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"Sexo y dinero" es un libro que trae aleccionadoras conclusiones sobre la guerra del sexo por el sexo.

Hace poco me encontré un libro realmente sorprendente, que trata de historias de profesionales del sexo. Se llama "Hos, Hookers, Call Girls, and Rent Boys" en español sería Putas, prostitutas y muchachos para arrendar. Aunque el tema suene raro, lo que me llamó la atención fue el enfoque frío y la distancia frente a sí mismos con que cada uno de estos trabajadores sexuales fue hablando de su vida íntima. Se podría argumentar que para qué pierde uno el tiempo leyendo libros basura, pero la verdad es que desde el punto de vista de las relaciones humanas, es un texto muy interesante, a veces brutalmente honesto, pero también con sentido de humor.

El tema del sexo por plata es tan viejo como la humanidad, y cada cierto tiempo suele estallar un escándalo en los medios, como el caso de Eliot Spitzer, el gobernador de Nueva York quien, según lo leí, le pagó cerca de 80 mil dólares a una agencia de acompañantes de lujo por servicios prestados y se le acabó su carrera política. Este es apenas un ejemplo, pues también está la historia del presidente de la Fórmula 1, Mosley, quien organizaba orgías sadomasoquistas en Inglaterra y a quien un periódico sensacionalista logró atrapar con las manos en la masa.

Siempre me ha intrigado el tema del sexo pagado y, más aun, en el caso de los poderosos, pues no entiendo muy bien por qué no se dan cuenta de que tarde o temprano los van a pillar y se les va acabar la vida. Aunque los burdeles son ya una institución en desuso, las prostitutas siguen existiendo, disfrazadas de acompañantes, para entretener a hombres de negocios y, por mucho que nos parezca un negocio sucio, el poder del sexo sigue siendo una fuerza tan poderosa, que hace que los unos se vendan y los otros paguen por el placer.

Si bien el tema del sexo por plata es considerado un tabú, no me parece tan complicado entender por qué un hombre paga para tener sexo. Primero, porque los hombres tienen la capacidad de disociar lo físico de lo espiritual y, segundo, porque le sale más barato. Lo que quiero decir es que, al fin y al cabo, con una prostituta existe una tarifa y con la mujer propia nunca se sabe cuánto va a costar. Organizar un romance requiere invitar a salir a la mujer, llevarla a un restaurante, comprarle flores y uno que otro regalo. Por eso, dicen los hombres que el sexo gratis les sale carísimo y es culpa de las mujeres el seguir pensando que un hombre equivale a un signo pesos.

“La diferencia entre el sexo por plata y el sexo por amor, es que el primero vale menos”. Lo dice el escritor inglés Sebastián Horsley. Hasta allí, es fácil entender, pero, ¿qué se les pasa a las mujeres por la mente cuando deciden someterse a verse tratadas como unas esclavas, a perder su dignidad, a perder el alma?

Esta es la parte devastadora del libro, los corazones rotos, las historias de abuso y maltrato, el terror de la violación que atenaza a niñas y niños. Definitivamente, es difícil entender cómo, a pesar de que todos sabemos cómo es el final, todavía hay hombres y mujeres que piensan que éste es un modo de vida transitorio y que al final van a sobrevivir.

Este libro es una colección de historias que me hace pensar que no se necesita ser Shakespeare para escribir un buen libro. El ejercicio va mas allá de las palabras y de la gramática y muchas veces la habilidad de contar la verdad es mucho más relevante. En todo caso, el libro muestra un mundo terrorífico, un hueco negro que revela una cruda realidad y que debería poner a pensar a los que pagan por el sexo y a los que se dejan comprar.


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