su marca Hechizoo. Cuando vio que todo lo que había aprendido estudiando y viajando por el mundo se podía reducir a la forma compleja como unos hilos de procedencias raras se estructuraban en un telar, en ese momento encontró la pasión que daría forma a su destino.

Mezclar fibras naturales, de árboles lejanos del Amazonas, con hilos de cobre o estaño fue su primera osadía. Luego vendrían otros atrevimientos, como dejar de ver las telas como simples materias utilitarias y hacerlas piezas narrativas que entre sus tramas y sus urdidos, sus nudos y los recorridos de los hilos podían contar historias. Sus primeros desarrollos textiles pronto mutaron de ser los lienzos para decorar una casa y se convirtieron en obras de arte dignas de ser expuestas en el Art Basel en Basilea. Para Jorge Lizarazo no había distinción alguna. Así, creando tapetes para una galería en Nueva York que podían igual ponerse sobre el suelo o sobre una pared, empezó a llamar la atención de esos que van por el mundo buscando los objetos que han sido creados para ser únicos.

Hoy su taller en Bogotá es un espacio enorme de techos altos y desnudos que dejan ver cableados y tuberías, decorado como si fuera uno loft neoyorquino, con jardines verdes interiores que contrastan con la dureza del paisaje urbano que se impone afuera y con camas que se atraviesan en los pasillos que sirven a la vez de exhibición de sus materias creativas como de cómodos sofás. Allí Jorge Lizarazo y su equipo de bordadoras, tejedores y creativos les dan vida a demandas refinadas con más de 2.000 fibras que han explorado.


foto: Efren Isaza/15

En un telar manual, desarrollado por ellos mismos para cumplir las exigencias de telas monstruosas en tamaño, se tejen las cortinas que traducen el tweed gallineto de Chanel en cortinas. La marca francesa le ha hecho una vez más un pedido especial para crear las telas que cubrirán las ventanas de la boutique en Doha. “Muchas firmas chinas le han ofrecido a Chanel que pueden hacer lo que nosotros les hacemos más barato y rápido, pero ellos han sido fieles a nosotros porque solo nosotros hemos traducido sus peticiones, esa lista detallada de adjetivos que nos mandan por mail, en desarrollos textiles. Nosotros hemos inventado esa tela y ellos valoran esa invención, un desarrollo único que aunque muchos puedan copiar, solo hecha por quien la creó lleva su verdadera impronta”, explica Lizarazo.

En otra ala del taller, también a merced de unas manos tejedoras que han sido entrenadas para saber cuánto nylon, algodón e hilos dorados crean la combinación justa de una tela que tiene como destino recubrir los ventanales de la boutique de Dior en Seúl, se crea, después de arduas experimentaciones, pruebas y errores, una tela que debe ser capaz de ofrecer una exquisita experiencia a la vista, además de discreción y luminosidad. “El mundo está hecho de textiles. Estando en este trabajo creativo te vas dando cuenta de eso y es maravilloso tener el reto creativo de traducir lo que las marcas hacen con sus carteras, sus zapatos hechos a mano y sus vestidos excelsos a tejidos que no visten el cuerpo sino los espacios con la misma devoción”.


foto: Efren Isaza/15

Pero no todos los desarrollos que se hacen en el taller de Jorge Lizarazo tienen como destino otras latitudes. Colombia, lejos de lo que podría haber supuesto al iniciar esta aventura, ha sido un mercado vibrante, que ha crecido junto a él. “Ahora, por ejemplo, trabajo en algo muy especial. A pesar de todos sus defectos, yo adoro Bogotá, me parece una ciudad inspiradora y quise llevar esa sensación de estar en esta lluviosa capital a unos nuevos tejidos.

Así, me he empeñado en crear un efecto de lluvia sobre la tela, unas transparencias y brillos que cuando la cortina se despliega recrean la sensación acogedora de la lluvia”, confiesa este hacedor de textiles, que también se ha embarcado en la reproducción de grafismos de culturas indígenas en uno de sus más costosos tejidos. Un patrón inga que representa las fuerzas de lo masculino y lo femenino parece insinuarse sobre la tela cuando la luz le pega en cierta dirección. “La ventana durante el día tiene una vista y deja pasar la luz, pero en la noche esa vista se convierte en un bloque negro, o en su defecto en black out blanco, pero nosotros queremos que haya una transición y se cree un paisaje interior, que algo nuevo emerja de la tela”.


foto: Efren Isaza/15

Su extrema filiación con el lujo puede estar relacionada justamente con eso, con su capacidad de transformar los objetos en experiencias. No es una cortina, es un paisaje interior; no es un tapete, es una obra de arte que cuenta en sus tramas la historia de un pueblo indígena. Cuando se le oye hablar no se puede pensar más que en esa verdad que expresan los expertos en lujo: las personas invierten cada vez más dinero en experiencias que en objetos, en ser que en tener.

El tiempo lentísimo de su taller, las cientos de manos que se ocupan de cada hilo, las mezclas transgresoras y viscerales de sus creaciones se juntan al final para que un objeto tenga la capacidad de transformar las múltiples vidas con las que se encuentre.

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