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Infidelidad ¿cuestión de sexo?

Lila Ochoa

Infidelidad ¿cuestión de sexo? Foto: Getty Images

Lo que para los hombres es solo un problema de sexo, para la mujeres la monotonía y el aburrimiento puede ser la primera causa de infidelidad.

“No me explico como una mujer que tiene como esposo al hombre con quien todas soñamos: apuesto, cariñoso, buen padre, fiel y rico, llega a cometer adulterio”. Esto me escribió una de mis lectoras sobre la película Infidelidad. Cuando lo leí,quedé intrigada.

Luego, en un almuerzo de fin de semana, el tópico de conversación volvió a ser la película. Los maridos reaccionaban desconcertados, incómodos y no bajaban a la protagonista de “una cualquiera”. Las esposas estaban divididas en dos bandos, las que sostenían que las mujeres hoy en día se dan el lujo de tener amantes sólo por motivos de sexo, y las que pensaban que la razón para cometer adulterio tenía que ser algo más profundo.

Intrigada,decidí ir a verla con mis propios ojos para sacar mis conclusiones. Infidelidad, dirigida por Adrian Lyne, el mismo director de Nueve semanas y media y de Atracción fatal, es la versión de Hollywood inspirada en La mujer infiel, dirigida por el francés Claude Chabrol,en 1968. 

A pesar de que no es una obra maestra de la cinematografía, logra captar el conflicto y la tensión emocional de una historia poco novedosa: la infidelidad. ¿Pueden las mujeres cometer adulterio simplemente por el placer del sexo, o terminan enamorándose, y por lo tanto destruyendo su matrimonio?Este es el meollo del asunto. 

Las mujeres durante las primeras escenas —como lo dice mi lectora en su carta— no entendemos  cómo se puede botar la felicidad por la borda por cuenta de una pasión,aunque sea por el más buen mozo del mundo. Cuando se termina la película, ya las cosas no son tan claras. Se supone que son los hombres los que están expuestos a la tentación del sexo,   los que se sienten atraídos, las seducen y las olvidan enseguida. Para ellos es tan sencillo como comerse una trufa de chocolate, o por lo menos ese es el cuento con que salen  los hombres cuando se toca el tema.

Para ellos es un problema de sexo y punto. Nada que ver con enamorarse ni con poner en peligro una relación. Ahora resulta que las mujeres también se sienten tentadas, también extrañan la magia, la emoción, las mariposas en la barriga. Por una trufa de chocolate también pueden ceder a la tentación como cualquier macho, simplemente es un problema de fuerza de voluntad y no de falta de oportunidad.

No encontré uno solo de mis amigos que no haya quedado preocupado. Súbitamente les entra un ataque de celos con sus mujeres y las quieren amarrar a la pata de la cama. No pueden aceptar que una esposa pueda ser infiel, o al menos no la suya. No importa que nunca tengan tiempo para conversar, para salir a comer o para invitarla a un cine. No consideran ni por un instante que la monotonía y el aburrimiento puede ser la primera causa de la infidelidad.

Yo creo que la pregunta apropiada sería: ¿qué lleva a una buena esposa, buena madre, buen miembro de la sociedad, a engañar a su pareja? ¿La aburrición, la venganza, o simplemente el deseo de placer? Tal vez sea un problema cultural, pero la doble moral con que los hombres manejan estos temas es desconcertante. Ellos pueden tener amantes sin consecuencias; las mujeres no. 

Ellas pagan un precio muy alto por ello, no solamente la sanción de la sociedad, sino que en muchos casos se enfrentan al divorcio y a la pérdida de los hijos, pues son consideradas unas sinvergüenzas. Y en alguna corte el adulterio (término que sólo existe para la mujer infiel y para su amante) a veces llega a ser motivo suficiente para perder la patria potestad, supuestamente.

¿Cuál es entonces la diferencia entre la traición, el engaño y la deslealtad masculina y la femenina? No será que en ese tema no se debe discriminar por cuenta del sexo y que las mujeres deberíamos estar en igualdad de condiciones. Porque los valores son valores, tanto para hombres como para mujeres.

Ya es hora de que los hombres, cuando les pongan los cuernos, aprendan a perdonar y reflexionen sobre las circunstancias que condujeron a su mujer al adulterio.

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