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Flor Huila

Un arrocito en bajo con Claudia Bahamón

Un arrocito en bajo con Claudia Bahamón

Aunque para Claudia Bahamón el día comenzó a las seis de la mañana y “ya casi no tiene ni maquillaje” realmente luce estupenda. Viene desde Los Ángeles para pasar una tarde con nosotras cortesía de Arroz Florhuila.

La modelo y presentadora vive allá desde hace doce años con su esposo Simon Brand y sus dos hijos, “ya grandes”, nos cuenta, Samuel de nueve años, “un loco de atar” que describe con cariño, y Luca de seis.

Claudia busca permanentemente balancear la vida profesional con la personal, y lo consigue. Aunque esté en Colombia su corazón está con ellos, y se nota, pues minutos antes de sentarse con nosotras llama a la casa, y suelta las carcajadas más cariñosas que sólo le escuchas a una mamá. Al parecer han estado jugando con su maquillaje- pero a ella le da igual, extraña a sus hijos, es evidente.

Como por cuenta de un botón on/off, Claudia se transforma de vuelta en la profesional mujer por la que se ha ganado el respeto del país manteniendo su carisma intacto.

La Flor del Huila, como es conocida, recuerda su tierra que para ella huele a verde, a café. Creció cerca de un cultivo cafetero en un ambiente desértico que le trae lo mejores recuerdos del mundo y casi puede escuchar las risas de niños y la vida a lo natural, como ella.

En la comida se ha vuelto “súper exigente”, aunque su habilidad en la cocina la describe como “lo normal de toda ama de casa” y dice que quisiera ser más creativa pues desde su paso por Masterchef es mucho más atenta a lo que come.

Eso sí, se considera “una campeona mundial del arroz blanco”. ¿La clave?, “mucho ajo o cebolla”. Aunque a veces por cambiar de sabor lo hace con jengibre. El secreto está en cortar la raíz natural en lajas gruesas, dejarlas dentro durante la cocción del arroz y sacarlas antes de servir.

Su tip infalible para preparar un buen arroz es dejar hervir el agua y ¡que no hay que lavarlo! pues se pierde el almidón del arroz y de paso se lleva las vitaminas.

Para ella y su familia no puede faltar un buen plato de arroz en la mesa, desde el del “desvare” como lo llama ella- un arrocito con huevo y rodajas de tomate-  hasta como acompañante de un delicioso pescado. Definitivamente para ella “almuerzo sin arroz no es comida”.

Tiene claro que lo suyo es alimentar la naturalidad y por eso es fan de este plato rico en vitaminas y minerales que alimentan a su familia, así como de su preparación que se le da tan naturalmente desde que tienen memoria. 

Pero no solo es un gusto gastronómico, su papá fue arrocero y por eso Claudia pasó su infancia correteando y jugueteando entre arrozales.

De allí que su asociación con la marca Florhuila sea tan natural pues es ella en su esencia pura. No sólo comparten el origen sino la autenticidad, la frescura y sobre todo la colombianidad como sello de identidad.

La nueva campaña del ingenio arrocero reúne situaciones y refranes que hacen parte de nuestro día a día y los convierte en emotivas historias alrededor de la familia, los amigos y por supuesto, el arroz.

Claudia es la narradora de dichas historias. En cada una entramos dentro de tradicionales hogares colombianos descubriendo por qué “donde come uno, comen dos o tres o medio barrio”... o que “si la barriguita está llena, el corazón está contento”... o por qué “el que da amor, recibe amor y un buen plato de Florhuila”.

Así que esta es una gran oportunidad para invitar a los colombianos a seguir alimentando eso que nos hace únicos y nos mantiene unidos: cosas cotidianas que nacen naturalmente en el hogar y que al final son la receta para sentirnos el país más feliz del mundo. Es por esto que Florhuila es el arroz de los colombianos.

La opita, hermosa por dentro y por fuera aporta a la campaña la sencillez y calidez que caracterizan su forma de relacionarse con la gente, y claro, su belleza que sobresale por romper con los estereotipos artificiales y ‘producidos’ que a menudo se ven en las pantallas.

“Yo siento que en la medida en que las mujeres nos aceptemos como somos y nos queramos como somos, podemos ser lo más naturales posibles. Cuando hay algo que no nos gusta de nosotras mismas empezamos a “falsearnos” y a buscar filtros en nuestra vida para tratar de ser lo que no vemos dentro de nosotras mismas. Así que, si nos aceptamos y nos queremos, somos más naturales y más auténticas”.

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